sábado, 1 de octubre de 2011

Cantamañanas surtidos

“Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota”

Groucho Marx

     El mapa del cantamañanismo está muy extendido en nuestro país de herejes y de caganidos. Dentro del autobús nuestro de cada día, podemos detectar no solo a los que están de cuerpo presente sino también los que salen en el periódico o por los auriculares de la radio. Los asientos del autobús se te pueden antojar cómodos. En esto influyen varios factores: el rato que lleves sentado o la duración del trayecto personal e intransferible y el humor que tengas ese día. Algunos días parecemos sardinas en escabeche, incluso con el billete de autobús recién subido de precio y con el calor latente y extendido como la canción “love´s in the air” porque el verano no se termina de ir y el otoño no termina de entrar. Un poquito de compasión. Veo el paisaje y oigo la radio en los auriculares mientras llego a mi destino. Miro a la cara de las personas y hago el ejercicio de imaginar sus vidas. Se me corta la vena de la imaginación cuando veo paradas de autobús con más de cinco personas. Estoy sentado en un asiento del final pegado a una de esas ventanas con esos anuncios que pillan todo el cristal y te dejan frustrado cuando ves la calle a través de una pegatina gigante llena de agujeritos. Qué cosas más modernas. Una mujer joven que lee un libro. Cuando alguien lee un libro en el autobús mi propósito inmediato y meta personal a corto plazo, es averiguar qué libro es. Por encima de metas transcendentales para mi vida como un nuevo trabajo o un trámite importante en una notaría. Es lo que más me importa en ese momento de mi existencia. No pienso en otra cosa que no sea averiguar el nombre del maldito libro que hay a treinta centímetros de mí. Me cueste lo que me cueste, véase triquiñuelas varias como caidas de bolígrafo accidentales o contorsiones de cuello con su correspondiente contractura muscular. Mis ojos se deslizan audaces como un explorador indio por encima de la cabeza de la mujer que lee. De repente chocan con una enorme cornisa. El escote sobresale estilo Anita Ekberg en “La dolce vita” y van a creer que miro el bamboleo y no el libro. Inexorablemente hay que mirar las dos cosas porque las dos están muy juntas y no puedo disociar ya una de otra. Ni cerrando los ojos. Una voz me dice por el pinganillo izquierdo de la radio que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Más ha dicho que a los niños andaluces no se les entiende el castellano. Menudo cantamañanas. Pienso. Es lo primero que se me ha ocurrido. Igual que en el juego ese en el que te dicen una palabra y tienes que decir lo primero que te venga a la cabeza. ¿Será posible que este hombre se gaste millones y millones de euros en un proyecto de inmersión lingüística para que los niños aprendan catalán y tenga los hospitales públicos con hora de cierre y la gente enferma tirada por los pasillos? Cierro los ojos, respiro hondo y me masajeo las sienes. Abro los ojos y me fijo en la gente parada en los semáforos. Cada uno va a su puesto de trabajo, supongo. Que ya es suponer. Cada uno encaja en la sociedad como una pieza de un puzzle que encaja a su vez en el engranaje de un motor que hace funcionar un país. Se me va un poco la olla con estas cosas. La gente sigue en el semáforo. Cuando una situación me gusta o una persona o una calle, la imagino desde puntos de vista diferentes. Desde una vista cenital a muchos metros de altura van y vienen como hormigas con piloto automático, desconocidas, extrañas, mudas, formando el fluido sanguíneo por las venas que son las calles. Menudo animal la ciudad.

El conductor del autobús sonríe. Tiene una esposa joven y guapa y una hija pequeña. Trabaja más de lo que le gustaría y en la empresa están de huelgas y luchas sindicales por las horas extras y los sueldos. Mientras conduce se está comiendo el bocadillo con la seguridad que le da esa mampara en la que está metido. La radio vuelve a evadirme de la realidad. Me vuelve a elevar a un estado tántrico cercano a la levitación porque el presidente de la CEOE ha dicho que a los niños hay que explicarles lo que es una empresa y un empresario desde la guardería. Otro auténtico profesional del canto mañanero. Hace falta tener el diploma de inepto cum laude del año, para decir gilipolleces tan profesionales y tan redondas. Y se queda con esa textura de cara que tiene, tipo piedra del acueducto de Segovia. Por favor que alguien le dé un sartenazo. Vuelvo a mi lucha por ver el libro que lee la mujer del escote pronunciado pero nada. Solo veo ese horizonte redondo como el sistema binario de soles en el planeta de Star Wars. Mi vista de francotirador me hace fijarme que hay dos mujeres viejas discutiendo por el precio de las tortas de la Virgen si en un sitio o en otro. –Pues no las compres ahí Antonia porque tienen mucho pan y apenas le echan cabello de ángel. Gritando como soldados en una trinchera. Por el rabillo del ojo veo un hombre octogenario peinarse una cabellera inexistente y meterse el peine en el bolsillo. Por fin veo que la chica del libro al pasar una hoja me deja ver su título. Se titula Física de lo imposible del japonés Michio Kaku. Ahora lo comprendo todo. La ley de la gravedad y todo eso. Incansable, la radio me sigue recordando el país en el que vivo. Emilio Botín, presidente del banco más poderoso de España ha dicho que el grifo de los créditos a las pymes no se abrirá hasta 2014. El cantamañanas número tres del día, dixit. Mi pregunta es la siguiente ¿Y si ahora el estado le quitara los miles de millones que les dio a los bancos como inyección para afrontar la crisis? Pues que al payaso de la corbata roja y la cara aceitunada, se le atragantaría el café. Al llegar a mi parada me bajo detrás de un hombre con un maletín. Veo a la gente pasear en todas direcciones rítmicamente y en paquetes individuales. Es decir nadie habla con nadie. Esto parece Matrix. El pinganillo izquierdo, el único que llevo puesto, me da el cuarto puesto de cantamañanas del día: Un juez de Granada ha embargado al empresario Ruiz Mateos 2.0, la friolera de seiscientos dieciocho millones de euros para sanear la empresa Dhul. Este hombre aunque siguiera teniendo hijos hasta el 2016 seguiría igual de mal asesorado y lo malo es que todos son clones de sí mismo. Dios mío váyase a la gestoría de la esquina que seguro que lo hacen mejor que ese despliegue de “singers of the morning” con traje, que tiene a su alrededor. Seguro que tiene un sueño cíclico estilo Luther King para montar otro tinglado que quiebre en el 2040. Señores un poquito de instinto migratorio y aléjense todo lo que puedan de la gente normal que trabaja o que está parada honradamente. En fin, que en el país de los cantamañanas los niños estudiarán empresariales y derecho como titulación doble en las guarderías y hablaremos catalán en la intimidad y el banco más poderoso estará bajo los colchones de las camas y las recortadas de sus propietarios. Y así sucesivamente.



José Miguel Casado García ©





sábado, 24 de septiembre de 2011

R.E.M.

Malas noticias. REM se separan tras treinta y un años de carrera. El final del camino. Tuve que leer la noticia dos veces porque no me lo creí a la primera. La banda de Michael Stipe dice adiós así de buenas a primeras. Nos han pillado a todos sin afeitar y despeinados. REM se van con todo ese equipaje de buena música y de buen rollo que han tenido siempre. Con todo lo que nos han regalado no podemos, no solo estar agradecidos sino preguntarles ¿por qué?. Stipe ha dicho que “la habilidad para asistir a una fiesta consiste en saber cuando retirarse”. Viendo como otros artistas se arrastran por los escenarios con la cara y el cuerpo llenos de costuras de operaciones estéticas la verdad es que se merecen todos mis respetos. Hasta aquí hemos llegado. Parece que de mutuo acuerdo, sin malos rollos, nada de peleas ni darse de guitarrazos por la espalda. Han agradecido a los fans de corazón su entrega en esos treinta años de vida. Eso les honra. La historia de la música está de luto. Una de las mejores bandas de rock se va. Nunca fueron pretenciosos, ni se les subió el éxito a la cabeza ni se les fue la olla como a otros. Siempre han sabido estar a las duras y a las maduras en el lugar que les corresponde y con los pies en el suelo. Cuando alguien que quieres mucho se va para siempre, al principio no te lo crees, pero cuando pasa el tiempo, en el corazón aparece ese vacío insondable. Ese espacio-tiempo, es la estructura, el esqueleto de ese vacio que está ahí para quedarse y que alguien puede llenar otra vez. O no. Quince álbumes en treinta años. No está mal la media. Acostumbrados a artistas que como Miguel Ríos y sin quitarle ni un ápice de mérito, lleva ya la friolera de cuarenta mil quinientos veintisiete, (40.527), conciertos de despedida. Que se dice pronto. Michael Stipe, Mike Mills y Peter Buck han hecho temblar de emoción, llorar, reir, a millones de seguidores en todo el mundo. Y otros tantos millones que se han quedado con las ganas de verlos todavía en directo. Solo “Losing my Religion” vale una carrera, o “Everybody hurts”, o “Man on the Moon”, o “Crush with eyeliner”, o tantas y tantas poesías hechas música que sin esa mezcla perfecta de talentos que desde 1980, han estado en el sitio adecuado, en el momento justo y sin que los egos choquen. Respeto es la palabra. Por eso han sido únicos. Por eso han hecho historia y por eso se han parado como un tren cuando llega al tope del final de la via. Porque no hay más via, ni más camino. Porque han tocado techo. Porque por encima del cielo no hay nada. Solo vacío.


José Miguel Casado García ©

 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Clases medias

     Miserias humanas de ayer y de hoy, presenta…Así más o menos sería el encabezamiento de la dosis mediática política que nos zampamos cada media hora por tierra, mar y aire. Tenemos una clase dominante que visto lo visto, los cuadros de Goya se pueden quedar como un tebeo de la familia Cebolleta. Los dos hombres enterrados hasta las rodillas dándose garrotazos. ¿Serían de clase media?. La clase dominante es lo que es. A la clase dirigente le embriaga de tal manera el poder, que pierden el oremus en cuanto ven un micrófono y se tiran en picado, como un kamikaze japonés en Pearl Harbour, para decir soplapolleces y cosas cercanas a la pena de guillotina. Los antiguos griegos los llamaban “Aristoi” traducido como “los mejores”. Si levantaran la cabeza los antiguos griegos y vieran los aristoi que tenemos en España. Inciso: mientras los antiguos griegos no vean la clase dominante que tienen hoy en día en Grecia, mejor. Resulta que el gobierno aprueba una ley de patrimonio en la que los que tengan más de setecientos mil euros deben tributar más a hacienda. A raíz de esto la tele es un festival de desatinos y cuadraturas de círculo variadas en formas y tamaños. El presidente de los empresarios madrileños Arturo Fernandez, es un señor que dice que esa ley es una faena a las clases medias, que un trabajador como él que lleva toda la vida en el tajo puede tener ahorrados esos setecientos mil euros y tiene que pagar un impuesto a todas luces injusto. Palabras textuales. Los ojos se me salen de las órbitas y de las gafas. Las rodillas me tiemblan como una vieja tahúr de 85 años pillada haciendo trampas en una timba ilegal. Hace falta tener la cara como el cemento armado para, además de los euros, apropiarse del término clase media como una rémora a un tiburón y decir que una vez más las clases medias somos las que pagamos la crisis. ¿Clase media es tener setecientos mil euros ahorrados además de una cuenta corriente para los gastos del la compra?. La presidenta de Castilla-León dice que una vez más las clases medias “somos” las que pagamos la crisis. Lo de “somos” lo dice ganando más de cuarenta millones de las antiguas pesetas al año. ¿Se puede tener de nuevo la cara más dura que el Cristo de Corcovado igual que en el caso anterior?. Por lo menos Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, ha dicho un lacónico “no me gusta” al ser preguntado por esta ley. No se ha metido en jardines. El apropiamiento indebido del término “clase media” por parte de los poderosos es algo escandaloso. Es un robo en toda regla. Es un robo que alguien con más de setecientos mil euros de patrimonio se considere dentro de la clase media. Punto. Va a resultar que ese término es más extenso que el “término municipal” de Groenlandia y como hay mucho espacio, pues cabemos todos. ¿Saben los ricos el trabajo que cuesta pasar de clase baja a clase media? ¿Saben que desgraciadamente todavía hay clases y que siempre las habrá? Parece que no. Al contrario de lo que crean hay diferencias entre una y otra. La ley de patrimonio es una ley que servirá para recaudar más de mil millones de euros que a lo mejor sirven para subvencionar empresas para que den empleo, para comprar libros o para hacer escuelas. Menudo despliegue de demagogia esta ley ¿no?. Lo malo es que lo van a recaudar las autonomías. Es decir la que quiera lo hará y la que no quiera pues no lo hará. No entiendo nada. No quiero soltar la presa sin apuntar el caso del director del aeropuerto de Castellón. El pobre hombre gana más de ochenta mil euros al año (más que el presidente del Gobierno). Hasta aquí todo hasta cierto punto normal. Con la única salvedad de que es director de un aeropuerto en el que no aterriza ni despega ningún avión. Una obra que los Aristoi de Castellón (como el inefable Fabra) se empeñaron en dejar para la posteridad como guinda a una gestión brillante, con un gasto de muchos millones de euros, lo que pasa que no tiene aviones y a lo mejor es inviable. Pero este hombre sigue con sus ochenta mil euros al año dirigiendo un aeropuerto sin aviones y sin salir, según el ránking de los ricos, del modesto club de la clase media española. Ahora tenemos a huevo ver lo que ganan las Leires Pajines, los Rajoys (por cierto gana más que Zapatero), las Cospedales y los Bonos, entre otras hierbas, con la acertada medida de hacer público el patrimonio de diputados y senadores. Lástima que no tengamos claro lo que ganan algunos consejeros delegados, que tienen un extraño don para atraer hacia sí a las grandes empresas y que tienen varios cargos a la vez. Véase Aznar, etc. En fin, que el apropiamiento indebido del término “clase media” por parte de los ricos es un robo de cartera y con la dichosa crisis a la verdadera clase media trabajadora de toda la vida, es a la que nos están poniendo el ojete como la bandera de Japón.



                                                                                                            José Miguel Casado García ©






sábado, 17 de septiembre de 2011

Paul Prinkle y el caos

     Paul Prinkle trabajaba en una aseguradora en la planta veintidos de la torre norte del World Trade Center. El once de septiembre del 2001 el despertador sonó a las mismas 7 en punto de todas las mañanas. En su cabeza saltó el piloto automático de todos los dias y se duchó y se preparó el café y tostadas. Era su olor favorito. El olor del café por la mañana y el de su novia Claudia. Paul no disfruta con su trabajo como agente de seguros porque no le gusta pero está ahorrando para casarse con Claudia. Vive en Brooklyn en un apartamento alquilado, tiene pocos amigos y coge el metro para ir a su trabajo. La línea 1 del metro pasa justo bajo la torre en la que trabaja. Va a Central Park a la pista del lago Reservoir tres veces por semana a hacer footing y a oxigenarse. En el parque se sienta en el césped cuando acaba de correr y se llena los pulmones del aire verde con olor a tierra mojada, a hierba y a árboles tan escaso en las ciudades. Nueva York tiene esa vacuna contra la mierda en el aire que respiran sus habitantes que se llama Central Park. Cuando está boca arriba tumbado en la hierba su cerebro es un campo diáfano de pensamientos diferentes e infinitos como las gotas que salen de un pulverizador de agua y que al final se traducen en comederos de coco sobre su propia vida. Mira las nubes y piensa para qué trabaja, hacia dónde va y un millón de preguntas metafísicas que siempre le asaltan con el bajón del descanso tras una sesión de footing. Una caricia de aire le trae un olor a barbacoa cercana. Carne churrascada, piensa. Joder qué hambre, cuando hace ejercicio se pasa el día entero con hambre aunque coma. Cuando corre cae en una especie de nirvana. Una vez que coge el ritmo solo se concentra en correr. El hombre desaparece y se diluye en respiración y piernas, respiración y piernas y así hasta el infinito. Tumbado en el césped cierra los ojos y ve a Claudia, ve la ciudad desde la azotea del Empire State, ve la ciudad como la ve desde su trabajo en la planta veintidós de una de las torres gemelas. Paul es de Nueva Jersey más tranquila (no mucho más) que Nueva York, pero la aseguradora para la que trabaja lo destinó allí. Una brizna de hierba le da en la cara y lo despierta de sus pensamientos. Hace un poco de viento y ve las nubes cercanas. Ve una muchacha corriendo en pantalón corto –vaya piernas y vaya pulmones- piensa. La chica se para junto al lago para hacer estiramientos. En un banco hay un hombre mirando los patos del lago y otro hombre más alejado, con vestimenta color verde oliva y mochila, apunta algo en un cuaderno y observa las aves con prismáticos. Central Park está lleno de ornitólogos. Paul gira la cabeza de repente. A unos metros de él hay un vagabundo que habla solo en voz alta sentado en un banco. A lo lejos ve la silueta del castillo Belvedere el mismo que aparecía en Barrio Sésamo cada vez que salía el conde Draco. Recuerda su infancia como una isla lejana llena de niebla. Borrosa. Una vieja acuarela.

     La sensación de hambre no le deja en paz. Paul toma la salida este del parque y en la quinta avenida se toma un perrito caliente y una cerveza fría. Su vida es un poco caótica y le da igual venir de correr y estar vestido de atleta olímpico. Si le apetece algo se lo toma. Joder así nunca podré correr otra vez la maratón de Nueva York. Paul se quedó en el puesto trescientos y pico en la maratón del 99 y quiere volver a intentarlo pero no sabe cuando. Por lo menos la terminé –piensa. Mientras come, le viene a la cabeza su madre que es la persona a la que más quiere en el mundo después de su novia Claudia. Su madre era enfermera en el hospital St. Vincent. Va a verla una vez por semana. Vive en un pequeño apartamento en Queens. Todavia puede valerse por si misma. Paul se dice todos los días que ojalá dure muchos años. En el parque huele a otoño aunque todavía falte más de un mes. Adora el olor a tierra húmeda y a hierba. Y los colores ocres del otoño. Y la luz del otoño. Pero todavía faltaban muchos días para que hiciera frío y para el cambio de estación.

     El día del atentado al World Trade Center, Paul Prinkle estaba en la máquina del café, en la planta veintidós. Era un día caluroso. Cuando se estrelló el primer avión la torre se tambaleó y tembló bajo sus pies. Y todo el mundo se puso a correr escaleras abajo. Era la torre norte. Una ola de aire y escombros lo transportó como un papel en el aire sobre el pavimento. No podía respirar. Y un olor a carne quemada, ceniza y polvo lo cubría todo. Recuerda que corría y corría. Todo se volvió gris. Estaba dentro de un infierno gris. Dentro de una fotografía en blanco y negro de la que no podía salir. Paul fue rescatado entre los escombros y fue trasladado al hospital St. Vincent en el que estuvo tres meses. Acaba de despertar en la cama de su madre el mismo dia 11 de septiembre del 2011 después de un coma de diez años. Mientras, su madre y su novia Claudia lloran y se abrazan en la habitación contigua transformadas en dos ancianas estropeadas por el sufrimiento y por el paso del tiempo. Tienen arrugas que antes no tenían y la cabeza llena de canas. En el cerebro de Paul sigue ese olor a barbacoa que olió en Central Park hace diez años, recuerda un olor a ceniza lejano y la imagen de la chica haciendo footing. Y el culo de la chica. Le viene, como cuando viene la arcada amarga del vómito, la imagen de una televisión que ha estado apagada durante diez años y que no sabe nada de lo que ha pasado.



José Miguel Casado García ©

http://youtu.be/tijW_SrCoxs

sábado, 27 de agosto de 2011

Revueltas en Inglaterra

Todo comenzó con la muerte de un joven tiroteado por la policía. A partir de aquí la locura cabalgó a sus anchas y se desbocó, como un caballo salvaje, comenzando por el barrio londinense de Tottenham y extendiéndose a Enfield alejado bastantes kilómetros del primero. En esto las redes sociales han jugado un papel fundamental, una mecha a la que ha bastado una chispa para incendiarse. Ciudades como Manchester o Gloucester también han tenido disturbios. Jóvenes y no tan jóvenes tomaron las calles durante varias noches seguidas, quemando lo que encontraban a su paso con nocturnidad y alevosía. Hay que distinguir que el fenómeno de la indignación en Inglaterra no es igual que en el resto de Europa o por lo menos como en España. Y digo fenómeno porque es la novedad. Es la palabra de moda que todo el mundo utiliza pero muy pocos saben para qué sirve. Con la indignación en Inglaterra pasa algo parecido a lo de conducir por la izquierda y el volante del coche en la derecha. Que lo entienden de manera diferente, que van a su bola. Los jóvenes ingleses indignados por la muerte de Mark Duggan (así se llamaba el joven que murió a manos de la policía), se dedican a quemar coches y a saquear tiendas en busca de I-pads, videoconsolas, televisiones planas, equipos de música, ropa de marca, etc. En principio los episodios violentos recordaron a los de las afueras de París de hace unos años como consecuencia de la progresiva creación de ghettos raciales. Pero no. Se han convertido en episodios de soldadesca. En Inglaterra se han juntado los factores raciales y sociales, pero a medida que avanzaba el tiempo los factores raciales se han diluido en el gusto por los I-pads gratis ya que son una tentación para todo el que no tiene dos dedos de frente ni de vergüenza. Sea de la raza que sea. Las imágenes en las que se roba a un herido o las de los tres jóvenes atropellados por proteger sus negocios han dado la vuelta al mundo y el mundo no tarda ni dos segundos en calificar a los ladrones como perros. A David Cameron le pilla todo como al que le dan una colleja y no se la espera. Se le queda la misma cara y tarda en reaccionar. Cuando reacciona, apaga las revueltas con mano dura y con penas ejemplares para los ladrones. Sin embargo Scotland Yard se cabrea con el primer ministro por decir este que la policía ha tardado demasiado en reaccionar. Otro motivo por el que la policía está cabreada con Cameron es porque se ha buscado un asesor de seguridad americano. Pues nada que apagado el incendio ahora los juzgados trabajan hasta de noche por la gran cantidad de detenidos y están empezando a repartir unas penas que se van a acordar del día que les apeteció aquella videoconsola gratis enseñando la indignación como un salvoconducto para robar y arrasar. O algo peor. Sigo pensando que el problema de muchas sociedades está en la educación que le damos a nuestros hijos. Sigo pensando que si esa educación no es desde el respeto, el equilibrio y la igualdad entre todas las capas sociales no estamos haciendo nada. Si se crean ghettos de resentimiento, marginación y prejuicios raciales, se crean ejércitos de hooligans y se queman ciudades. Sigo pensando que falta mucha escuela. Soy un antiguo.

 
                                                                                                              José Miguel Casado García ©

viernes, 12 de agosto de 2011

Totus Tuus again

En Madrid hay también árboles que se aguantan a pleno sol para dar sombra como aquí. Compasión y respeto. La ciudad se vacía los veranos porque sus habitantes se han convertido en veraneantes. Como un acto mecánico, se quitan el mono de trabajo y se ponen el disfraz de veraneante. Eso significa que se van todos a la playa en masa o en una serpiente multicolor por la autovía de Andalucía o de Valencia. Cuando vuelven, o los que no se han ido, se encuentran unos artilugios surrealistas hechos de madera por las plazas y por los parques. ¿Publicidad? ¿naves alienígenas?. Los degenerados al ver ahí gente haciendo cola y la primera persona de la fila de rodillas creen que son “glory holes” y alguno ya lo ha probado pero se han llevado un chasco cuando la señora o el caballero arrodillado ha salido corriendo. Y un cura que parece que también estaba dentro. Y un húsar, que diría un amigo mio. Parece que son confesionarios. Miles de confesionarios portátiles, con una forma imposible, como salida de un cuadro de Miró o de una resaca de cerveza tras la siesta. Están distribuidas por todas las plazas y los parques de Madrid como cagadas de paloma. Parece que están ahí con motivo de la visita de susan Benedicto 16 a las Jornadas Mundiales de la Juventud Cristiana. Menuda idea ¿no? Como la del presidente de la conferencia episcopal que va a perdonar la excomunión a las mujeres que se han arrepentido de abortar. Las de estas dos últimas legislaturas, claro, porque con Aznar no abortó nadie. La Iglesia y sus lumbreras. España, ese faro de occidente, tiene la iglesia más ultra, carca y más extrema de toda Europa. La visita del Papa ha creado mucho trabajo. El trabajo de un carpintero de Ávila que se ha forrao haciendo confesionarios.

Parece que miles de mozos y mozas de todo el mundo vienen a ver y a jalear al Papa. No, no son los Rollings, es el Papa, ese ídolo secular de la juventud del mundo. Habrá otros que lo jaleen con dos o tres grados menos de fuerza dentro de la escala del jaleo y del jolgorio pero parece que por unanimidad ninguno tiene otra cosa mejor que hacer que esto. Bueno en honor a la verdad no vienen de todo el mundo. De Somalia no pueden venir porque se están muriendo de hambre y de moscas y allí los jóvenes, ni siquiera pueden llegar a la pubertad. Pero mueren el minuto que los vemos en el telediario. Y ojos que no ven… A la verdad la llaman demagogia. Una vez más el gobierno de España o el de la comunidad de Madrid o el gobierno de donde sea, se va a gastar millones de euros con la que está cayendo en preparar la visita del santo padre. Si es que parece que esto es imprescindible. En pleno siglo XXI parece que traiga una bula bajo el brazo o en un pen-drive para cada uno de los que van a verlo y que los va a salvar del infierno. Creo que esos millones de euros pueden servir para muchas cosas más provechosas como comida, agua potable y medicinas. Pues nada guitarras y banderitas y todos a cantar. En Somalia seguirán esperando y muriendo de esperar y de hambre. Sin más dios que un trozo de pan o un puñado de arroz. Parece que una vez más se pasan por el arco del triunfo lo de que este es un país aconfesional y a la primera de cambio que alguna asociación laica se quiere manifestar, les deniegan el permiso de manifestarse y los tachan de perros flautas. Es para indignarse más todavía de lo que ya estamos pero con una indignación , palabra que afortunadamente nos hemos aprendido y que forma parte del vocabulario hasta del más ágrafo y que algunos eruditos snobs se creen los propietarios de ella, digo que una indignación activa ante esta falta de escrúpulos para gastar dinero público con cinco millones de parados, cientos de deshaucios diarios y bancos más ricos y gente más pobre, etc, etc. Menuda pyme se han montado con el pesebre. Al final el Papa siempre dice lo mismo, que hagáis el bien (¿habrá otro hombre en el mundo que lance más obviedades?) que lleguéis célibes al matrimonio tocándoos lo menos posible, que no os divorciéis, que no abortéis, que no useis condón porque os contagiareis el sida y porque matais a los pobres espermatozoides que no tienen culpa de nada, etc. Pues eso que Somalia se muere de hambre y que a la verdad la llaman demagogia.





                                                                                                              José Miguel Casado García ©

lunes, 8 de agosto de 2011

Diabolus in Musica

Con la canícula, (la Calígula que diría uno de mis ilustrados amigos) los habitantes de las ciudades y de cualquier sitio buscan las sombras frescas de los árboles, de los edificios y de cualquier cosa que haga sombra. Y si puede ser con poco ruido, mejor. Está científicamente demostrado que sentado en una sombra fresquita, tomándote una cerveza helada acompañada de poco ruido o de silencio absoluto, la sensación de frescor aumenta. A la hora de tomarse algo fresquito y a la hora de ver la vida pasar en cualquier ciudad, existen, gracias al Creador, las terrazas de los bares. Ciudades como Madrid, Barcelona, París o Venecia, son ejemplos vivos como si fueran hermanas mayores que nos llevan mucha vida por delante. Sin las terrazas de gastrotapeo y de gourmeteo cervecero fresquito no existirían tampoco los vendedores de cedés, ni los vendedores de relojes falsos, ni los vendedores de lotería, ni los vendedores de perfumes falsos, ni el tinto de verano. Pero una especie aparte son los músicos. Hasta que no nos ponemos a tiro de golpe de acordeón o de violín o de algún instrumento innombrable de alguna república caucásica, no escarmentamos. Hay músicos buenos que pueden hacer de un instante un punto G y músicos menos buenos que te intimidan o te putean y hacen que vivas un revival de la úlcera gastroduodenal o de la hernia de hiato. Mi experiencia me hace dividir a los músicos callejeros en dos grupos: los activos y los pasivos. Los activos son los que van a dar la tabarra allí donde estés y te pueden perseguir si no obtienen lo que buscan y los pasivos mucho más profesionales, te los encuentras en cualquier esquina, plaza o estación de metro y terminan su canción y si quieres les das y si no quieres no les das, pero no te intimidan. Mi via crucis musical, me pasó en una terraza más o menos extensa de un bar de mi ciudad, con compañía. Éramos dos. Sendas cervezas heladas y tapa de chipirones con ensalada. Aparece en escena un acordeonista mal encarado con barba y sombrero de unos setenta años y de algún país del este de Europa sin tratado de extradición con España, claro, (como si es de Málaga, me da igual) y se pone a tocar en la punta de la terraza. Unas veinte mesas. Cuando termina va mesa por mesa pasando el sombrero para recaudar algo. Al llegar a mi mesa decido no pagar el impuesto revolucionario. Acto seguido arranca la misma canción insufrible del acordeón desvencijado pero por lo visto muy famosa en su país y a quince centímetros de nuestros oídos. Mi indulgencia de amable oyente de conciertos de la 2, se disuelve como una aspirina efervescente. Lo miro a los ojos y nos asalta a los dos el mismo pensamiento, “a ver quién tiene más cojones ¿tú o yo?”. A mi cabeza vienen barbaridades y casquerías varias, pero la paciencia es una de mis pocas virtudes. Nosotros a nuestra bola pero hablando en voz alta y el tio dando la brasa. La gente miraba nuestra mesa como diciendo –vaya se admiten peticiones al músico, qué romántico. Aquí no hay santo ni virgen a quien encomendarse. Estás perdido. Por fin termina la sinfonía insufrible y se va sin su recompensa. No me apetecía dar ni un euro por eso, hay gente que lo hizo. O me he vuelto muy carca o no entiendo de música. Prefiero el respeto por la gente y la educación de un mal músico buscavidas que la impertinencia y la soberbia de un Mozart. O de una mosca cojonera.

                                                                                                                José Miguel Casado García ©





viernes, 5 de agosto de 2011

Paco

Paco se está comiendo un bocadillo de atún cuando ve a Zapatero en la tele anunciar que adelanta las elecciones al 20 de noviembre. Se queda con la boca abierta sujetando el bocata con una mano y la cerveza en la otra. –Vamos a ver si el que venga después tiene cojones de arreglar lo del paro porque si no…Paco piensa en los indignados y en los bancos y en la Beretta F92 que tiene nuevecita que le regaló hace años un tipo de cuyo nombre no quiere acordarse y que sigue escondida debajo de una baldosa. En el 4º intermedio del telediario ve un anuncio en el que salen los Amaya cantando “Vete”. Canción de la que no se desprenderá en todo el día porque se pega a su cerebro como el napalm. Paco lleva en el paro dos años y no encuentra nada más que miserias e historias para no dormir cuando va a buscar trabajo. El tic-tac del reloj de la cocina se oye por encima del sonido de la tele y le da a la casa un toque sepia y gris. La figura de Paco viendo la tele con la luz apagada desde el sillón se mimetiza con el gotelé de la pared y los cuadros con escenas de caza. Sombras duras y dramáticas con ese foco único de luz que es la tele, como la luz del final de un túnel. Mientras, piensa que su coche tiene más de cien mil kilómetros y que todavía no lo ha rescatado del lamentable estado en que lo dejó la última tormenta de verano.

Casi todos los días a las 9 de la mañana sale de su casa con la carpeta de currículums bajo el brazo. Por la autovía va pensando en los polígonos industriales en los que va a buscar trabajo. Va pensativo hasta que un BMW lo adelanta a toda velocidad. –Menudo hijoputa –dice- seguro que es un niñato de papá y sabe Dios cómo se ha comprao ese coche. En una fábrica de chucherías le dicen que para qué va a echar el currículum si los van a echar a ellos. Paco ha trabajado diez años en una fábrica de productos químicos hasta que lo echaron con la excusa de la crisis. A las una de la tarde ya está harto de dar vueltas y se va a su casa de vacío. En la gasolinera se tiene que echar su propia gasolina, algo que detesta, y pagarla en la caja. Solo hay un operario para toda la gasolinera con el puto progreso. –No va a haber paro así, coño. De vuelta a su coche se para un segundo que parece una eternidad y mira el horizonte a ras del techo del coche. Ve un mundo de plástico derretido por el efecto de la calima del mes de julio y un espejismo de figuras sumergidas en cristal fundido. Pereza.

Paco está sentado en su sillón favorito cenando un bocadillo de lomo con pimientos, cuando ve en la tele un político de la oposición decir que así no podemos aguantar hasta el 20-N que por qué no adelanta más las elecciones, por favor señor Zapatero. Boca abierta, bocata apretado en una mano y cerveza apretada en la otra. Tos incipiente, sorbo, tos incipiente, sorbo. Ahora cae en que el 20-N es también el aniversario de la muerte de Franco. Menudo día vamos a tener de plegarias y golpes de pecho. Paco oye el tic-tac del reloj de la cocina por encima del telediario de las nueve, del claxon de los coches de la calle y de la vecina peleando con los niños. El tic-tac del reloj de la cocina lo distrae más que cualquier otra cosa. Lo sume en una fase REM que lo postra y lo lleva sin perder la conciencia a un placer tenue e hipnótico con el que no contaba y que no había hecho caso hasta ahora pero que siempre ha estado ahí. Paco vuelve a la tele y ve unas mujeres maduras diciendo que sus compresas son las mejores y que eliminan el olor de las pequeñas fugas de orina. Se duerme poco a poco y en su cabeza se mezclan el paro, el 20-N, la calima, el sabor de los pimientos, el sabor de la cerveza, las tormentas de verano, las fugas de orina, los Amaya cantando “vete”, los indignados, la Beretta y el tic-tac del reloj de la cocina como una cuenta atrás. Paco se duerme en ese cuadro de Caravaggio que es su salón.



José Miguel Casado García ©









jueves, 9 de junio de 2011

Insula Granatensis (Revisited)

Cada sociedad y cada lugar tienen sus propias costumbres en las que cada persona es clave como una hormiga en un hormiguero, como un ladrillo en una pared. Cada individuo influye con su propia psicología y su manera de ser y es un eslabón de una cadena. Las masas, por supuesto, también tienen su propia psicología y dan a luz un crisol de dichos y situaciones en el que podemos escoger la que más nos guste.

Granada es la ciudad de España donde las retinas se queman más fácilmente por la variedad ingente de imágenes y situaciones que, supongo se darán en otros sitios pero no con ese punto autóctono. Imágenes tan llenas de contrastes, de contextos y de luces distintas que se mueven de una punta a otra, en un péndulo tan grande como su oscilación térmica en primavera. Sus millones de matices son tantos, como granos de arena de playa y el disco duro ya es que hasta me duele. Hasta los que viven en ella son especiales pariendo momentos únicos aunque no muy lejanos de una Nápoles española.

Escena 1: concebida como si estuviéramos dentro de una película de Fellini. Domingo por la mañana dando un paseo por la calle. Brisa templada en la cara, árboles rojizos y otoñales, gente todavía en manga corta porque aún hace calor. Olor a churros y a tinta de periódico, pero algo desentona en este paisaje: una cola de gente impresionante. Ni en tiempos del estraperlo. Me fijo que es una panadería, ¿otra vez las malditas cartillas de racionamiento?, ¿es la hora feliz de la panadería? –le pregunto a una mujer mayor, despeinada que parece que se ha caído de la cama y lo primero que ha hecho ha sido bajar y ponerse en la fila—No hombre lo que pasa es que ya han traido las tortas de la Virgen ¡ay que alegría!— me contesta con sonrisa beatífica y henchida de fé. Medalla de Fray Leopoldo y gafas de culo de botella. A mi cabeza acuden algunas fotos de Cartier-Bresson de la Francia de los 50.

Escena 2: transcurre en la pasada navidad. Lo siento por hablar tan a toro pasado. Hipermercado venido a menos, marca autóctona, considerado como el más barato de España (hay que racionalizar, son tiempos duros) Volvemos también a otro sketch de panadería con la gente comprando el roscón de reyes. Todo normal. Hasta que se abre una puerta que da a un pequeño almacén y la gente ve los mismos roscones de reyes pero con un envoltorio distinto. Varias marujas y jubilados empiezan a mosquearse y le empiezan a hacer preguntas a las panaderas –oye bonica ¿por qué son esos roscones diferentes? No son diferentes señora, son los mismos pero con otro envoltorio— Pues yo quiero uno de esos no quiero este, grita una mujer despeinada. La turba se amotina y las pobres panaderas tienen que retirar todos los roscones de la vitrina refrigerada y sacar las cajas con los roscones de otro color pero al mismo precio y tamaño. Vergüenza de vida.

Escena 3 : Cualquier lunes por la mañana en la administración de lotería la cola para echar la primitiva, es como si dieran los boletos premiados con un bocata de jamón de regalo. La gente es como una mancha de aceite que sale del edificio. Vista cenital desde la azotea.

Escena 4: De nuevo un domingo cualquiera por la mañana. Quiosquero en habitáculo diminuto. Su codo roza el vaso de café con leche que tiene en una pequeña repisa. Su cabeza va a estallar ante otra maldita cola de domingueros que solo leen el periódico ese día. Cada uno quiere el dvd o la taza o el cuento o el cd o el maldito cuento de Bob Esponja o la maldita camiseta de fútbol o la toalla de fútbol o los calzoncillos de los equipos de la liga de fútbol. Hay 22 diferentes de cinco tallas diferentes. A cada regalo hay que recortarle un cupón o cachito de papel al periódico. Esperemos que no venga el pesao de todas las semanas que quiere los fascículos atrasados de los secretos del mar del comandante Cousteau. El quiosquero tiene ya un pequeño tic en el ojo izquierdo.

Escena 5: Cura de una iglesia de aquí que todos los domingos hace un alto en el sermón y pone carica de pena para pedir más dinero a los feligreses, como si todos los domingos fuese el domund. Violencia desde el púlpito. Imagínense ese pastor dirigirse a su rebaño y mirando al horizonte cuando habla: “…mirad, corren tiempos difíciles para todos…” Siempre recuerdo la escena de ese Robin Hood inenarrable al que daba vida Kevin Costner, en la que tiran a un cura con las manos llenas de riquezas, por la ventana. Por imaginar hasta las mujeres que van a la misa de las una, desde fuera de la iglesia oyen la voz de la multitud que sale del templo gritando como en la huelga del metal: “Manos arriba, esto es un atraco”



En cuanto a las expresiones de aquí son consecuencia de experiencias vitales y momentos de foto finish que producen ronchas y sarpullidos incrustados como piedras preciosas en el imaginario colectivo de la ciudad. El ramillete de ingenio y de dichos curiosos es imposible que se pueda dar en otro sitio. La tierra del chavico, por ejemplo, significa que los granadinos somos agarraos, tacaños y poco generosos. Antiguamente los mendigos decian “anda dame un chavico” haciendo referencia al ochavo o moneda de diez céntimos de las antiguas pesetas.

Otra expresión proverbial que da a entender que no esperemos nada de personas cuyo favor siempre va a ser hipotético y lejano es: “como el que tiene un tio en Graná, ni tiene tío ni tiene ná”. O la malafollá granaina ese producto o estado de ánimo que como los piononos, el jamón de Trevélez o los molletes de Antequera, se exporta mundialmente. Sin embargo, algunos dichos nos redimen y nos sacan del barrizal y del fango en el que nosotros mismos nos metemos: “A quien Dios le quiso bien, en Granada le dio de comer” o el típico: “Dale limosna mujer, etc”. Me dejo muchos olvidados pero el que se lleva la palma, la medalla de oro olímpico, el non plus ultra de los dichos, es aquel que dice: “Cuando yo diga bacín, tú dices presente”.



José Miguel Casado García ©

sábado, 30 de abril de 2011

El maravilloso mundo del lenguaje

Decía Wittgenstein que los límites del lenguaje son los límites del mundo. Del mundo de cada uno, se entiende. A algunas personas les cuesta un trabajo titánico hablar hasta su propio idioma. Su mundo es un pañuelo, así que cuando lo intentan con otra lengua que no es la suya, tenemos una peli de Peter Sellers. No ya esa gente, gurús del surrealismo, que iba a Texas y hablaba spanglish o catalán en su casa a la hora de comer. Hay gente que sufre transformaciones gemelares como Woody Allen en su película Zelig que si estaba junto a un rabino se transformaba en rabino. Hablaba como él, vestía como él y pensaba como él, por arte de birlibirloque y por simpatía. Los desastres lingüísticos que vivimos a lo largo de nuestra corta existencia han sido de carne de psicoanalista. No obstante, el factor geográfico influye mucho ya que por el sur no se habla igual que por el centro o por el norte. Preguntas como ¿dónde está la cámara oculta? son frecuentes. Dentro del muestrario de prodigios encontramos a mi amigo Juan, por ejemplo, que son más de cien kilos de rudo soldador de barriles de cerveza. Cierto día hablando con dos jefazos de la fábrica, se confió, se embaló y se estrelló. De sus labios, rubíes, salió para hacerse el culto, la coletilla “…a su libre almendrío”. Los jefes se miraron. Se señalaron sus propios ojos con los dedos índice y corazón para señalar seguidamente los ojos del amigo Juan. Y se fueron. No te perderemos de vista Juan. Lo juramos.

Ese jefe que cuando se aplasta el dedo con un martillo dice eso de “son gases del oficio”, o el hombre-bricolaje casero buscando una tuerca en una gran caja de tuercas y diciendo, casi inaudible, como un mantra “cada cosilla pa su cosilla”.

Otra joya pagana de las letras españolas, en este caso inglesas, es mi amigo Julián. No hay nada peor que alguien que cree que sabe inglés. Aunque todos hemos tarareado canciones que nos gustan y hemos cantado ai guachinoou, alguna vez. Nadie es perfecto. A algunos políticos les pasa. Pues nada que dice mi colega que estaba viendo por la tele la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra y su novia Catalina, sin parpadear. Seguía el acontecimiento moviendo los labios como una persona mayor que oye nuestra historia y se mete en ella tanto que se asustan con nuestros movimientos y suben las cejas mucho con los cambios súbitos del cuento que están oyendo.

En esto que abre mucho los ojos espantado cuando oye al cura que casa a los novios aquello de “…in the name of the Father…” y cuando llegó al Espíritu Santo oyó “the Holy Ghost “. Abrió mucho los ojos y su inglés con catorce palabras del profesor Maurer, se vino abajo. Un momento tío. Ha dicho “sagrado fantasma” lo he oído. Holy Ghost. Tenía que haber dicho Spirit Saint, no?. Pues no. Parece ser que Espíritu Santo en inglés, se dice Sagrado Fantasma. Los ingleses son así, y si no acuérdate de lo del volante del coche a la derecha y lo de conducir por la izquierda. Y Julián se cayó del caballo y vió la luz. Tambaleándose apagó la tele y miró el horizonte a través de la ventana. Cerró los ojos y respiró. Por otro lado tenemos el lenguaje de los gestos. En algunos pueblos hay gente que cuando se cruza por la calle, se saluda levantando al unísono las cejas y haciendo un ruido ininteligible y grave tipo eeeh o aah, este último sonido es una evolución increíble de la palabra hola, todo ello precedido a veces de un chasquido. Por lo general no hay que esforzarse mucho para así crear un protocolo de urbanidad en el que los saludos no lleguen ni a monosílabos. Con el paso del tiempo algunas palabras o expresiones como “es su padre cagao”, para decir que un hijo es exactamente igual que su padre, “mititilla” unidad de medida indefinida pero casi siempre muy pequeña o “lo mimmitico” que significa lo mismo, han causado estragos en mi hemisferio izquierdo.

También está la figura del coche con megafonía y con tantas versiones como personas. Una muestra es ese Renault 12 ranchera empapelado de publicidad que después de invitarte a ir al fútbol y animarte a pasar un domingo soleado viendo un buen partido, todo esto en castellano perfecto, al final dice “…ven al fúrbool”. La figura del chatarrero o el pescadero que te recuerda a Ozores en el Un, Dos, Tres, o al mismísimo Fraga porque no entiendes nada en absoluto y porque todo son stroncios, placurales y labrapurcios, ha hecho mucho daño. Solo se entiende vamo muhere (vamos mujeres). La denostada figura del tapicero que despierta sueños trasnochados en días de fiesta, es la cúspide de una fatídica pirámide de furgonetas tuneadas con llantas de aleación y megafonía. Puede que exista un CD plantilla para todos los tapiceros de España o el tío tiene furgonetas en todos los pueblos o directamente hay que pensar ya en el don de la ubicuidad o la teletransportación tipo Star Trek. Todos los tapiceros suenan igual. La misma voz femenina diciendo que ha llegado a esta ciudad el tapicero. En tu cama desvelado te acuerdas del tapicero y de toda su familia cuando dice que su especialidad son las discotecas. A otras personas les da por tararear una cancioncilla ad aeternum, cuando no están hablando ni haciendo nada. Para ellos el silencio no existe. Creo que la vida familiar de estas personas y el equilibrio psicológico de los que están a su alrededor, se puede resentir. Cuando van al servicio oyes la cancioncilla, cuando fuman, oyes la cancioncilla, cuando están con la boca cerrada, oyes la maldita cancioncilla. Analizando con atención este fenómeno llego a la conclusión de que es una reminiscencia de la infancia. De ese ruido que traen algunos niños incorporado que cuando paran de jugar se les oye un zumbido de abejas o imitando el motor de una moto o como sorbiendo sopa, según que casos. La vida de esos niños tiene un ruido de fondo hasta que son viejos. Es el ruido de un microondas en medio de un paseo dominical. Es una letanía que taladra lo más profundo de tu cerebro.


                                                                                                              José Miguel Casado ©

miércoles, 20 de abril de 2011

La náusea

Cada vez que mi cerebro tiene sed de información y la adquiero leyendo un periódico o bebiendo de esas fuentes de sabiduría que son algunos nuevos canales de televisión o el telediario nuestro de cada día, reniego, no ya del país en el que vivo, sino de la misma naturaleza humana. No veo tanto resquemor, rencor, envidia, soberbia, prepotencia, avaricia, en ningún país de nuestro entorno europeo tan democrático y tan hipócrita, como en el nuestro. Todo ello aderezado con un vacío absoluto de ética profesional, humana, o de educación elemental. Véase el caso, entre otros muchos, de la señora Celia Villalobos, diputada y antes alcaldesa de Málaga que siempre habla en tono coloquial. En definitiva, hay epidemia de estupidez. Los hechos que voy a enumerar son verdades como puños. Y si alguien me habla de demagogia que vea la viga en el ojo de algunos políticos.

En primer lugar, Telefónica dice que va a prejubilar a casi seis mil trabajadores después de ganar más de diez mil millones de euros en 2010. Para más inri piensa repartir unos cuatrocientos cincuenta millones de euros entre mil y pico directivos. Entre los que están Alierta o el yernísimo Alejandro Agag. Parece ser que no llegan a fin de mes los pobrecicos.

El juez Garzón es imputado y apartado de su ejercicio profesional por investigar los crímenes del franquismo gracias a un “sindicato” ultraderechista y a algunos jueces que parece que le tienen un poco de inquina. Algunos países no salen de su asombro porque no podamos investigar los crímenes de cuarenta años de dictadura ni enterrar a los muertos en el cementerio. Con el caso Gurtel, los ladrones pueden inhabilitar al juez, todo ello también gracias a jueces que parece que no les gusta que investiguen muy a fondo a algunos partidos. Algunos de estos jueces son “amiguitos del alma” de algunos vividores imputados de este partido. Lo malo es que la impresión percibida del caso Gurtel es la punta de un iceberg que parece que se puede extender como la peste a demasiados sitios. Paisaje desolador de obscenidad y basura.

Escándalo en Andalucía tras casi treinta años de gobierno de un mismo partido. Lamentable caso de corrupción con los llamados EREs. En algunas empresas colocan listas de jubilados de toda la comunidad andaluza, gente cercana al partido, que nunca ha trabajado en esas empresas y que algunas ya ni existen, para cobrar la jubilación.

El partido que gobierna en Valencia coloca en las listas electorales más de diez personas imputadas en el caso Gurtel. Véase financiación ilegal de este partido.

Parece que vivimos en el único país en el que si no puedes pagar la hipoteca de tu casa, el banco te la quita y tienes que seguir pagando la deuda. Increible pero cierto. ¿Existe algún desatino más grande que este? Los responsables bla, bla, bla y si tienes una pyme no te puedo dar crédito. ¿Quién ha hecho la ley hipotecaria, Alí Babá? ¿Sabemos realmente lo que ganan los bancos en comisiones con lo poco que tenemos en la cuenta corriente?

Los eurodiputados rechazan casi unánimemente viajar en clase turista en los aviones. En primera clase se va mejor y solo son quinientos euros por viaje. Unos dos o tres a la semana. Sin contar dietas, etc. Encima tienen la cara de decir que hay que apretarse el cinturón, bajar sueldos y trabajar más. Los muy hipócritas dicen a toro pasado que ha sido un error y que se abstienen.

El omnipotente y patético Aznar ha hablado. No he visto nunca a un hombre con mayor complejo de culpa sobre sus hombros que este. Se siente culpable porque no puede deshacer lo que hizo designando como su sustituto a un Rajoy que no sabe, no contesta. Aznar tiene también un revotillo de resquemor, soberbia y prepotencia que necesitaría que alguien le bajara los humos. Un tufillo autoritario de extrema derecha que no se puede aguantar. Un no saber perder desde que perdió las elecciones. Por eso no puede ver a Zapatero ni en pintura.

En algún país ya habría sido juzgado por lesa patria. Se cree el rey del mambo por la gracia de Dios y se va a Estados Unidos a rajar de España y a decir que Gadafi es su amigo. Se alegraría que rescatasen a España como ha habido que rescatar a Portugal o a Irlanda. Os perdono la vida. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. La verdad absoluta es mía indiscutiblemente. Dogma de fe. Sartre decía que hace falta un sol doble para alumbrar el fondo de la estupidez humana.

Stéphane Hessel ha escrito un libro llamado “Indignaos” en el que nos invita a través de la creación, a la resistencia, no violenta claro, contra la crisis mundial y contra los poderes establecidos. Una invitación a otro mayo del 68, no por puro romanticismo sino por necesidad. En España, en Europa, la sociedad civil es una sociedad demasiado anestesiada e inmune a los latigazos del poder económico y aquí nadie se indigna. Nadie. Sólo Stéphane Hessel que tiene 94 años y nos dice de nuevo que bajo los adoquines está la playa.





José Miguel Casado García ©

martes, 19 de abril de 2011

Historias de autobús

Mirando por el cristal sucio del autobús o a través de algún anuncio de esos modernos que van pegados a las ventanas, ves a la gente de la calle diferente. Como en una película que empieza y uno mismo le pone las letras del principio. Gente que ves llegar y que ves alejarse. Como si vieras una carrera de muchos futuros que llegan y muchos pasados que se alejan. Ajenos todos mirando escaparates, paseando o sentados en carritos de niños o en terrazas de bar. Te evades. El placer de contemplar la vida desde un autobús o desde cualquier sitio sin interferir, sin decir nada, como un testigo mudo e inmóvil, lo confieso es uno de mis placeres favoritos. Da igual que esto pasara hace cinco años o ayer. El tiempo va a velocidad luz cuando estás viendo tu película favorita. Timbre. El autobús parará pronto para que alguien se baje. Dejo de mirar al exterior y me centro en el interior. Hay personas jóvenes y mayores. Estudiantes, madres con hijos, viejas con el carro de la compra, hombres leyendo el periódico y adolescentes oyendo música. Sentado junto a la ventana vuelvo a mirar hacia fuera. El asiento que hay junto a mí está vacio. Al otro lado del pasillo veo a un hombre muy anciano, delgado y canoso que muy cortés y educado, se levanta y le cede su asiento a una señora con un carrito y un niño pequeño. El hombre se sienta junto a mi y tras unos minutos, me pregunta la hora. Cuando se la digo, veo que lleva reloj y se justifica diciendo que ya no ve como antes y que le han operado de cataratas. Le digo que no se preocupe que yo voy por el mismo camino porque tengo unas cuantas dioptrías. –Sí, pero usted tiene toda la vida por delante –me dice sin perder la cortesía y logrando que lo mire con atención. Veo unos ojos llorosos tras sus gafas de sol. Consecuencia de la enfermedad o de la tristeza, lo ignoro. A partir de aquí el hombre me cuenta su vida a bocajarro.

-Ya no veo como antes. -me dice- Tengo ochenta y cinco años. Me he tirado cincuenta y tantos años de marino y ya no veo como antes. Con lo que mis ojos han visto. Yo le pregunto si había estado en la marina mercante. Me dice que no, que había sido militar e ingeniero, que primero estuvo en el acorazado Bismarck, que tenía doble nacionalidad española y alemana. El hombre me sigue contando con una nostalgia que solamente tiene un hombre de ochenta y cinco años con tres cuartas partes de su vida en el mar, como un viejo capitán Ahab o como un viejo capitán Nemo atrapado en un autobús de Granada.

Estuvo treinta y cinco años en el Juan Sebastián Elcano y se jubiló como capitán de navío. Grado equivalente a coronel. –Gran barco, le dije yo. El hombre asiente con la cabeza, triste y sin decir nada. Después de un breve silencio, traga saliva y me cuenta que tiene un hijo en Estados Unidos que no quiso la nacionalidad española. Lo de “no quiso” es literal. Se hizo americano –prosigue- y que también es marino como él. Me dice que es capitán del Enterprise, escolta del portaaviones George Washington, de la sexta flota y que tiene su base en las islas Hawaii. Consigue abrir mis ojos incrédulos –Nos vemos dos veces al año- dice sombrío y mirando al suelo. Le pregunto qué le parece lo que estaban liando los ingleses con el bicentenario de Trafalgar. Me responde que no le gusta meterse en política y que el almirante Nelson no era para tanto, lo que pasa es que los ingleses le dan mucho bombo. Antes de bajarse en la avenida Cervantes me mira a los ojos y me dice con voz triste que ahora cuida a su mujer enferma. Me lo dice como cuando miramos el horizonte. Como cuando recordamos algo lejano y queremos volver a vivir lo que hemos vivido y le reclamamos a Dios o a quien tenga el puesto de Dios, que no es justo. Que la vida se nos acaba a borbotones y que nos acordamos mucho de ella y del mar. Ese era el recuerdo más precioso de ese hombre.

El autobús llegó a su parada y el capitán de navío se bajó. Nos despedimos y por dentro me alegré de haberle conocido aunque nunca supe su nombre. Le seguí con la mirada hasta que se metió en un portal frío y oscuro tan lejos del mar como sus recuerdos.



José Miguel Casado García ©

martes, 29 de marzo de 2011

Lux in tenebris

Yo no es que sea muy religioso pero hay cosas que me pellizcan el hígado. De verdad me parece muy fuerte. Opino que la Iglesia es una empresa donde las haya. Desde que el Papa León X financió la construcción de la Basílica de San Pedro vendiendo el perdón y la vida eterna a los pecadores de la pradera, a cambio de más de treinta monedas por bula por supuesto. En aquel tiempo, a principios del siglo XVI, la Iglesia estaba más agobiada por las deudas que Ruiz Mateos 2.0. La verdad es que como empresa empezó incluso antes y si no busquemos el paralelismo exacto de elementos del antiguo Egipto con la Biblia, por ejemplo el Salmo 104 es una traducción exacta del himno de Akhenatón o algunas fiestas que celebramos mucho son de origen egipcio y es que ya había ese espionaje industrial necesario en toda génesis empresarial, valga la coña. Lutero, con el tema de las indulgencias, se cogió un cabreo de diez pares de narices. Quiero llegar a que el Vaticano no admite el milagro presentado por los frailes capuchinos para la canonización de Fray Leopoldo. Según la normativa eclesiástica, en el caso de los beatos el milagro debe haberse producido después del proceso de beatificación. Esta es la noticia que viene en el periódico. Sin embargo el pobre Fray Leopoldo de Alpandeire, el santo de los granadinos, un religioso currante que se pateaba las calles para pedir limosnas y que dormía en el suelo, había camas ojo, se le niega ahora entrar en los cielos de la élite, por culpa de la burocracia bendita. No deja de volarme la mosca orejera. Es que como te has apuntao al examen fuera de fecha pues estás en la lista de no admitidos. Y si no haber hecho el milagro antes. Esto es lo que dice el Papa. Que para ser santo tienes que tener un currículum de milagros más largo que la infancia de Heidi. Lo triste es que al morir el santo que sea, existe la costumbre de repartírselo a cachitos. Literal. Conocí a un hombre devoto de Fray Leopoldo que decía que la reliquia que llevaba en su cartera del santo granaíno, le protegía de todo mal. ¿Cuántas reliquias habrá repartidas de Santiago? Que juntas harían varios Santiagos. O reliquias de la cruz, que juntas harían un bosque de cruces. Qué costumbre más carroñera ¿no?.

El combustible de la Iglesia como el de todas las empresas es el dinero y no solo de la parte material sino de la parte moral. ¿O no es verdad que un tal Escrivá de Balaguer ha sido canonizado en un tiempo record?. El enchufao de las oposiciones. Con la cantidad de “milagros” que hizo el inventor del Opus Dei como amasar riquezas de rancios franquistas, rodearse de ricos y dejó que los ricos se acercasen a él. O tratar a la mujer como un cero a la izquierda. Pues nada Jose Mari tú aprobado con plaza. Como decía un gran amigo mío “Iglesia que trincas dinero Mundi”. Si es que no tienen remedio, la jerarquía eclesiástica, sigue siendo esa piara de mercaderes que echó el Jesús del templo a latigazos. Y no quiero hablar de los Legionarios de Cristo ni de Marcial Maciel menudo monstruo, ni de las monjas que vendían niños a cambio de dinero a familias ricas, robándoselos a familias pobres claro, ni de las monjas que les han robado un millón y medio de euros que estaban en bolsas de basura, dentro de un armario. Quien roba a un ladrón…Voto de pobreza, castidad, etc. Todo se lo pasan por el arco del triunfo. Si el pobre Fray Leopoldo levantara la cabeza y viera, que esa es otra, el circo que hay todos los días nueve de cada mes en su templo. Así otros dos mil años más. Menudo circo el Vaticano y todo lo que significa. El papa es la personificación del título del libro que yo tenía cuando iba a la catequesis: Haced lo que Él os diga.

Y punto.



José Miguel Casado García ©

miércoles, 26 de enero de 2011

Enzo

Enzo se levanta temprano. Sentado en la cama le viene el mismo pensamiento de todas las mañanas y que apenas dura un instante. Piensa si habrá algún ser superior que observa lo que hace todos los días, como ese dios omnipresente o como ese gran hermano de Orwell. Alguien que controle su vida con unos hilos invisibles y que lo maneje como un muñeco para realizar su santa voluntad, aunque Enzo crea que no. Algo parecido al efecto de la publicidad subliminal. Cuando oye el despertador piensa que es el momento más duro del día. De joven se prometió que tendría un trabajo en el que no tuviera que madrugar, pero por ahora es lo que hay. Se viste, desayuna, se lava la cara, los dientes y se va a eso de las 6:30 de la mañana. De camino al trabajo va oyendo una emisora de radio con las noticias del día. Antes de llegar, se detiene en una gasolinera para llenar el depósito. Joder cada vez me cuesta más dinero echar gasolina –dice gesticulando con las manos como gesticulan los italianos. Ficha en la fábrica a las siete menos cinco y se va a su puesto de trabajo siete horas. Es una fábrica de coches cerca de Milán en la que hay más de mil personas trabajando. Espero que no se lleven la fábrica a China o a cualquier otro país fuera de Europa, porque con un sueldo de los nuestros pagan a dos o tres chinos. En la fábrica hay muchas máquinas, incluso hay máquinas de café, de refrescos y de comida, aparte de la cafetería.

Cuando acaba el turno llega a casa, se ducha, come y descansa un rato hasta las seis de la tarde para ir al hipermercado a hacer la compra semanal de los viernes. Quiere llegar pronto a casa para ver un partido de fútbol de la Champions League. Para hacer todo eso tiene que ir por una autostrada ya que ahorra un montón de tiempo no pasar por el centro de cualquier ciudad para comprar en las afueras. De nuevo en casa guarda todo lo que ha comprado, principalmente alimentos. Se ducha, se prepara una pizza con unas cervezas y se dispone a ver el fútbol. Mientras empieza el partido hace zapping y pasa por todas las cadenas dos o tres veces mientras sus pensamientos vuelven a la idea del ser superior que controla nuestras vidas. No es una idea demasiado original pero no hace más que darle vueltas a lo mismo. ¿será posible? La invisibilidad sería una característica inherente a ese estado de ser superior. Menudo chollo –se dice tumbado en el sofá, con media sonrisa y los ojos entornados mientras sus manos sujetan la Carlsberg bien fría como si fuese una prolongación de su pene.

Lo que Enzo a lo mejor no sabe es que la pasta de dientes que utiliza, los alimentos, los productos de limpieza y de aseo que ha comprado, el mismo hipermercado en el que ha estado comprando, las máquinas de la fábrica en la que trabaja, desde el más sofisticado robot hasta las máquinas de café, la fábrica entera, los canales de televisión que está viendo, la emisora de radio que escucha camino del trabajo, el asfalto de la autostrada por la que ha circulado con su coche, la gasolinera en la que ha llenado el depósito de gasolina, el equipo de fútbol que va a ver por la tele, la electricidad que hace que funcione esa tele y las de media Italia, el periódico que lee los domingos o el cemento y los mismísimos ladrillos de su casa. Todo eso pertenece a un mismo ser superior que si quiere te ve y te escucha y que cambia las leyes de los hombres a su antojo. Un ser superior llamado Silvio Berlusconi. Mientras Enzo apura la tercera cerveza, se queda dormido viendo el fútbol y dándole vueltas a ese ser superior tan divinizado y anónimo de su cabeza y que tiene tan cerca. Pero sobre todo en la posibilidad de ser invisible.



José Miguel Casado García ©

lunes, 1 de noviembre de 2010

El día de los Santos



El primer día de noviembre la gente va a los cementerios a recordar a sus seres queridos. Se ponen flores en las tumbas, se adecentan nichos o simplemente se está allí en silencio. No obstante en este país todavía hay miles de familias que no pueden ir al cementerio porque aún no saben donde están sus muertos. Pero esto es para otro artículo. Solo lo digo a modo de recordatorio. El día antes del uno de noviembre, se celebra Halloween. No es que no sea partidario de celebrar la fiesta de Halloween, tan arraigada en las tradiciones seculares de nuestro país, sino que en un par de días oyes la palabra Halloween centenares de veces y se te repite más que la morcilla con alioli. El hombre del telediario pone el rostro de las noticias poco relevantes, pero su cara se transforma en hastío y piensa ¡Dios mío! ¿otra vez me habeis colao esta noticia? Y voluntarioso nos vende la moto.

La dichosa fiesta de Halloween importada de los Estados Unidos como tantas cosas inútiles (políticos o algunas series de televisión por ejemplo) ha venido para quedarse. El mecanismo de Halloween es muy simple. Tiene dos modalidades, la primera es la de hacer el tonto disfrazado de algo que dé miedo, sales por las calles a hacer el payaso o vas a alguna fiesta con más gente haciendo lo mismo . La segunda modalidad es la que estás en tu casa tranquilo viendo una buena película y llaman al timbre cada cuarto de hora grupitos de niños para pedirte caramelos. El panorama que te encuentras al abrir la puerta es desolador, disfraces de brujas, zombis idos de la olla, tullidos con el cuello abierto por un hachazo, cuchillos clavados en la cabeza, caras blancas, ojeras, cicatrices, etc. Pura tradición, vamos.

Por otra parte la cara de cemento armado que tienen algunos espabilados es de tamaño XXL. En tiempos de crisis o te inventas algo o las neuronas te vuelan la cabeza las muy cabronas. La picaresca es una flor que crece en los sitios y cabezas más insospechadas. Al ver la noticia en la tele, no me escandalicé pero me faltó un pelo para vomitar las mandarinas no de asco sino de rabia. Pues resulta que cuando se muere alguien y su familia en vez de enterrarlo lo incinera, hay una empresa que se dedica a tirarte la urna al mar. Soltando la manteca, claro. ¿Llegará el día en que tengamos que pagar por respirar en edificios públicos por ejemplo? O sea que si decido coger la urna con las cenizas de la bisabuela y tirarlas al mar, pues no puedo porque la ley me lo impide y la misma ley no le impide a una empresa cobrarte por hacer lo mismo. ¿y eso no es para nombrarle a sus muertos, sin redundancia que valga al negocio este y al que hizo la ley?. Es un nuevo tipo de funeraria mucho menos engorrosa. Sale el lumbreras responsable de dicha empresa y dice: como vimos que había un vacío legal, pues allí que nos metimos, compramos un barquito coqueto a motor y como para tirar algo al mar hay que alejarse cinco millas hacia adentro, por ley (menuda coletilla nos hemos aprendido en España –por ley- que lo mismo sirve para un roto que para un descosido) pues cogemos a los familiares con las cenizas, les damos un paseo, y previo pago de setecientos euros por garbeo, tienen derecho a una música suave, les leemos un poema y les damos una cajita con pétalos de flores. Ah pronto estaremos en más ciudades. Y se quedó con una cara como si acabara de salir del wáter. El hijoputa.



José Miguel Casado García ©

viernes, 8 de octubre de 2010

Entretiempo

Dice el diccionario de la Real Academia Española que el entretiempo es un periodo de la primavera o del otoño próximo al verano (por acercamiento o por alejamiento) de temperatura suave. Añadiría que el entretiempo no solo viene cargado de temperaturas suaves sino de infinitas afecciones, dolencias, malestares, trastornos, goteras, sufrimientos, padecimientos y demás perturbaciones que nos afectan en mayor o menor medida según los casos, pero siempre nos fastidian y hacen mella en nuestra vida diaria. No como enfermedades en sí mismas, sino como perrerías y plagas que nuestra pobre carne mortal sufre inmersa en este pandemóniun estacional del que somos rehenes. Me falta ir al oráculo de Delfos porque ya ni infometeo.com, ni Florenci Rey, ni la jamona de turno, ni si volviera el mismísimo Mariano Medina me saben decir qué tiempo va a hacer. No ya la obviedad del sol o de la lluvia sino los malditos cambios de temperatura que pasa de extrema a suave que me estás matando. Así arrastro como el que arrastra una carga pesadísima una bronquitis desde hace un mes que me parte el pecho y no se quita ni con friegas de agüita del avellano. La consecuencia de esto es que a los que nos gusta comer, el Señor nos castiga con las penitencias más peregrinas, es decir, el sentido del gusto y del olfato anulados desde que agarré la bronquitis de marras. Esas croquetas, esos cocidos insípidos, esas tortillas de patatas, agua son. Por la mañana hace frío, por la tarde calor y por la noche vuelve el frío. Así pasa lo que pasa. Te abrigas por la mañana y a la media hora estás sudando. Te quitas la chaqueta, errare humanum est, y el frío traspasa tu sudor con una daga tan traidora como la que mató a Julio César. La semilla está sembrada. Por la tarde calorcillo suave, por la noche fresquillo suave. Y sigues sin acertar con el atuendo, vive Dios. El paracetamol, el ibuprofeno, los corticoides, las aspirinas XL, las vitaminas vitaminadas y las pastillicas de colores corren por tus venas y el hígado es la farmacia viviente que intoxicamos y desintoxicamos según nos convenga por salud o por bacanales varias. Te vuelves un experto como los viejos del anuncio del jarabe y sabes de oído si lo que tiene el vecino de al lado es tos seca o tos con mocos. Los resfriados y ese asesino cobarde que cambia de cara según le convenga llamado gripe, campan a sus anchas. Esto en otoño, pero en primavera estamos en las mismas. Empezamos en marzo con un leve cosquilleo en la nariz, lágrimas picantes de nostalgia por el invierno y hasta junio estamos estornudando mocos y acordándonos del que inventó los olivos. Los antihistamínicos nos dan ese sueñecillo dulce que tanto necesitamos para trabajar o conducir. Resumiendo. Que en invierno vivimos muy a gusto con nuestros abrigos de día y con nuestras mantas paduana de noche y en verano con nuestro pantalón corto enseñando la pelambrera y nuestra cerveza fresquita. Pero ese baile de disfraces, de indecisiones, de templanza y de tonos pastel del entretiempo me enferma aún más. Ni el médico sabe si son galgos o podencos y cuando no sabe lo que tienes te dice que --eso anda ahora mucho por ahí---, como si fuera una moda fugaz o ---lo que tienes es un virus que como viene se va---. Qué cachondo el galeno. El entretiempo me cuesta la salud y me toca los cataplines un poquito.





José Miguel Casado García ©


http://www.youtube.com/watch?v=CwE-SLnLkqY

martes, 28 de septiembre de 2010

Historia del mosquito Juanito

Erase una vez un mosquito que nació en un charco cerca de una viña. Se llamaba Juanito. Tardó poco en crecer ya que se crió en un barrio conflictivo, convivía con otros mosquitos que lo llevaban por el mal camino. Sus padres estaban hartos de aconsejarle pero Juanito era un poco cabezota y todos los días le decían Juanito ten cuidaico por ahí que hay mu mala sangre._ pero por una oreja le entraba y por la otra le salía.

Un día el grupo de mosquitos decidieron volar hasta un mercadillo y ponerse hasta la boina de chupar, ellos lo llamaban así, era como su botellón. Nuestro amigo se decidió por una mujer gorda que gritaba ¡Muhere vamo muhere, a sinco leuros, a sinco leuros!_

Al ver esa cara de pan de maiz, Juanito se tiró en barrena hundiéndose en su papada, poco después acabó exhausto y pensó que había matado a la mujer pero esta seguía gritando: ¡a sinco leuros, a sinco leuros!_ . La travesía hacia su casa se hacía un poco larga porque el temible grupo de kamikazes que lo acompañaba, se había ido hace rato. En el camino de vuelta se cebó también con un pobre viejo y con un hombre que montaba en bicicleta, cosa que aprovechó para ir con el ciclista conversar un poco y descansar ya que iban en la misma dirección y prefería sentir el frescor de la brisa en la frente. Se hizo tarde y se fue a dormir.

Al día siguiente estuvo merodeando cerca de la viña hasta que decidió irse a la ciudad pero lo vio todo muy parado. ¿qué coño pasa hoy? Pero si es miércoles ¿desde cuando San Miguel es tan festivo?

Siguió husmeando por el centro y vió una manifestación, le picó a un hombre con barba y con pegatinas rojas en la camisa pero como vociferaban tanto se fue por ahí hasta que se le hizo de noche. Le dolía la cabeza. Veía a los típicos mosquitos colgaos de siempre alrededor de la luz de las farolas volando como posesos. _Que panda de colgaos_ y se metió en un restaurante con la gente cenando o tomandose unas cervezas. Vió allí a los mismos hombres que vió por la mañana con pegatinas rojas en las camisas. Reían y hablaban en alto. –Menos mal que este bar no ha hecho huelga—o algo así decían. El aire era templado, el otoño acababa de empezar, los colores ocres en las hojas de los árboles. Por la noche empezó a refrescar.

La gente también se volvió más gris y ocre como los árboles.

Juanito a su bola, empezó a chupar sangre. Primero empezó por el escote interminable de una mujer joven que había en la mesa de la esquina y acabó por el cogote húmedo de un niño que dormitaba en un carrito, diez mesas después, aquí se libró de morir porque el niño se rascó el cogote con el sonajero y por poco lo aplasta.—Hosti..qué susto la virgen—dijo Juanito.

Ya era la hora de cierre del restaurante y de la jornada. Los camareros decían ¿estos no son los de los sindicatos? Joder pues menos mal que no hemos hecho huelga porque hemos hecho el agosto--.

Al día siguiente el mosquito Juanito, despertó con la misma energía que el día anterior, vió el cielo claro. El día se presentaba fresco por la mañana y templado y agradable por la tarde

Ya veía en su vuelo rutinario que la ciudad se ponía en marcha, que ya no había manifestaciones. Se metió en un bar de esos típicos a eso de las una del mediodía con olor a croquetas y a tortilla. Cuando vió que el bar estaba lleno y la gente rebosaba de cerveza, recordó el título de un disco de Supertramp: ¿crisis? ¿qué crisis?





José Miguel Casado ©


sábado, 18 de septiembre de 2010

Famélica legión

Tengo comprobado ya más de una vez que los enanos crecen. Mis respetos para los enanos-. Cuando oí al ministro de trabajo Celestino Corbacho decir que ahora para cobrar la pensión van a computar los últimos veinte años de trabajo, en vez de los últimos quince como hasta ahora, me empezó a dar un ataque de risa que ya tengo los abdominales como Cristiano Ronaldo. Y encima jubílese a los 67 es por su bien. Vamos a ver unas cuantas cosas antes de que se me infle la…yugular. Los últimos veinte años ¿de qué? ¿de trabajo? ¿de qué trabajo? Pero ¿este hombre sabe lo que dice? No sé si habla de broma o directamente es una falta de respeto hacia los parados. Repito la definición de Barrio Sésamo: para trabajar veinte años por lo menos primero tiene que haber un sitio donde estemos todos los dias ocho horas fuera de casa. Esto se llama trabajo. Pero no hay, Celestino, ese sitio no existe para cuatro millones y medio de personas. Otro dato. No sé si fue al comienzo de la legislatura o en otro momento de este inefable curso político cuando se votó y salió favorable, por supuesto, una subida del sueldo de las señoras y señores diputados. Votación a puerta cerrada claro. Luego Zapatero dice en Oslo que España es un laboratorio de parados, que los parados que estén haciendo un curso no están parados. Este hombre tiene la facultad de decir vaguedades y obviedades todas en fila, un día sí y otro no, con cara de cordero degollado y se queda tan pancho. Sus asesores tienen que echarse a temblar cada vez que salga al extranjero y abra esa boquita de piñón.

Llegará el día que vayamos a la oficina del Inem a solicitar nuestra pensión de jubilación y nos dirá la funcionaria que le enseñemos la fe de vida laboral de los últimos veinte años. Imaginen en la ventanilla de al lado algún exministro para lo mismo y la funcionaria le solicite el dichoso papel, Celestino o Bibiana o Cascos (por poner tres ejemplos) soltarán una sonrisa chulesca y dirán con tono castizo de verbena de la paloma: --perdone es que hemos sido ministros y tenemos una pensión vitalicia a partir de la segunda legislatura. Los últimos veinte años para los romanos que tienen el pecho de lata.



José Miguel Casado García ©

sábado, 14 de agosto de 2010

Entre Sodoma y Nueva York

Desde hace tiempo unos se decantan por una actitud negativa hacia la vida en la ciudad y otros alaban las ventajas de vivir en la metrópoli o por lo menos cerca de ella. Es decir, en lo que ahora se llama pueblos del cinturón, como si la ciudad fuera una señora gorda que entre todos sujetamos.

Hay gente que vive a escasos diez kilómetros del centro y el transporte urbano tarda cuarenta y cinco minutos en llegar porque tiene que hacer la ruta por el cinturón del cinturón. Por las mañanas para ir a trabajar, aparte de los cuellos de botella con colas kilométricas, encontramos una autovía que se nos ha quedado pequeña y no nos hemos dado ni cuenta. A punto de cortarte las venas y ponerlo todo perdido llegas, ya dentro de la ciudad, a calles en las que la gente ha circulado durante dos siglos y medio en una dirección y ahora vas del revés, en otras calles, en cambio, te metes y miras a un lado y a otro escamado por esa tensa calma y esperas una emboscada de municipales o de alguna autoridad y lo que probablemente pase es que tienes tres o cuatro cámaras en el cogote para que no te quiten la multa ni con agua caliente. Ponte guapo que salimos en la foto.

Las pocas ventajas de vivir en la ciudad es que abarca los lugares de trabajo, o de paso, de casi todo el mundo, los hospitales de casi todo el mundo y casi todos duermen fuera de la ciudad. La gente necesita vivir cerca de la gente, necesita el bullicio de la capital, lo que algunos pueblos afortunada o desgraciadamente no tienen y son prácticamente grupos de casas en los que la gente duerme y se desplaza para vivir en la urbe. Es decir el pueblo dormitorio. Esto no es una costumbre, es la forma de vida de algunos pueblos del cinturón, sobre todo los que carecen de la vida que dan los comercios. Por supuesto no pasa en los más alejados de la metrópoli, aunque habría dos tipos de pueblos: los que son grandes en los que la gente encuentra de todo como en la ciudad y no superan los cincuenta mil habitantes y los que todavía conservan una vida rural, aunque sin envidiar en nada los medios y las comodidades de la sociedad urbana. Aquí encontramos la paz, la serenidad y el aire más puro, ternuras bucólicas aparte. Nunca comprendí el tonillo despectivo con la que algún pedante de capital califica a los que vienen de algún pueblo o ciudad más pequeña diciendo “…es que es de provincias”.

Quiero decir antes de que lo olvide que la preocupación por el medio ambiente en las ciudades es creciente y en sociedades como la nuestra, necesaria. Sin embargo las naciones se reúnen para firmar un tratado en Kyoto, en Copenhague o en Villaconejos de arriba pero unos dicen que firman y hacen lo que les da la gana y otros ni firman. Intentan salvar la tierra de los desastres ecológicos que producimos con residuos, centrales nucleares, incendios y mareas negras, pero resulta que la mierda de los países es tanta, que ya no saben donde meterla la entierran bajo el mar, el agujero de ozono creciendo o como hacen los franceses que alquilan un secano de Córdoba y nos comemos aquí sus residuos nucleares.

Yo ya no sé si vivir en la ciudad es óbice (como dice Juan José Millás ¿qué diablos será óbice?) para un repunte de enfermedades tan urbanas como el stress o de índole mental sobrevenidas como paranoias y locuras varias. Incluso el índice de suicidios es mayor que en sociedades más pequeñas. En palabras de algunos sociólogos partidarios de la vida rural, la mayoría de las ciudades son zoológicos humanos. Sin extrañarnos de nada, damos un paseo por alguna urbe de hoy en día (fuera de nuestro país, gracias al Altísimo), y podremos ver ejemplares que se presentan en un instituto o en un colegio, se lian a tiros y muere hasta el apuntador. Esto al otro lado del charco, porque aquí tenemos, quitando el terrorismo de los valientes gudaris, la marca “España profunda” de la que han salido asesinos o violadores de ascensor y portal -que por cierto nunca pagan bien lo que han hecho, con el dichoso tercer grado- hasta lo que pasó en Puerto Urraco por poner un ejemplo gráfico.

En las bíblicas Sodoma y Gomorra que han sido la bandera de la perversión y el vicio de toda la vida, o al menos eso es lo que dicen los curas, es probable que se viviera mejor que en nuestras urbes de hoy en día y la gente fuese todo el día en plan sibarita, rascándose la bisectriz todo el rato y en plan Pepe llena que nos vamos, pero por lo visto fueron unos incomprendidos y aquello acabó como el rosario de la aurora. En ciudades como Nueva York, que ostenta el título de capital del mundo y paradigma de la modernidad multimedia, multicultural, multirracial y multitodo de hoy en día, la gente vive con demasiada prisa y se empana la cabeza de preocupaciones esclavizados por el reloj. No solo en NY hay demasiado stress. Imaginen un ascensor averiado entre la planta ochenta y ochenta y uno. Tampoco tienen un aire para respirar muy limpio que digamos. También mis condolencias a los que tienen que vivir en el queso Gruyére que es Madrid con las obras, las vallas, los socavones, los ruidos y los atascos. Me da paúra como dicen los italianos.

No sé si en Sodoma pagaban mucho con el recibo del IBI o si la autovía hacia Gomorra se les quedó pequeña y no sé si en Nueva York tienen muchos badenes por las calles –imaginen esa 5ª avenida con el cartel de bandas sonoras- pero entre Sodoma y Nueva York, me quedo justo entremedias, aunque les envidie Central Park.


                                                                                                               José Miguel Casado García ©

viernes, 16 de julio de 2010

Mundial hipérbole (5 mg.)

Al igual que la primavera, el mundial de fútbol ha venido y nadie sabe como ha sido, ni por qué ha sido, ni si ha habido preavisos, ni nada de nada. De golpe. Darnos la enhorabuena porque no siempre ganamos un mundial de fútbol. Bueno ganan los jugadores nosotros no ganamos nada. Felicidades por lo que nos toque, aunque después de la final vamos a seguir igual de tiesos, los jugadores se han embolsado cada uno seiscientos mil euros que se dice pronto, o cien millones de las antiguas pesetas rubias que también se tarda poco en decirlo, leñe. La mitad de ellos sin jugar un solo minuto. En lo referente a la final es de justicia destacar que los holandeses son unos sucios y malos jugadores. En vez de la legendaria naranja mecánica debería llamarse la naranja podrida. Qué despliegue de patadas de kárate, entradas segadoras y llantos al árbitro. Me siento mejor al decirlo. Si algún holandés tiene algo que decir que me lo diga. Menuda pica en Flandes hemos puesto y nunca mejor dicho. Destacar la catástrofe francesa que no ha pasado de la primera ronda y es que sin Zidane y su equipo el entrenador ha convertido eso en una casa de lenocinio. La catástrofe italiana, la caida de Brasil y sobre todo la de Argentina con ese entrenador que no recuerdo ahora como se llama. Sobre entrenadores digo que Vicente del Bosque no es un mal entrenador (no olvidemos que es el mejor que ha tenido el Real Madrid en muchos años) lo que pasa es que se ha encontrado una máquina perfecta creada por Luís Aragonés que fue cesado por un tal Hierro y un tal Villar. Caprichos de la vida.

Desde otra perspectiva más jocosa aunque no por ello menos seria, el mundial no tiene los mismos efectos físicos y psíquicos sobre la gente. Dentro del abanico de efectos, hay varios tipos de sintomatologías o reacciones meridianamente contrastadas y diferenciadas.

En un primer grupo de personas, el mundial, en dosis elevadas, provoca hastío, cansancio, sordera, afonía y a posteriori, hernia de hiato. Estos están inducidos por dosis elevadas de partidos vistos junto a varias personas a las que también les guste mucho el fútbol y acompañados con cerveza fría, ganchitos, pistachos, pipas, etc. Ojo con los ganchitos a la hora de ir al servicio porque todo lo que tocan lo vuelven de color naranja. Otro factor importante de cansancio se debe a las nuevas televisiones planas, véase plasmas, LCD´s, LED´s, o HMFJS´s, que la gente se compra tamaño sábana de matrimonio aunque su comedor tenga cuatro metros cuadrados. Esta imprudencia deriva en dolores de cuello, tortícolis, ataques de lucidez, varias catarsis seguidas, complejo de culpabilidad y ganas de acostarse. También en estas personas se da una lucha interior y ascética, similar a Santa Teresa cuando veía cosas y la liaba. La batalla interna se da entre ver el partido de las cuatro de la tarde con el calor y la flama libre y sueltos por toda la casa o dormir la siesta después del gazpacho y el plato alpujarreño pensando en el ventilador nuevo. El factor partido soporífero influye mucho en nuestra desgana, nuestra desidia y en nuestras bocas abiertas por el sueño. También pertenecen a este grupo la gente tumbada en la piscina o en la playa pegados al ordenador portátil, a la tele del chiringuito, a la radio, o a sus pensamientos propios mismamente. Estos pueden experimentar alteraciones gastrointestinales viendo el partido de las cuatro, sobre las cuatro y cuarto más o menos, normalmente tras beberse el café con hielo encima de los calamares y de las sardinas. No falla en un 90% de casos.

Nos encontramos también a un subgrupo de gente que va al trabajo pero rara avis y en porcentajes cada vez más pequeños ya que la madre crisis (en estado embrionario también llamada recesión) ha parido cuatro millones más de espectadores para el mundial. Parado arriba, parada abajo.

En un segundo grupo los síntomas son euforia, proferir tacos muy contento en un bar durante dos horas sufriendo síndrome de Tourette y en menor medida trastornos bipolares y de personalidad múltiple. Nótese también la tendencia de estas personas a utilizar el plural mayestático, para hablar de su equipo favorito como si fuera una posesión suya o del membrillo con el que están viendo el partido. Es tal la campaña publicitaria que parece que cobren algo a final de mes del club que defienden con uñas y dientes. También se conocen trastornos como el síndrome “te quiero tio, no yo te quiero más” tras la octava o novena cerveza, o el típico de la cancioncita del camarero una de mero, o las típicas frases tipo Chiquito de la Calzada, como “cobarde, te mueves menos que Vicente del Bosque celebrando un gol”, etc. El mundial supone un mes temible para los camareros porque tienen que armarse de valor, heroísmo, empatía y tacos nuevos para aguantar sin llegar al contacto físico con hooligans de uno o de otro equipo. La euforia puede derivar, hacia el final del mundial o incluso antes, ya en los cuartos de final, en episodios de ansiedad, hipertensión arterial, síndrome de abstinencia, depresión y trastornos alimenticios de diversa índole.

En el tercer grupo la persona experimenta rechazo directo parecido a un periodo refractario traducido en reacciones alérgicas como urticaria y estornudos, cefaleas, nauseas y en un tanto por ciento minoritario, migrañas. Este tercer grupo se da principalmente en mujeres de mediana edad y poco probable en hombres, aunque hay algún caso. A los dos primeros grupos les gusta el fútbol, al tercero ni se lo nombres o nos exponemos a chichones, erosiones, arañazos o algún hostión producido por un ataque de ira. En este grupo suele haber una batalla diaria por el mando a distancia de la tele, porque uno quiere ver el fútbol y la otra quiere ver todo menos el fútbol y si hay niños de por medio hay que ver el maldito canal Disney o el maldito canal Clan, donde sale ese dios infantil, sempiterno, ubicuo y amarillo llamado Bob Esponja.

Mencionar el paisaje urbano sembrado de banderas como después de la batalla, esta vez victoriosa, por todas las casas como salvoconducto que nos libre de algo y que a mi me recuerdan a bienvenido mister Marshall. Hay gente que tiene en su casa la banderita que venía con el periódico doblada en un cajón o en el revistero junto a la Interviú y a la duquesa de Alba.

Esas fuentes de todos los pueblos llenas de gente con los cables cruzados, dando alaridos, nadando en dos dedos de agua y tocando el pito del coche y las narices de los que están en su casa. Gente que quiere dormir o que ha elegido la opción de estudiar, leer un libro, ver una película o estar en su sofá porque simplemente les apetece. Aunque creo que es para celebrarlo porque no siempre se es campeón del mundo. Pienso que la cuestión de la celebración es como el tema de los toros, al que no le gusten que no vaya a la plaza. Haced lo que querais respetando a los demás y sin molestar a nadie. Buen lema para una sociedad.







José Miguel Casado García