sábado, 18 de febrero de 2012

Los jubilados

       Son las nueve de la mañana y el supermercado abre a las nueve y media. Ya hay gente esperando para entrar y coger los primeros números de la panadería, de la frutería, etc. Tres grados bajo cero en una mañana soleada de febrero. Tensa espera y ansiedad. La edad de las personas que hay esperando supera los 65 años. No falla. Todos con su pijama bajo el pantalón. Más de una cadera se ha roto con las carreras sobre el suelo encerado hacia los números. En el suelo ya están pidiendo entre gritos de dolor una indemnización. Pasado el momento crítico de la apertura, dos jubilados hablan frente a la frutería. Los dos tienen una mano ocupada con bolsas de la compra y esperan que les toque la vez en la frutería. No se veían desde hace un mes en el baile del hogar del pensionista. –Gabriel cómo estás hombre no te veo desde el baile. Pepe hace gestos con la mano que le queda libre de bolsas. No veas como pegué cebolleta. –Tú lo que eres es un degenerao, le responde Gabriel. Oye ¿has pagado lo del viaje a Fuengirola?. Sí, pero voy a ir porque vamos pocos que si no, no voy. A mí no me verás con el Imserso porque va mucha gente y siempre hay que estar levantándose a las siete y cuarto para las visitar una capital en la que no estás y unos monumentos que están en el quinto pino. Que si ahora pa Toledo que si ahora pa Cuenca y siempre está el listillo que da el peñazo porque sabe lo que pasó allí o porque la mitad están meando y la otra mitad están comprando roscos y hay que esperarlos a todos. A Pepe se le infla la vena del cuello y para de hablar para coger aire. –Y yo así no voy a ningún lado porque no estoy para esos trotes. Yo mis viajecicos con poca gente y mis bailecicos y a arrimar cebolleta. Pepe es soltero desde que nació. Ya tiene 66 años y es jubilado de Telefónica. Un tio con pasta. En el hogar del pensionista le dicen “el chico de oro” pero él no lo sabe porque allí son muy discretos y sólo se dedican al dominó, al rentoy, al tute y al vino. Una guarida de espías, vamos. Todo amenizado con el soniquete de Manolo Escobar, Antonio Molina o la tele con el fútbol. Gabriel es un hombre de setenta años y mecánico jubilado. Es el encargado de echar la primitiva. Algunas veces se queda con algún dinerillo antes de repartir cuando toca algo, pero ya no se fía porque Pepe anda últimamente muy espabilado y sabiondo y está a la que salta. Gabriel es afiliado a un partido político y su mujer a otro partido diferente. Por eso cuando viene muy serio por el hogar del pensionista, es que ha discutido con la Puri. ¿Qué te pasa Gabriel?, nada que la Puri me ha fundido los plomos. La Puri ha llevado siempre una vida recta e impoluta y no ha faltado ni un domingo a misa desde que estaba en la sección femenina cuando era una muchacha de provecho. En cambio su marido Gabriel lleva toda la vida bregando en una multinacional trabajando de mecánico y es un rojazo y un ateo. Pepe sigue hablando de sus viajes a Fuengirola y de cuando estuvo en Benidorm viendo alemanas y a la ignífuga María Jesús y su acordeón. No veas qué tía. No se quema ni envejece. Pepe vive con su madre que tiene 96 años y está como una rosa, como él dice. Aunque viene una chica colombiana de treinta y tantos años a cuidarla y a la que Pepe no deja de imaginarla sin ropa. Pepe es un viejo verde. Manolo el “muelleguita” es el camarero del hogar del pensionista. Es un hombre ojeroso, taciturno, de sonrisa pirata porque le faltan unos cuantos dientes y tiene la boca como un escaparate de bastones. Es un hombre de movimientos lentos por eso es el camarero de los pensionistas. Ninguno es que sea muy rápido de movimientos que digamos y lo de “muelleguita” se lo puso algún gracioso de los que lo ven todos los días. A Manolo le pierde el tabaco y como es un fumador empedernido de Ducados, sale a fumar fuera cada quince minutos sin perder de vista la barra porque hay muchas manos largas entre los tahúres del Mississippi. Si no sale a fumar se le nota nervioso y cada vez más lento de movimientos como si se le acabase la batería poco a poco. Su amor por el tabaco le llevó una vez a cogerle prestados a su nieto un par de cigarros a escondidas. Lo malo es que estaban aliñados con una rara hierba jamaicana. Ese día Manolo ponía los vinos y las tapas con una extraña sonrisa y decía que era Charlie. El de los Ángeles de Charlie.

                                             José Miguel Casado ©

lunes, 13 de febrero de 2012

Los monguis

             Fue una mala elección. Comprarle al moro Ahmed “Carauvapasa” esos monguis fue una mala elección. No es que costaran muy caros, unos sesenta euros, sino que ahora estaban dentro de una película de dibujos animados y no sabían cómo salir. Julio y Pedro. Pedro y Julio. Dos amigos de la infancia que ahora uno se cree que es un chicle y el otro ve como las palabras de la gente vienen hacia él y explotan delante de su cara antes de comprender nada. Ni oye ni comprende nada. Pedro trabaja en un laboratorio y cuando era pequeño sobrevivió a un accidente de bicicleta. Cayó por un terraplén de diez metros. Un brazo roto y una brecha en la frente. Su madre le dijo que no cogiera más la bici. Pero ni puto caso. El niño iba en bici a todas partes. Doña Úrsula era la señora del kiosco de las chuches donde Pedro se gastaba la paga. Era un kiosco muy sui géneris. Tenía un patio con mesas y sillas en las que se sentaban los hombres a beber vino y jugar al dominó. En el kiosco de doña Úrsula también se vendía vino y cerveza aparte de garguerías. En aquel tiempo Pedro le compraba chicles y pipas. Su madre compraba aquellas patatas fritas a granel que estaban de vicio y que hacía la misma doña Úrsula. Pedro trabaja en un laboratorio de control de calidad de juguetes. Aplasta cabezas de barbis, quema ositos de peluche y le arranca la cabellera a muñecos cabezones sin piedad. Su amigo Julio trabaja de cartero ocasional haciendo sustituciones. Menudo caos Correos, dice él. Julio de pequeño ganó un premio en un concurso infantil de televisión. Ganó unas acuarelas y un parchís. Se quedó segundo. El primero ganó una Torrot BMX. Desde entonces es un resentido. Julio fue un empollón hasta 5º de EGB. A partir de las divisiones por dos cifras, se jodió todo. En el instituto, letras puras por supuesto. En clase de educación física en 2º de BUP, se partió la mano al caer de la barra de equilibrios cuando vió el escote de una chica que creía que todavía no tenía ese escote. Ahora Pedro y Julio están intentando salir de la película de dibujos animados en la que se han metido por culpa de las setas alucinógenas que le compraron al moro Ahmed alias “Carauvapasa”. Personaje de los bajos fondos, ex legionario, camello de poca monta y feo de cagarse. Ahora Pedro se cree que es un chicle y se pega a las paredes con los brazos y las piernas abiertas, hecho un San Andrés. Si se despega de la pared le da mucho vértigo y se marea y grita pidiendo socorro y diciendo. –¡Julio, Julio, lo veo todo en 3D como en el cine!. -¡Ayudame!. Julio, por su parte, ve las palabras salir de la boca de la gente y éstas explotan ante él antes de llegar a entenderlas. Pone la cara como si le hablaran en chino. Está cagado de miedo. Cuando la tarde se va y empieza a oscurecer llevan veinticuatro horas alucinando y la peli de dibujos animados que es su vida, termina. Pero poco a poco. Los dos están sentados en un banco del parque recordando los años de escuela a carcajadas. El efecto de los monguis se ha diluido en sus cerebros como un terrón de azúcar en un vaso de leche caliente. Un perro destartalado se para ante ellos y los mira extrañado. En ese mismo momento un taxi está a punto de atropellar a una vieja que cruza la calle por donde no debe. La vieja esgrime su bastón como una espada de madera, con esa rabia asesina que les sale a los jubilados cuando el planing del día que tienen previsto en el cerebro se les desvía un milímetro. El taxista manda a la vieja a la mierda y se va. Pedro y Julio sentados en el banco miran la escena en silencio y vuelven a reírse sin parar. La cabeza les duele como nunca. Es una olla a presión llena de recuerdos de muchos colores gracias a su experiencia alucinógena con los monguis. – Somos unos gilipollas por lo que hemos hecho. –Por eso los llamarán monguis digo yo. –Menudo viaje. La virgen. Todo esto muertos de risa.


                                                    José Miguel Casado ©

viernes, 3 de febrero de 2012

Sábado bizarro

             El café caliente es un bálsamo reparador y bendito que como una necesidad fisiológica te alivia y te reconcilia con un mal día. Pongamos que ese día es sábado. Una mañana de sábado medio laborable. Los sábados me ponen nervioso porque no me entero si son laborables. Son incómodos hasta las tres de la tarde más o menos. ¿Si el jefe me dice que vaya el sábado a trabajar, voy? Ni idea. Sabat. Los judíos sí que lo tienen claro. No mueven ni un músculo innecesariamente los sábados. ¿Irán al baño o esperan hasta el domingo?. Para mí el sábado, es un día limbo. Otro sorbo de café. Recomiendo mi cafetera. Es una Ufesa, que aunque vieja, es la mejor que conozco. Mucho mejor que esas pijadas de cápsulas de George Clooney, que hasta Dios quiere una. Cojones con los caprichos y los caprichosos. No tendrá nada mejor que hacer a su edad. Café en cápsulas. Si nuestros abuelos levantaran la cabeza cuando hacían el café en un puchero. Dentro había café o lo que fuese y fuera esperaba sobre la mesa de la cocina, ese jarro de lata resistente a los golpes y a la historia que junto a los sellos de las cartas, era un icono del siglo XX. Saboreo el café mientras pienso que la ayuda de Windows nunca me lleva a la solución del problema. La mañana de enero es demasiado luminosa para mí. Ni a través de la ventana. Cuanto más sol hace, más me molestan los ojos. No puedo soportar la luz estridente en mis retinas ni de fiestas ni de soles. El sol de invierno entra por los cristales como un río de luz que parte la habitación en dos. –Buenos días. El señor Murphy (el de la ley) me da los buenos días. En mi casa es plantilla fija. Cuando no está conmigo, está con el resto de la familia. No falla. Es un tipo consecuente con su trabajo. Murphy es un hombre de unos sesenta años. Delgadez asceta, casi mística. Gafas de hipermétrope, calvicie consumada y traje oscuro impecable con corbata y zapatos cordobán de negro impoluto. Me comunican que tengo que poner una lavadora y largarme de paseo con los críos. Murphy dice que nada es tan fácil como parece y que la conclusión que saque siempre será. equivocada. Yo le recuerdo aquel verano que estuvimos en Nerja en el que si en el conjunto de los océanos del planeta Tierra hay una sola mierda flotando, te la encuentras en la playa de Nerja o donde te estés bañando ese verano. También me recuerda que sólo él sabe por qué colocan el prospecto de las medicinas por donde abres la caja. Y aquella vez en el otoño del 93 cuando una herramienta (sea la que sea) cayó por donde más daño hacía. Murphy también me cuenta lo de los cables que se pueden conectar de dos o más formas diferentes, la primera que pruebes es la que causará más daños. Mientras miro el cesto de la ropa sucia pienso si cabrá todo de una vez en la lavadora. Murphy me susurra al oído que meta toda la ropa junta y que en una playa nudista todos suelen estar mejor dotados que yo. A Murphy le gusta dar consejos. No puedes seguir una conversación normal con él sin que te suelte alguno de sus consejos o de sus leyes. Le contesto que algo peor que eso es que haya ropa azul, roja, negra, verde, amarilla, rosa, blanca y no saber si se puede meter toda junta o por separado. B/N o color. –Pues eso que la metas toda junta. Luego suele salir con tonos rojizos. Timbre. Abro todavía en pantuflas. Veo a tres hombres enanos regordetes trajeados como presentadores de telediario y peinados con la raya del pelo en el mismo lado de la cabeza. Me miran. Pienso en si es una cámara oculta o si son los mini Blues Brothers, los de Lego fan club o si son empleados de Willy Wonka. Me da risa cuando los veo escanearme de arriba abajo como tres máquinas sincronizadas. Les pregunto cortésmente qué desean y me dicen sus nombres. –Somos el señor Moody, y los señores Standard y Poors y queremos ver a ese capu… Queremos ver al señor Murphy. –Sabemos que vive aquí. Mi teléfono móvil suena en el bolsillo del pijama. Es Murphy. –No les diga nada distráigalos como sea. Le llamaré de nuevo más tarde. Empiezo a hablar nervioso. –Así que ustedes –les digo a los tres hombrecillos- son los artífices de ese emporio de las agencias de calificación ¿eh?. Me miran como a quien le cuentan un mal chiste. Joder. Están tan bien sincronizados que parecen tres juguetes teledirigidos. Tres pequeñas chimeneas de vaho en una mañana helada de enero -¿Dónde está Murphy? Tenemos que verlo. –No está. Hoy no ha venido. Los tres zapatos derechos de los hombrecillos se mueven como si su dedo gordo quisiera escapar por la impaciencia. -¿Saben ustedes que la ley de Murphy prevalece sobre cualquier otra ley?. –Lo sabemos. Por eso estamos aquí. A partir de aquí, la voz de los enanos se torna oscura y amenazante. –Dígale que como no salga lo convertiremos en basura. O peor aún, dice el señor Poors. En bono griego. Sabe usted de sobra que basta con que nosotros digamos algo y se cumpla al instante. ¿Y sabe usted por qué se cumple? Los tres susurran ahora con los ojos muy abiertos y empinándose al hablar. –Porque nos tienen miedo y lo peor de todo. Porque nos creen. Pero ese cabrón de Murphy no nos teme y su influencia es demasiado grande. Las sienes empezaban a palpitarme y la cabeza me iba a estallar. Cuando desperté estaba en mi cama con una resaca 5XL del viernes anterior. Recordé que estuvimos en una cena con antiguos compañeros de colegio y la cosa se alargó. Había un vaso con algo efervescente en la mesita de noche. Mi mujer y los niños se habían ido de compras. No había nadie en casa. Sonreí y eché de menos a los tres hombrecillos trajeados. A Murphy lo ví poco después. Él nunca tiene resaca.


                                     José Miguel Casado ©

jueves, 2 de febrero de 2012

Justicia tuerta

          Desde que aquel inefable alcalde de Jerez dijo que la justicia es un cachondeo hace más de veinte años, la cosa no ha cambiado mucho. Nos ha tocado vivir a los de mi generación una época peor que la de nuestros padres en lo referente al empleo y la economía. Cinco millones y medio de parados y subiendo cuando escribo esto en enero de 2012. Lo peor de todo es que instituciones como la justicia están entrando en una crisis de valores y de resultados en la que el ciudadano de a pie se siente indefenso. Por lo menos yo. Los tiempos que corren son altamente nocivos para todos. Cuando digo todos quiero decir familias de clase media con hijos y con hipoteca. A la estatua de la justicia se le está curando la ceguera. Por lo menos, del ojo derecho. La dama de la balanza va a salir de carnaval con un parche en el ojo izquierdo, en su nueva condición de tuerta, vestida de corrupto capitán pirata. La crisis es un pastel que se presta a cierta demagogia y que salpica hasta a la justicia. Pedir justicia para unos padres que le han asesinado y violado a una hija es un acto justo y legítimo no un acto de demagogia. Es pedir justicia. Pedir justicia para un juez también es eso. Lo que pasa que pedirle algo a la justicia puede significar pedirle peras al olmo. Algunos dirán que se las arregle él solito. Pero estamos en un país de Caínes, de Sodomitas y Gomorritas y de cogérnosla con papel de fumar por si vamos de cabeza al infierno al instaurar la cadena perpetua. Un juez que juzgan en tres juicios diferentes por tres causas diferentes por si se escapa del primer toro que lo coja el segundo. Algunos juzgadores son ex compañeros suyos resentidos y corroídos por la envidia y la bilis. Cuando Garzón encarceló a media ETA, todos los partidos políticos estaban de acuerdo en decir joder qué bueno era. Que le pregunten a Federico Trillo que ahora rie los males del juez en silencio. Cuando Garzón abre proceso contra los crímenes del franquismo, qué hijo de puta y qué rojo es. Parece que es malo intentar enterrar en cementerios a cientos de miles de fusilados que todavía están en las cunetas de toda España y a los que sus familiares buscan desde entonces. Los buscan no como un acto político como algunos quieren que sea, sino como un acto humano de querer enterrar al padre o al abuelo en un cementerio por si quieren llevarle flores y llorar por fin frente a su lápida. En este segundo juicio, medio mundo se lleva las manos a la cabeza y a muchos se nos cae la cara de vergüenza de vivir en un país que persigue a los jueces investigan crímenes de guerra de una dictadura ya sea fascista o estalinista. Gracias a la acusación del “sindicato” fascista Manos Limpias en las que se ha dejado llevar por el juez instructor (otro ex compañero de Garzón) a modo de “poned esto en la acusación para que salga adelante”. La fiscalía y la defensa están escandalizadas y de acuerdo en que se ha atropellado a Garzón y la parcialidad del juez instructor. El primer juicio al juez juzgado, es sobre escuchas telefónicas “ilegales” de la trama Gürtel y encauzado por el juez instructor ex compañero del reo. Las supuestas escuchas ordenadas por el juez Garzón son en la cárcel entre acusados del caso Gürtel (de la que a estas alturas sólo tenemos la punta del iceberg) Correa y Crespo y sus abogados, pero no para desmontar su estrategia de defensa, como dice el abogado defensor lumbreras y ex compañero también de Garzón, que no puede ser más rastrero y resentido, sino porque los mismos abogados están implicados en movimientos de dinero de los acusados a paraísos fiscales. Cuando se hizo esto se habían detectado previamente movimientos de grandes cantidades de dinero de cuentas de los acusados a Suiza o Belize. Blanqueo es la palabra. El mundo entero está mirando perplejo con la boca abierta y con los ojos de más de 200 periodistas acreditados para seguir los juicios de la vergüenza. Sigo pensando en que la justicia se está recuperando de su ceguera severa y se ha quedado tuerta en un país en el que unos padres ven impotentes que el asesino de su hija no les dice dónde está el cadáver y sólo le caen veinte años de los que no cumplirá ni la mitad, unas fuerzas de seguridad atadas de pies y manos para hacer hablar a un asesino y violador, un juez juzgado por investigar los crímenes del franquismo, unos políticos que aceptan regalos a cambio de favores y no les pasa nada y un yerno del rey que se puede ir de rositas también porque viendo lo que está pasando a lo mejor se libra porque el delito prescribe o porque es rico y poderoso. Que por cierto telefónica le ha renovado el “contrato de trabajo” por cinco años más y a cobrar 1,4 millones de euros por año. Gastos de colegios de los niños aparte. Porque tú lo vales y por lo bien que lo has hecho. Y por tocarse los huevos a dos manos. No hay más ciego que el que no quiere ver. No quiero olvidarme del pobre Miguel Montes Neiro que sin tener delitos de sangre lleva en la cárcel desde 1976 y juegan a enseñarle el caramelo del indulto pero sin dárselo del todo. La justicia es igual para todos. Una mierda como el sombrero de un picador.

                                   José Miguel Casado ©

viernes, 27 de enero de 2012

El proceso

     A eso de las ocho y media amanecí un domingo. Torpe y dormido, como un oso que sale de la hibernación, bajé las escaleras sin hacer ruido para no despertar a los demás. El maldito microondas hace más ruido que una reunión vecinal de tartamudos. Tiene más pitidos que las fiestas del pueblo. Café con leche. Tostada de aceite y ajo. Inciso. Me encanta el ajo. Pero los que tienes cerca te condenan al ostracismo más absoluto. Te conviertes en un arma biológica con gafas. Mientras bebo café pienso en cómo enfocaré el proceso. Cómo se supera el pánico inicial. Ese horror vacui a lo infinito y que se enfoca de mil millones de maneras diferentes y lo mismo tardas un minuto que cinco años. Y con mil millones de técnicas diferentes. Es algo tan vasto como el horizonte oceánico que ve un náufrago desde su madero. Es como asomarte a un precipicio que te hace cosquillas en el estómago y te repele. Pero te atrae al mismo tiempo. A través de la ventana veo cómo cae la lluvia. Hace frío. En el salón ya se oye a Bob Esponja. Ese ser omnipresente que oyes aunque no esté. Sigo viendo la lluvia a través de la ventana de la cocina. Mi mano derecha sostiene la taza de café con leche. Esa espada flamígera de los domingos que te da alas y con la que eres capaz de emprender las más descabelladas empresas. Y te crees poderoso porque crees que eres libre. Porque ese día es así. Los demás días solo sostienes una taza de café. Mientras la cafeína activa neuronas como interruptores apagados, se enciende de nuevo el proceso en el cerebro. Vuelvo. El proceso o cualquier otro pensamiento parecido a ¿no se puede mejorar el sabor del Frenadol? o tengo que comprar el periódico, tengo que leer estupideces inexorables porque no me queda más remedio o tengo que cambiar la bombilla del patio. Otro producto de la paranoia continua en la que me tiene el proceso y que cojo al vuelo porque casi se me escapa, me sumerge desnudo en el patio mojado bajo la lluvia. La vecina cotilla ya tiene material para años y el vecino bipolar empieza a hacer fotos. Mi cabeza vuelve a la cocina con un escalofrío recorriendo el espinazo. Estas ocurrencias son el impuesto que hay que pagar por devanarte los sesos y que van a acabar conmigo.  En la ducha sigo pensando en el proceso que me hace buscar miles de motivos para empezar y que proyecto como una cascada de iconos. Pero no sé cómo. Con la cantidad de cosas que hay coño. No entiendo a los que se dedican a eso. Y algunos hasta ganan dinero aunque la caguen. Lo importante es que la gente te conozca y luego para bien o para mal, ya se sabe. Con razón algunos… Nada. Todo es un pandemónium como una “canción” de black metal, que oyes mucho ruido pero al final te queda un caos en el tarro, que si no te estalla a lo mejor puedes sacarle algo. Mejor el ejemplo de un vino que te deja un buen sabor de boca. O su recuerdo antes de probarlo por segunda vez. Abro la puerta del patio y lleno mis pulmones de olor a tierra mojada. Adoro ese olor. Cierro rápido para que no entre el frío en la casa. Corriendo me voy al sótano donde creo que voy a comenzar la obra faraónica a la que me ha llevado el proceso. Por fin voy a desenmarañar la madeja. Por fin voy a juntar las piezas del puzzle a ver qué sale. Antes de matarme escaleras abajo con las zapatillas en chancla, de nuevo me asalta la duda. Dios otra vez no. Hay que empezar ya como sea. Ya lo he demorado bastante, me niego a retrasarlo más. Aterrizo en el sótano por fin como un águila caótica. El proceso es ya impepinable y va hacia adelante. Antes de nada me pongo la bata blanca de científico loco y pongo en la oreja a Ryuichi Sakamoto para que me baje un poco la cafeína. No hay vuelta atrás. El proceso inicia su andadura. Miro el blanco infinito del lienzo y empiezo a pintar un cuadro.

                                                                                               José Miguel Casado ©

miércoles, 4 de enero de 2012

La Toma de Granada

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy muy seguro.”

                                                                                                                                   Albert Einstein




      El día 2 de enero en Granada es una carrera hacia la meta de la imbecilidad más absoluta. Un día 2 de enero de 1492 el rey Boabdil capitula y entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos. Desde el siglo XIX se conmemora esta fecha con un tremolar de banderas desde el balcón del ayuntamiento y con la parafernalia propia de cualquier efeméride histórica de cualquier ciudad que ame su historia. Entre las filas de los maceros desfilando, soldados y el alcalde con los concejales, se encuentran tres bandos. Los de extrema izquierda, los de extrema derecha y en medio los de la gente normal que se pasan por la plaza del Carmen o que están de paseo con la familia como cualquier día festivo. El coro de los illuminati de la extrema izquierda voceando su verdad por un lado de la plaza e identificados y confundidos con ideas y banderas independentistas, perro-flautas, anti-sistema o como queramos ver al circo y a los payasos. Se ponen del lado del progreso y del pobre musulmán magrebí expulsado por los fascistas reyes católicos. Ojo con llamar a los musulmanes, moros ya que es una palabra también del glosario fascista. En el coro de los otros illuminati de la extrema derecha nos encontramos con los ociosos abuelos cebolletas cantamañaniles que cara al sol y brazo en alto ladran la vuelta de Isabel y Fernando y del pequeño ruiseñor. Todo ello con sus banderas preconstitucionales y sus camisas oscuras del siglo pasado. Total. Una vergüenza. Sin embargo aunque en el siglo XV los Reyes Católicos expulsaran a los moros y se cargaran hasta al apundador, era el siglo XV y las guerras se hacían así. Si Boabdil no hubiese sido expulsado a su tierra, Granada a lo mejor hoy sería otra provincia de Marruecos ¿no?. Los 300 espartanos dieron su vida en el desfiladero de las Termópilas pero antes hicieron albóndigas con los persas que representaban no solo a los malos sino a la peor idea de todas: el fanatismo. Que no quiero ser demagogo pero la historia es así aunque luego no le guste a los que viven cómodamente, sean de la izquierda mora o de la derecha racista, en un país democrático cinco siglos después. Cualquiera de Málaga, de Jaén o de Australia que estuviese de vacaciones en cualquiera de los múltiples hoteles de la ciudad más turística de España, se preguntarían ¿Pero qué espectáculo es este? ¿Es que en esta ciudad se han vuelto todos gilipollas?. Para más inri matan al mensajero y le parten la cara a un periodista por ser de un medio determinado y no de otro. Me da igual del medio que fuera el periodista. Es una auténtica aberración y una vuelta al pasado más cavernícola cargarse derechos fundamentales como la libertad de expresión. Que no estamos ni en el Congo, ni en Irán, ni en México, ni en Rusia.

                                                                              José Miguel Casado ©


viernes, 23 de diciembre de 2011

Paisaje tras la lotería

         Para mitigar el vacío y la desolación que me deja el sorteo de Navidad de la lotería, ya a toro pasado y tras comprobar que la fortuna ha dado la espalda a mis números, pongo en el comprobador de internet el número del gordo y una cantidad jugada. Pongamos por ejemplo sesenta euros y debajo sale: Le han correspondido un millón doscientos mil euros. Lo hago varias veces. Es mano de santo y quieras o no, te relaja un poco y te cura en parte ese hueco y esa cara que se te queda siempre después de perder lo que has jugado y ver que no te ha tocado ni un céntimo. Es como un post operatorio que hay que seguir cuidadosamente. Un año más. No es que sea ludópata pero en Navidad que si un décimo de la prima de Utrera, otro del colegio de los niños, otro del bar y así vas sumando y subiendo y mayor es el batacazo. Creo que influye algo en nuestro cerebro el anuncio hipnótico del hombre calvo de la lotería que va soplando el polvillo de la suerte por donde pisa. Este año el calvo no estaba y salía una fábrica de bolas de lotería. Una fábrica enorme, casi alemana, en tiempos de paro endémico. Son ganas de provocar. No sé. A decir verdad este año no llevaba muchos números porque ni siquiera tengo horno para los bollos del refrán. Hay un cura en un pueblo de Granada donde el año pasado le tocaron cien mil euros. Después del susto inicial, ese ¡ay! que todos daríamos con cien mil euros (y con menos) que nos tocan en un sorteo, el hombre lo está repartiendo todo entre las familias necesitadas del pueblo y apuntándolo todo, cual tendero de ultramarinos, en una entrañable libreta en la que lleva las cuentas de la vieja al dedillo. La verdad es que hoy en dia con la que tenemos encima hay que estar hecho de una pasta muy especial para hacer eso. Hay gente que le pide para comprar comida o para pagar el recibo de la luz o seis mil euros que dio para un niño enfermo. Eso es un cura con dos cojones y consecuente con la teoria y con la práctica no ya de la Iglesia, sino del sentido común. Otros curas, ni en la práctica ni en la teoría. Podían tomar ejemplo desde ellos mismos hasta las imágenes de sus iglesias que algunas parecen raperos poligoneros con la cantidad de oros que les cuelgan. Este año la cantidad que toca en los premios de la loteria de Navidad ha subido. De trescientos mil a cuatrocientos mil euros al décimo por el mismo precio. Qué derroche de generosidad, pensarán algunos, por parte del estado que nos aflige y nos compunge cuando nos aprieta el cinturón casi hasta dividirnos como a células indefensas. Pellizquémonos y despertemos al que se haya quedado dormido por si sueña. Ni que decir tiene que las probabilidades de que el gordo sea nuestro número son mucho menores porque hasta el año pasado se jugaba hasta el número 85.000 y este año se juega hasta el 99.999. Casi nada. Subimos los premios pero ya redondeamos y metemos hasta cien mil bolitas en el bombo. No podía faltar la figura navideña del político al que mientras están juzgando le tocan un huevo de millones. Ya pudiera haber un millón de bolas en el bombo que le toca. Con la crisis que hay, como si dijéramos “con la gripe que hay”, la crisis es ya una cuestión casi de salud pública, la recaudación de las loterias crece exponencialmente. No falla. Cuanto más tiesos estamos, más viciosos nos volvemos. Yo ya no sé qué ritual seguir para que toque algo. Desde disfrazarte con muchas moneditas pequeñas pegadas al cuerpo como algún lumbreras de los que salen en la tele hasta visitar a alguna tribu del Amazonas a que me suelten con una cerbatana, vía nasal un viaje de peyote. Menudo viaje. Hasta el día 22 de diciembre me lo han cambiado. Recuerdo como un ritual antiguo, cuando veía de niño a los niños de San Ildefonso por la tele. Siempre en pijama y sentado bajo las enaguas de la mesa camilla. El colacao, las galletas, el tebeo, etc. En la calle hacía un frío del carajo. El gordo siempre tocaba donde había caído la gota fría ese año. Siempre tocaba en Madrid y en Valencia. Ya ni eso. Ni siquiera hay gota fría. El invierno es ahora un sospechoso calorcillo primaveral raro, raro, raro, como diría papuchi. Antes casi todo venía de Madrid. Los invasores de Marte venían de Madrid, Pixie y Dixie venían de Madrid, hasta los niños venían de Madrid y no de Paris. Mi amigo Paquito Corbalán me decía que todas las tias buenas que salen en la tele, los anuncios y todas las películas sin excepción, venían de Madrid. El gordo o los siguientes premios siguen cayendo en Madrid. O de Madrid para arriba. Está claro, toca donde han hecho el anuncio del calvo de la lotería. O cayendo en lugares donde me veo siempre diciendo desde que era un niño, “joder qué lejos” como Huesca. Y apago la tele.

                                                                   José Miguel Casado ©


domingo, 11 de diciembre de 2011

Cada uno en su sitio

         En un zafarrancho de combate como caso extremo y en las situaciones de emergencia, generalmente para la llegada a buen puerto del desaguisado y del estropicio, es imprescindible que cada persona esté en su puesto a la hora de los tiros. Desde la última rata del barco hasta el capitán. Esto es impepinable. En un país con tradiciones tan ancestrales como la envidia, la chapuza y el bandolerismo público nuestras luchas y batallas no han salido muy airosas a lo largo de la historia. Ni las antiguas ni las modernas. La picaresca, hermana mayor y matriz de todas las costumbres desastrosas es la que ha acrecentado nuestra leyenda. Lo peor es que la leyenda se convierte en tópico y medio mundo nos toma por el pito del sereno. No solo avergonzado estoy, como estado de ánimo en general, de que un miembro de la familia real, cuasi príncipe, esté a punto de ser procesado por evasión de dinero público sino que me sale a borbotones la palabra, tantas veces manida en este tiempo, de la indignación. No es solo por eso sino porque a la casa real se le asignan todos los años casi nueve millones de euros de las arcas del Estado. Por no hablar de la casa de Alba que también recibe tres o cuatro millones al año de subvenciones para mantener una familia y sus fincas. Dinero público para mantenidos. Volviendo al Ken real con la infanta Barbie real. Está en Washington trabajando. Hubo que buscarle un trabajo importante muy bien remunerado a la infanta (ella lleva años allí trabajando) y al ex jugador de balonmano. Expertos financieros ambos. A la hora de hablar de monarquía o república, todavía hay gente que se lleva las manos a la cabeza como si el rey y su casa fueran un dogma de fe indiscutible y la república una idea pintoresca de perro-flautas. La monarquía es un sistema anticuado e injusto. Con la república el pueblo elige al jefe del estado cada equis años, por medio de un referéndum justo y no hay una familia real elegida por la gracia de Dios que está siglos dando la brasa y estrujando las vacas gordas en tiempos de bonanza y las vacas flacas en tiempos de sequía y de crisis. Mientras tanto familias y familias desahuciadas cada día que pasa porque no pueden pagarle al banco y sin un trabajo que llevarse a la cara. La maquinaria del Estado sigue haciendo su trabajo: dar todos los años a la familia real nueve millones de euros de las arcas públicas. Es duro que te partas el pecho por ochocientos euros mensuales, porque el mileurismo ya casi es una quimera y veas en la tele a estos caraduras vitalicios. Otro disparate del despilfarro dinerario es hacer obras que valen varios millones de euros y luego no sirven para nada porque no son viables. Aeropuertos y ciudades dormitorio vacías porque nadie ha comprado ni un ladrillo. Ni el caso sangrante de deportistas de élite que ganan como si les tocara la primitiva todos los meses. La olla a presión se te llena de violencia y como en un videojuego escoges un arma entre veinte y te lanzas a la calle, como Michael Douglas en “Un día de furia” porque estás hasta los huevos. Pero controlas. Un calentón lo tiene cualquiera. En una situación de crisis gorda como la que tenemos es imprescindible que cada uno esté en su sitio. Exigirle al rey y a los políticos que estén ahí cuando tienen que estar debería ser lo obvio. Pero al olmo no le pidas peras.

Hagamos un poco de autocrítica los que no somos ni reyes ni políticos. Por ejemplo que el funcionario no desayune una hora si tiene solo media, que si tienen que echar dos horas más a la semana que las echen, que no se hernian. Hay otros mucho más jodidos que ellos y que cobran mucho menos y a lo mejor no pueden ni quejarse. Que el enfermo no muy enfermo no vaya a urgencias a dar la matraca, que el estudiante sea responsable de estudiar y se dé cuenta del privilegio y la suerte que es tener una escuela pública y los padres y madres que sean responsables de los buenos modales de sus hijos y los profesores se responsabilicen de enseñar. Que jueces que procesan a otro juez que investiga otro “dogma de fe” como el franquismo, no procesen a un juez que quiere saber la verdad. Que esos mismos jueces no absuelvan a los maltratadores. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Eso si es un ejercicio de prevaricación y de irresponsabilidad. Por lo tanto, cada uno a lo suyo si queremos salir de la caverna. Porque hasta ahora las ratas del barco son las que han estado en su puesto y el capitán y los oficiales son los que nos han fallado.

                                                                         José Miguel Casado ©

martes, 6 de diciembre de 2011

Gustavo Alcalá-Zamora

“Annorum vinum, socius vetus et vetus aurum”




      Los comienzos nunca fueron fáciles. Corrían los primeros años noventa del siglo pasado cuando Gustavo Alcalá comenzaba en la Facultad de Bellas Artes. Tras alternar los estudios con su labor de bajista en un grupo de rock y con trabajos variopintos, deja la facultad para trabajar a piñón durante otros tantos años. Afortunadamente se dio cuenta a tiempo de su verdadera vocación y actualmente está terminando sus estudios y se va a doctorar en Bellas Artes. Como le gusta decir a él, se cayó del caballo a tiempo como San Pablo y para aguantar el chaparrón infame del paro a la intemperie por lo menos hace lo que realmente le gusta. Crear. Y no le va nada mal. Su trabajo pictórico recuerda, salvando las distancias, al Cézanne que dejó atrás el impresionismo, para desarrollar un estilo pictórico propio, nunca visto hasta entonces. Si el impresionismo fue aire fresco, Cézanne abrió las ventanas a nuevas vanguardias. Creo que es un pionero en su estilo, aunque la palabra pionero suene a osadía impronunciable por muchos cobardes de nuestro tiempo. Decía Karl Heinz Stockhausen que un genio debe demostrar que lo es a través de su obra. Es su obra la que nos dice lo que piensa y lo que opina de la realidad particular que tiene cada genio a su alrededor. Son esos colores sobre las líneas rectas de paisajes urbanos, las que nos hablan de un excelente referente de la pintura del siglo XXI. Ante todo es mi amigo. Uno de los mejores. A destacar son su bondad de madre Teresa de Calcuta y su generosidad infinitas. Es ese Buda sonriente que tenemos que poner en nuestras vidas, que nunca tiene una mala cara por nada y que te alegras cada vez que lo ves. Su fuente inagotable de sabiduría la comparte como el niño que comparte su bocata en el recreo. Sin esperar nada a cambio. Es la hormiga en ese cuento que es atravesar los desiertos áridos de la incomprensión y de los portazos en las narices cuando has llamado a ciertas puertas que creías abiertas. Inasequible al desaliento y poseedor de esa capacidad innata e infinita de aprender y de adquirir conocimientos que tienen los genios. Cuando no está dibujando o pintando está pensando en dibujar o pintar. Su cabeza siempre en ebullición tiene a las musas exhaustas, pero siempre fieles y presentes. Es un cultivador de amigos y un amante de su familia. Su verdadera riqueza es un amigo a su lado junto a un café y una conversación. Es un amante de la vida y del buen rollo. Es la amistad personificada. Republicano reincidente y obstinado como el que más. De casta le viene al galgo con antepasados de apellidos tan ilustres como el suyo en su patria chica Priego de Córdoba (su verdadera patria es el Zaidín) allá por la Segunda República. Y a mucha honra.

La obra de Gustavo Alcalá-Zamora no se podría enmarcar en ninguna corriente pictórica actual. En una sí. En la corriente de la belleza. Es ni más ni menos ese aire fresco salvador para los sentidos y para las retinas, acostumbradas al tedio colorista y kitsch de tantos pintores academicistas y políticamente correctos de nuestro tiempo. Es ante todo, un gran dibujante que sabe lo que hace y lo perfecciona en cada cuadro que termina. Da a luz obras magníficas en las que vislumbramos la máxima expresión del arte y en las que vemos que están hechas con el material del que están hechos los sueños.

                                                                              José Miguel Casado ©

domingo, 27 de noviembre de 2011

Mujer en Afganistán

      Cada vez que leo el periódico me pregunto si estoy leyendo noticias a sabiendas increíbles paridas por los directores y redactores de esos periódicos o puestas adrede ahí para concursar a ver quién cuenta la mentira y la falacia más gorda y atroz. O eso. Paridas simplemente. Pero no. Me doy una vez más de narices contra el muro de metros de espesor de acero y hormigón de la realidad. Cuando lees que una mujer afgana llamada Gulnaz, ha sido condenada a doce años de cárcel tras ser violada por el esposo de su prima. Lees que las leyes afganas consideran la violación como un adulterio, al tratarse de sexo con un hombre casado. Lees que la chica de 19 años deberá casarse con su agresor si quiere ser perdonada y que aceptará para que su hija producto de esa violación pueda seguir teniendo una madre. Lees que el agresor niega haberla violado y ha dicho que la chica será asesinada por su familia por la vergüenza de haber sido violada. El poco cerebro operativo que te queda tras leer esto acaba de cargarse tu lucidez, blasfema, clama venganza y te hace justísimas reivindicaciones. Y lo primero que hacen tus lágrimas es salirse ojos abajo. Hace falta ser hijos de puta. Desde el primero hasta el último. Sistema judicial de ese “país” por llamarlo algo, incluido. Otra chica ha sido abandonada en el desierto después de que su tribu le cortara la nariz porque abandonó a su marido con el que la casaron con 16 años. ¿Contra qué luchan las tropas de tantos países en Afganistán? ¿Contra los talibanes? ¿los jueces también son talibanes? ¿Por qué no evacuan a todas las mujeres y niños de ese país y dejan a los hombres solos?. Ni los rusos antes ni los americanos ahora. Afganistán seguirá siendo la cuna de la barbarie, anclado en la edad media con mentes de la edad media pero con armas modernas. Qué impresionantes logros y avances en materia de derechos humanos ha habido en ese país desde que las tropas occidentales están allí. Ni en la más oscura edad media se vieron tantas barrabasadas y vejaciones como estamos viendo en nuestro tiempo. Ni con los omeyas, ni almohades, ni en el califato de Córdoba en el siglo X y XI por poner uno. Tardé en verlo pero lo ví con la destrucción de los Budas de Bamiyán en el 2001 por parte de los talibanes. Unas estatuas que llevaban ahí desde el siglo V o VI las destruimos en el año 2001. Unas estatuas que han soportado la edad media, han soportado dos guerras mundiales, pero no han soportado el fanatismo en pleno siglo XXI. 1500 años de historia destruidos por razones religiosas. Hace falta tener pocas luces. No encuentro palabras políticamente correctas para definir la sinrazón y la barbarie a la que están sometidas las mujeres en tantos países. Del tercer y del primer mundo. Pero en este caso es tan flagrante, tan adrede y tan lleno de maldad que las cabezas huecas están institucionalizadas hasta en los sistemas judiciales y supongo que nadie puede levantar la voz ni hacer nada. Y no faltará el imbécil abierto de miras que diga que eso es su cultura y hay que respetarlo. Como la ablación del clítoris a niñas de corta edad en algunos países de África. ¿Cómo se puede hacer eso? ¿Cómo es posible que un ser humano haga eso con sus hijas? ¿Qué se le pasa por la cabeza a los que cometen tales crímenes? Por aquí vamos ya con la vergüenza de cincuenta o sesenta mujeres muertas ya a manos de sus parejas. Esto daría para varios artículos extensos. Que nos estamos metiendo en la segunda decena del siglo XXI y mira como estamos de mierda todavía.


                                                                         José Miguel Casado ©

lunes, 14 de noviembre de 2011

Nos vemos en Marte

              Un astrónomo inglés calcula que la probabilidad para que conquistemos otro planeta antes de cargarnos el nuestro es del cincuenta por ciento. El inglés dixit. La historia universal corre paralela a la carrera espacial como una huida hacia adelante permanente. Hacia un progreso inexorable. Es otra batalla que hay que ganar pero que puede durar siglos. No nos queda más remedio después de superar ya los 7.000 millones de terrícolas que rezar para que a algún lumbreras no se le ocurra apretar el botón nuclear y salir pitando no ya a la Luna sino a Marte. Es el planeta más parecido a la Tierra y el más próximo. Antes de destruir la Tierra tenemos que tener resuelta por lo menos la próxima estación en la que bajarnos porque si no, nos vamos todos a hacer puñetas sin escapatoria. El 4 de noviembre pasado, regresaron los seis tripulantes de un vuelo tripulado (simulado) a Marte. Tras abrir la puerta, hablan de su ostracismo voluntario de 520 días. La cosa parece un chiste. Un ruso, un francés, un chino, un italo-colombiano, etc. Los tripulantes estuvieron en la “cabaña marciana” porque era lo más parecido a una casa de madera de Ikea, pero con la puerta y las ventanas cerradas. Aunque estuviesen en el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú. Han señalado que para sobrellevar año y medio encerrados fueron vitales las sesiones regulares de ejercicio, la lectura, aprender idiomas y sobre todo mantenerse ocupados con más de cien experimentos científicos llevados a cabo. El italo-colombiano leyó a García Márquez, el francés tocaba la guitarra eléctrica, jugaba a las cartas y aprendía ruso, mientras el chino hacía caligrafía, leía libros de historia y daba clases de mandarín a sus compañeros. Todo esto con internet, claro. Una especie de “aquí no hay quien viva” pero multicultural. Acabaron hablando una mezcla de ruso e inglés. Rusglés. La verdad es que hay que estar bien preparado física y mentalmente para controlar todo lo que les pasa sin ningún peligro psicológico y sin ningún atisbo de crisis de identidad y roles cambiados. Imaginemos que cuando llegan a Marte o a la Tierra el chino dice ¿yo era el colombiano, el ruso o el padre del ruso? Y el ruso ¿yo era el americano o el francés?.Y así toda la tripulación. Como todos hablan el idioma de todos eso era un sin dios. La freidora con calamares a la romana que se incendia y que lia una humareda enorme ¿qué hacemos Dimitri? ¿abrimos la ventana de la nave?. Hala todo lleno de materia oscura y neutrinos. Con lo que eso mancha. Supongo que para un viaje de dos años de ida y dos de vuelta no comerán comida liofilizada. Por otro lado y sin que sirva de precedente, días después del regreso de los seis héroes, la agencia espacial rusa Roscosmos lanza desde el cosmódromo de Baikonur en Kazajistán, la estación interplanetaria Fobos-Grunt. Se dirige hacia la luna marciana Fobos, pero por el camino, se escacharra. Tras intentar arreglarla a distancia, tenemos que esperar otra vez mirando al cielo como temerosos de una plaga divina a ver si nos cae en la cabeza otra vez, el dichoso ingenio ruso. Así que en diciembre tendremos pedrea de once toneladas de acero y varios productos tóxicos como el tetróxido de nitrógeno. Cuando no es una sonda es una estación espacial entera. Menos mal que siempre cae en el Pacífico. 170 millones de dólares que caen al océano. Lo malo es que no tengamos preparada una nave fiable hasta mediados de siglo y un asteroide nos dé un chinazo antes y nos descalabre a todos. Como si es un pedo nuclear, un desastre natural o un desastre biológico como nuevas cepas de enfermedades. Paisaje para jiñarse vivos. Somos tan fuertes como una hoja seca de árbol. La raza humana es como un niño que deja los deberes para el final. Un día cualquiera de junio del año 2064 hacia las tres menos cuarto de la tarde. Calor que derrite el asfalto de grafeno-antigravedad . Siesta con aire acondicionado de sabores. En el horizonte se ve un destello. El asteroide mortífero toma contacto con la atmósfera terrestre y el astronauta sigue arreglando la nave que nos llevará a Marte. –Manolo date prisa con el cigüeñal, que ya viene el peñasco por el horizonte. Los hermanos Marx en Marte.

                                                                           José Miguel Casado ©





jueves, 10 de noviembre de 2011

Apologías




              Yo no es que sea un experto en arte pero admito que me gusta la pintura. Hay genios como Leonardo Da Vinci que pintando apenas veinte obras, han alcanzado las más altas cotas del arte pictórico en la historia de la humanidad. Y qué decir de museos como el Prado en Madrid, el Hermitage de San Petersburgo o la National Gallery de Londres verdaderos templos universales  de la pintura y que son patrimonio de la humanidad.  Desde Leonardo  ha llovido mucho y han visto la luz genios como Velázquez, Zurbarán, Caravaggio, etc y no sigo porque no soy experto y voy a mezclar churras con meninas (que diría mi amigo Paco) y cada una es de su padre y de su madre y la cosa daría para escribir una wikipedia solo de pintura.  En la vida que podían llevar los genios de la pintura,  por lo visto,  solía ser miserable y atormentada  pero cuando morían, sus cuadros se convertían con el tiempo en joyas de incalculable valor. Caso aparte el de Antonio López que ya ha vendido algún que otro cuadro suyo en vida, bastante caro por cierto y me alegra porque es un pintor como la copa de un pino. Pero ¿quién hace que los cuadros sean joyas de incalculable valor? Sigo viendo el fantasma de la especulación y de los mercados. Hace pocos días se me atragantaron las anchoas en vinagre cuando leí en el periódico que en la sala de subastas Christie´s de Nueva York se pagaron 31´6 millones de euros por un cuadro de Roy Lichtenstein. No es que el alma se me cayera a los pies, es que me sentí indignado (palabra, según Javier Marías, demasiado utilizada ya en los tiempos que corren pero que no se puede dejar de utilizar aunque se quiera) y avergonzado de verdad con la que está cayendo. Pensé que el que compró el cuadro tenía que ser ajusticiado al amanecer. ¿Apología del terrorismo o de la indignación? Sigo pensando lo mismo. Viendo el cuadro ves una viñeta gigante de tebeo. Un hombre mirando por un hueco. Solo eso. Una joya del arte pop, vamos. El experto que dice sobre el autor “…Roy Lichtenstein incorporó la banalidad a sus cuadros…”  Como para ir cargando la recortada. Y piensas ¿pero qué se le pasará por la cabeza a alguien que ve un cuadro y regatea y lo compra por 31´6 millones de euros? Que lamentablemente, se dice pronto. Con esto no quiero dar la impresión de que demonizo a la pintura. Dios me libre. Vivimos en un mundo en el que nos echamos a la cara a cada segundo, datos para echarnos al monte: 1) Directivos que llevan a la ruina bancos y se jubilan con pensiones vitalicias millonarias gracias al dinero público que el Estado les han dado para reflotar esos bancos. 2) Hay en la calle cinco millones de parados indignados que leen periódicos y que pueden reventarles el banquete a los ricos y a los políticos porque la marrana está a punto de explotar de tanto joderla. 3) Hay gente a la que están echando de su casa a la calle con niños pequeños por no poder pagar al banco. 4) Un dato cristalino que clama al cielo: La venta de coches ha bajado en octubre al nivel de 1984 mientras que la venta de coches de lujo se ha disparado un 33% en el mismo mes de octubre. La crisis no solo no nos afecta a todos por igual sino que algunos se benefician a manos llenas de ella. 5) De los 7.000 millones de personas que ya hay en el mundo, se estima que 1.000 millones pasan hambre. Cada año mueren 10,9 millones de niños menores de cinco años en los países en desarrollo. Unas 684.000 muertes de niños podrían prevenirse con un mayor acceso a la vitamina A y al zinc. Cada año un millón de niños muere por falta de vitamina A. ¿Esto es demagogia?. Llegará el día en que atracar bancos no esté tan mal visto. Ya los atracan sus directivos cuando se jubilan y ni dios mueve una pestaña. Es decir que el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Que en el siglo XVIII  ya habrían rodado cabezas de las de verdad por menos. El pueblo está harto de que se rían de él y de que lo engañen como a un niño de teta. Como siga leyendo en los periódicos que algún cuadro de Lichtenstein o de su puta madre vale tanto porque alguien ha pagado eso por él, lea que un banquero en connivencia con los políticos que se lo permiten se ha jubilado con millones de euros vitalicios, lea que el sueldo de un jugador de fútbol o un piloto de fórmula uno sea de un millón al año mínimo,  siga leyendo que la clase política se sigue dando de navajazos por salir de su pueblo e ir al Congreso y al Senado por lo bien que pagan o por ser alcalde de su pueblo por lo mismo y lea que algunos yernos de casas reales se lo llevan calentito, seguiré pensando en que hace falta una revolución con guillotina y me seguiré acordando de la puta que los parió a todos.
                                                                  
                                                       José Miguel Casado ©

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pasatiempos

     Desde que recuerdo, empiezo las revistas y los periódicos por el final. Algunas revistas también se empiezan por el centro pero es otra historia. Las razones por las que empiezo los periódicos por la última página son porque el que yo suelo leer tiene la columna del maestro Manuel Alcántara y porque por ahí están las páginas más llevaderas del diario. Las menos importantes pero las más entretenidas. Las menos pesadas y espesas, las carteleras, las de sociedad , viñetas, cultura, necrológicas, anuncios por palabras y sobre todo las de pasatiempos. Aunque también horóscopos. Me alegra que haya alguien fuera de las listas del paro y que se dedique en un periódico, entre otras cosas, a los horóscopos. Eso es suerte. Aunque los horóscopos no son mi fuerte. Con los libros se me va la mano y el ojo a la contraportada pero no paso de ahí. Lo juro. Por no hablar de los trailers de las películas, que más de uno te revienta la película entera en la cara.

Con los pasatiempos tengo una relación rara. De psicoanalista. Siempre me llamó la atención, cerca del fetichismo, los nombres de los dos contendientes de la partida de ajedrez. Incluso las ciudades donde juegan pueden ser tan ilegibles que crees que no has superado la dislexia del instituto. Motilev-Laznicka (Novosibirsk 2011), Glucksberg-Najdorf (Leipzig 1930) o Zuckertort-Blackburne (Omsk 1883). Pareces hablando el de “Posesión infernal”. Nombres como Viswanathan Anand, Krishnan Sasikiran o Chiburdanidze, están en mi pódium olímpico de nombres raros. ¿Se imaginan que algún maestro de ajedrez se hubiera dedicado a torear? Esos carteles memorables con “Chiburdanidze el niño de Novosibirsk” o “Viswanathan Anand el niño de Bangalore” que conforme vas leyendo te pones más nervioso y te empieza el tic en el ojo izquierdo. La gente con cara de judío bíblico al ver que Moisés abría el Mar Rojo por la mitad. Todos tienen mis respetos más sinceros. Honorables maestros de un juego milenario como el ajedrez tienen mi admiración más plena porque es mi juego de cabecera. Sin embargo, no puedo dejar de leer sus nombres. Verdaderos trabalenguas con coche, casa y familia que repito como mantras. En la partida de ajedrez del periódico casi siempre pone: blancas juegan y ganan. Afirmación arriesgada y relativa que independientemente del color de las piezas que ganen, en el papel del periódico es dogma, pero según quien juegue, no. Intento resolver la partida y las blancas juegan pero no hay manera de que ganen. El ajedrez en una sola dimensión me cuesta más. No digamos ya la jerga: 1. d4 Nf6 2. Nc3 Bb4…Bd3 O-O a4 Rfe8… y así hasta infinito.  Las sopas de letras o los autodefinidos son las asignaturas fáciles de los primeros cursos de pasatiempos con los que se empieza. Y son los más populares entre los abueletes observadores y contertulios de los parques. Hay abuelos más frikis que se atreven con los inmisericordes sudokus. Ese producto de alguien, japonés por supuesto, que un día mientras veía en la tele Doraemon, se puso a hacer números en una libreta de cuadritos. Así nació ese ingenio del diablo. Es un mecanismo lleno de engranajes hechos números que tienen que encajar en la casilla correcta como un pastel en un molde, si no es así, no se puede resolver. Es la obra de un relojero, de un verdadero creador. Y engancha.  En los periódicos, los pasatiempos más antiguos y de más solera, que yo recuerde, son los crucigramas. No logro completarlos como me gustaría, leo todas las definiciones porque encuentro verdaderas joyas como “Benefactora de Pinocho”, “Prima del cuervo”, “Anestésico volátil”, “Especie de violonchelo siamés” o “Quiá”. Y te preguntas ¿quién se entretiene en inventar un crucigrama? ¿Tendrá nombre ese oficio? ¿Crucigramero, crucigramista, crucigramador grado 1?, ¿Si en el INEM dices que eres inventor de crucigramas te apuntan o no? Eso tiene que ser para perder la cabeza con lo que cuesta encontrarla.  Los jeroglíficos merecen una tesis doctoral. Son los primos raros de los pasatiempos y ponemos cara de mirar algo que nunca hemos visto o como si observáramos un fenómeno paranormal. Me imagino al hombre que hace los jeroglíficos como alguien que está en su casa en pantuflas y en la mesa camilla, con personalidad tendente a la depresión a la soledad o al ostracismo más absoluto. Fabrica uno al día mínimo. Lo mismo que el dibujante de las siete diferencias. ¿Habrá libros recopilatorios con los dibujos de las siete diferencias de los últimos años?. Sería de lo más kitsch. O como demonios se diga. Eso sí el damero no hay manera de entenderlo por muchas vueltas que le doy y Ernö Rubik era un señor que hizo un pasatiempo cojonudo que no viene en los periódicos pero que tampoco logro terminar nunca. Cubo de tres cuadraditos por lado (3x3x3). Pero hay que comprar el cubo que tiene los cuadraditos pintados porque el que lleva pegatinas, los niños de la casa, las despegan y hacen el cubo en cero coma dos segundos. A no ser que esos niños sean japoneses. También está el V-cube 7. Es un cubo con 7 cuadraditos por lado (7x7x7) que inventó Verdes Panagiotis. ¿Qué podemos esperar de alguien que se llama Verdes?. Lo inventó porque su vida era un infierno.

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                                             José Miguel Casado García ©


sábado, 29 de octubre de 2011

El hombre del cementerio

“No hay medicina para el miedo”


Proverbio escocés



         Yo hace tiempo que vengo por aquí. Me gusta la serenidad que me transmite el cementerio. Me siento en un banco, respiro hondo, cierro los ojos, oigo los pájaros, visito estatuas que me gustan y esos panteones excelsos dignos de cualquier obra de arte de la mismísima Roma eterna. Sin embargo la paz habitual se rompe hoy, primero de noviembre como todos los años. La gente viene en masa al cementerio a visitar a sus seres queridos y a mi no me molesta. En silencio vienen, en silencio limpian, rezan una oración, pasean un rato y en silencio se van. Respeto es lo que siento en un dia como hoy. El guarda del cementerio mirando al suelo preguntó -¿Pero usted viene todos los días no?. Sí. Visito la tumba de mi madre a la que perdí hace muchos años, pero me quedo el tiempo que haga falta porque me gustan sus calles largas y sus avenidas, sus bancos para que la gente se siente y descanse. Sus maravillosas estatuas de ángeles, sus panteones, su atmósfera hospitalaria que me atrae como un caramelo atrae a un niño. La voz del hombre del traje negro era suave y sonaba extraña como si tuviese una ligera disfonía. Las hojas secas del suelo se movían con la brisa y enmarcaban el paseo del hombre del traje negro y del guarda del cementerio en un cuadro de extraña belleza. Mientras los dos hombres hablaban, la tarde caía inexorable en el cementerio el día de todos los Santos. Los dos se perdieron entre la gente. El guarda seguía conversando con el hombre a la vez que pensaba en lo extraño que se le hacía ver a este tipo casi a diario y hoy era el único día que hablaba con él. Precisamente ese uno de noviembre fue el único día que le dirigió la palabra. Lo veía siempre a lo lejos, pero le dejaba en paz y nunca le decía nada porque no hacía nada malo y tenía el respeto y el silencio que hay que tener en un lugar como este. El guarda lo veía como un elemento más del cementerio, como se ve a una estatua o a un ciprés. -Ya ve usted llevo muchos años viniendo por aquí y es el lugar que más me reconforta porque el respeto de la gente no se ve fuera de estos muros y aquí veo sus caras apenadas pero sé que sus corazones no están tristes. Me dan serenidad y siento como propio el amor hacia sus familiares que se fueron. El cielo se nubla y la brisa se hace más pertinaz. -Empieza a hacer frío –dice el guarda- Sí parece que va a refrescar –responde el hombre del traje negro. Las hojas secas volaban y el aire olía a lluvia. Los cipreses se inclinaban venteados al unísono igual que un enorme peine que alisara las nubes. En el cementerio empezaba a oscurecer y los nichos se volvían sombras. Agujeros negros en una pared infinita como un panal gigante de abejas. Las estatuas impasibles ante la gente y el frio. Desnudas para siempre. Mármol sucio de estatuas eternas. Los panteones grises y negros en el ocaso son palacios pequeños en honor a dioses antiguos de carne y hueso pero que solo guardan de esos dioses, huesos. La gente paseaba como a cámara lenta movidos por el compás extraño de una letanía lejana, entre las lápidas de las tumbas más antiguas que había bajo el mismo suelo. Eran las seis de la tarde del día de los Santos y el cementerio ya se iba vaciando porque a nadie le gusta mucho estar ahí cuando cae la noche. La gente que queda en el camposanto empieza nerviosa a mirar su reloj porque a las siete ya es de noche. Les empieza a entrar esa premura incómoda de los hechos ineludibles pero deseables. Ansiedad. Es como un miedo atávico. Un temor antiguo. Un cementerio de noche. El guarda recuerda que lleva trabajando en el cementerio diez años y desde que entró veía todos los días al hombre del traje negro que hoy excepcionalmente conversaba con él y se preguntaba cómo puede a una persona gustarle tanto un lugar como ese para visitarlo todos los días. Recordó que el hombre del traje negro le dijo antes que visitaba la tumba de su madre que murió hace años. El pobre viene todos los días a verla. -Recuerdo cuando usted entró a trabajar-. El guarda lo miró curioso. En ese momento un trueno rajó el cielo sobre sus cabezas. -Y a su antecesor, Santiago, que estuvo otros once años y al antecesor de Santiago, Ezequiel que estuvo otros veinte años y al anterior a Ezequiel…. Un escalofrío que sintió en cada vértebra, recorrió la espalda del guarda como un rayo de tormenta atraviesa un árbol. Recuerdo cuando se inauguró este cementerio todo era tan…diáfano. Había espacio por todos lados y era bastante más triste...El hombre del traje negro hizo una pausa y con voz más grave dijo: …recuerdos. Una ráfaga de viento golpeó a los dos hombres como una onda expansiva. El guarda paralizado por el miedo y desorientado, oyó esas últimas palabras como un eco y sin mirar al hombre del traje negro, buscaba con los ojos muy abiertos dónde estaba la cancela del cementerio para salir como alma que lleva el diablo. Pero no la encontraba. El aire húmedo movía los cipreses y las hojas secas del suelo. Las estatuas ofrecían ese cuadro negro que les da la noche nublada y el sonido del viento. Las tinieblas cubren el cementerio. Es la noche del día uno de noviembre. El guarda temblando, miró en todas direcciones pero no encontró al hombre del traje negro. Su desesperación palpitaba en sus sienes. Se había quedado solo y vacio. Igual que si no tuviera sangre. Como un cementerio.

                                             José Miguel Casado ©

sábado, 22 de octubre de 2011

ETA lo deja

          No me gusta mucho escribir sobre política pero ahora lo voy a hacer porque hablar de ETA no es hablar de política. Es hablar de mafia, de delincuencia común y sintiéndolo mucho es hablar de historia. Aunque quieran hacernos ver otra cosa. Algunos dirán que cuando ha pasado el toro es muy fácil torear. Pero a mi nunca me ha gustado torear. ETA ha dicho en su ansiado comunicado que deja de matar. Ya era hora. Sincronización perfecta y calculada tras la puesta en escena de San Sebastián. Cese definitivo han dicho y se han quedado tan panchos esperando los aplausos, para finalizar el teatrico con lo del puño en alto y qué revolucionarios y libertadores somos. Pero de disolución y desarme no queremos hablar. Nada de nada. En la llamada conferencia de San Sebastián han querido que el mundo vea lo que ellos quieren hacernos ver. Han querido equiparar el conflicto vasco al conflicto irlandés y no hay nada más lejos de la realidad. Es bueno conocer algunos apuntes breves de historia. En Irlanda hubo guerras de exterminio desde que los ingleses la invadieron en el siglo XII, en el siglo XIX miles de deportados a las colonias en Norteamérica y Australia, en 1916 insurrección general con fusilados a mansalva, domingos sangrientos en los que soldados mataban manifestantes y niños tirando piedras. En el país vasco no ha habido nada de esto en los cincuenta años que llevan dando la matraca con las bombas y los tiros en la nuca. Por eso el IRA, sin justificarlo en absoluto, era la resistencia y la defensa de una Irlanda católica que se desangraba por culpa de una Inglaterra protestante que la masacraba. Y digo esto porque el factor religioso también influía porque se trataba como perros y se relegaba en ghettos a los católicos y al protestante se le daba trabajo y al católico no. ETA quiere hacer ver al mundo que esto es como Irlanda y ponen en escena el teatro de San Sebastián para que nombres de primeros actores como Kofi Anan o Gerry Adams, que ya podía hacerles ver las distancias con Irlanda, hagan ver al mundo el paralelismo con los irlandeses. Los que han venido a San Sebastián vienen con la casette grabada de que esto ha sido una guerra y queremos firmar la paz. Pero de guerra nada de nada. En el país vasco a un lado de la pistola había un etarra que apretaba el gatillo y al otro lado de la pistola, la cabeza estallando de algún ciudadano de a pie, ya fuera concejal, funcionario o pescadero que pensaban de otra manera a los asesinos. Por no hablar de la represión en las universidades en las que se señalaba con el dedo a los demócratas y por no hablar de la gente que ha tenido que irse de su tierra porque le queman el negocio con el que daba de comer a su familia o le quemaban el coche o le quemaban la vida. Por no hablar de los atentados indiscriminados en los que lo mismo daba que murieran mujeres que niños. Y así siempre. Por eso de guerra nada de nada, repito. Aquí se ha pasado mucho por culpa de los que tenían empuñada la pistola. Aquí se nos quieren poner unas gafas por las que veamos a los etarras como presos políticos en un país opresor en vez de como asesinos, en un país democrático como España en el que están plenamente instalados la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y todas las libertades que permite una democracia plena del siglo XXI. Pero no. Las víctimas quieren ser ellos. A cabezas duras no les gana nadie para darle la vuelta a la tortilla estatal como llaman a la tortilla de patatas en algunos sitios del país vasco. ETA y sus adláteres a los que el inefable y tan contrario a la razón humana a veces, Tribunal Constitucional puso en las instituciones están obsesionados con la semántica de las palabras. Para colmo a este lado de la mesa la máxima expresión del teatro de la confusión de las palabras la llevó a cabo Jose María Aznar cuando los calificó de “Movimiento Nacional de Liberación Vasco o MNLV”. Sin comentarios. Dejamos de matar definitivamente pero no nos desarmamos, no condenamos la violencia y no pedimos perdón por las ochocientas y pico víctimas que hemos asesinado en cuarenta años. Los de Bildu ya han preguntado por lo suyo que nosotros ya hemos dejado las pistolas, que hay que hablar de independencia ya. Yo ya no sé con qué nos pueden chantajear ahora pero espero que la policía y la guardia civil sigan haciendo su trabajo como hasta ahora. Rubalcaba no será santo de la devoción de muchos pero como ministro de interior ha sido la bestia negra de ETA. Espero que al gobierno que venga no se le pase por la cabeza ocurrencias como amnistias o paz por territorios. No me atrevería a decir que quieren que paguemos un peaje porque han dejado de matar. Pero no me extrañaría. El pueblo ya ha pagado bastante con su sangre y no va a dar ni un paso más atrás. Nótese que la palabra pueblo es muy socorrida y hasta los asesinos se apoderan de ella. Enhorabuena a los demócratas porque si un asesino dice que deja de matar hay que felicitarse, pero nada más. Y nada menos. Y enhorabuena a nuestros hijos y a nuestros nietos porque no conocerán los tiros en la nuca ni las bombas bajo los coches. Lo malo también es que parece que a algunos de los que se llaman demócratas no les ha sentado bien que el status quo cambie, como si los cambios les dieran pereza. El día a día y la vida siguen. Por lo menos ya no iremos paseando por el casco viejo de San Sebastián o por Bilbao a comernos un pintxo sin temor a que estalle ningún coche bomba o a que a alguien le descerrajen un tiro en la cabeza por ser demócrata o por ser tirano. Me da igual. Espero que en los ayuntamientos en los que gobierna Bildu, dejen de hacerse los oprimidos, dejen de perdonar vidas y se les bajen los humos entre otras cosas porque han sido unos cobardes ya que nunca se han atrevido a llevarle la contraria a ETA esperando y esperando a ver lo que dicen los de la pistola y las bombas sin los cojones de decirles basta ya. En Irlanda el Sinn Fein actuaba sobre el IRA y no al revés. Otra cosa por la que estos tipos de HB o de Bildu no tienen nada que ver con los irlandeses es que éstos últimos por lo menos tienen cojones. Es lo que pienso.

                      José Miguel Casado García ©

sábado, 15 de octubre de 2011

Cansancios

“¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda! “

                                                                  Groucho Marx



     Una de las muchas cosas peregrinas que se me ocurren a lo largo del día, es dividir el cansancio en varios tipos. Habría para hacer alguna tesis pero me limitaré a los que se nos atraviesan con más desconcertante normalidad en nuestra vida y nos hacen sufrir y rompernos la camisa como Camarón.

1. Uno de los más obvios y comunes es el cansancio deportivo que es principalmente físico y que aparece cuando hemos terminado de jugar a futbol-sala, después de una larga caminata o de otro deporte o lo que sea que practiquemos. Los que estamos para el arrastre, nos dura dos días o más con agujetas y dolores incluidos. Cuando estás en medio de la penuria física deportiva te suele asaltar la pregunta ¿Pero qué demonios hago yo aquí?. De tanto movimiento cierto día me dolía mucho la tripa. Fui al médico y resultó que no eran las tripas, eran las agujetas que tenía desde hace cuatro días por culpa de hacer abdominales. Me podía haber dado por zurcir calcetines. Los lunes son muy malos. Otra consecuencia o secuela de la práctica deportiva son los calambres. Estos llegan cuando no se les espera como un familiar molesto o un rayo inmisericorde y fulminante. Es tal su efecto disuasorio que cuando vienen y te pillan a traición por ejemplo en un ascensor, los que van a tu lado se llevan unos sustos de cagarse. La mujer mayor que había a mi lado pegó un respingo y no dijo nada pero se puso una mano en la cara y me miró fijamente hasta que se abrió la puerta del ascensor.

2. Otro tipo de hastío para nuestra carne mortal es el típico cansancio de vivir cuando alguien que quieres se va, cuando llevas mucho tiempo sin encontrar trabajo, cuando estás en un atasco y quieres ir al baño, cuando estás en un atasco y llegas tarde o cuando estás en un atasco y se te para el coche. Este tipo de cansancio está lindando con la depresión y hay que tener cuidado, desgasta mucho al que lo lleva encima y te deja física y mentalmente hecho una piltrafilla.

3. El tercer tipo de cansancio es el síndrome de Supernanny pero que o es muy buena actriz o ya es inmune. El cansancio por culpa de los niños es uno de los estados psicológicos en los que dices, Dios mio ¿me he vuelto sordo, ciego y mudo de repente? ¿será posible que los críos no me entiendan? Hablan un dialecto entre español y escandinavo antiguo pero de tradición oral y sonora muy fuerte y tienes que tener los tímpanos acostumbrados. Pero no te acostumbras. Y la cabeza te revienta. Y ves que Supernanny aguanta y que tu no aguantas. Este cansancio te deja sin fuerzas en brazos y piernas y con migraña.

4. El cansancio al jefe es uno de los más fuertes pero es como una picadura de avispa que te da el subidón muy rápido pero baja rápido. Se manifiesta cuando lo ves por la mañana y luego se te pasa. Puedes tener pesadillas.

5. Uno de los cansancios más habituales y temibles para muchas personas, es el de la cola del supermercado. Suele manifestarse justo antes de que te toque pagar. La mujer que tienes delante termina de poner las salchichas, las berenjenas, los yogures y el tinte color pajizo para el pelo en la cinta transportadora. La broma empieza cuando la mujer sale disparada y se va. Que dice que se le ha olvidado la leche semidesnatada con calcio de Marsella y omega-3 del Caribe y que ahora vuelve. Como diría Miguel Angel Aguilar ¡pero qué broma es esta!. La cola de gente se queda paralizada y con la boca en forma de O mayúscula, mirando a esa mujer que como un Forrest Gump con zapatillas y falda de ama de casa salta obstáculos y corre que se las pela. La cajera masca chicle y mira a la otra cajera con los ojos entornados. Mueve la cabeza negativamente. La mujer que corria como Forrest Gump llega exhausta a Ia caja como si llegara a conquistar Iwo Jima y deja caer los seis litros de leche a plomo. A todo esto hay que sumarle que todavía no ha metido las cosas en el carrito. Porque esa es otra. La buena mujer no quiere bolsas y hay que meter las cosas una por una en el carrito de las narices y en esto la cajera no le ayuda. Se me ocurre echarle una mano porque me parece que estoy viendo un número de Pepe Viyuela. Como haya un problema para pagar me hago el Mata Hari que dice mi amigo Jose Pedro. Paga con tarjeta y parece que hay un problema porque no lee la banda magnética. La gente de la cola está contando chistes. La mujer de marras es trending topic en Twitter. Menos mal que saca otra tarjeta que parece que funciona. Mientras dejo pasar al típico papasfritas de todos los supermercados que compra una sola cosa y te pregunta si le dejas pasar, miro las tuberías que salen de la caja y van hacia arriba y que se llevan los canutos de billetes por algún tipo de brujería que todavía no entiendo. Respiro hondo y trago saliva. Me toca por fin. La situación se ha convertido en algo solemne. ¿Me cambia este billete en euros? Es para sacar un carro. Le pregunta otra mujer viejecita a la cajera justo antes de que me toque.

                                                                   José Miguel Casado ©


martes, 11 de octubre de 2011

Alberto Bracero

           Decía Johannes Brahms que sin la artesanía, la inspiración es una mera caña sacudida por el viento. Alberto Bracero sabe algo de artesanía porque es un artesano. Pero no trabaja el barro. Trabaja la música. De los que no creo que queden porque moldea la música. La modela a su antojo. Sea el tipo de música que sea, porque es multidisciplinar como un hombre del Renacimiento y porque le salen bien todas las músicas. Lo mismo una banda sonora llena de música épica, que una voz especiada con briznas de soul, o sonidos corales o ideas hechas ópera. Poesía sonora. Gran música, en definitiva. Alberto Bracero es un tipo que se puede decir hecho a sí mismo de los pies a su lejana cabeza. Son más de dos metros de tío. Sibarita, gran gourmet, gran viajero, hombre de familia, buen padre y esposo y amigo de sus amigos. Esa calidad humana la extrapola a la calidad de su música con la que nos abraza sincera como un abrazo de amigo y nos deleita. Hecho a sí mismo, no solo en la música, sino en todas las facetas de la vida. Cuando lo conocí, hace casi diez años, estábamos trabajando en una fábrica metalúrgica en turnos de mañana, tarde y noche. Se puede decir que éramos compañeros de trinchera ya que era algo parecido. En aquellos fugaces descansos matutinos con el café de máquina y la torta del panadero, hablábamos de lo humano (el trabajo, el tiempo y la política) y de lo divino (mujeres, recetas de cocina, ordenadores y música). Yo no es que entienda mucho de música pero no hay que entender mucho para que el poco crédito que tengo en criterios musicales se emocione y se llene sin que nada sea capaz de distraerlo ni dispersarlo. Y oyéndolo admiras la música, como se admira un cuadro de Velazquez, o de Goya. Te paras a degustar los matices de cada pieza que como millones de gotas de un atomizador de perfume, se expanden en tu cerebro provocando sensaciones y colores que no conocías. Registros suyos como “The battle of Nihriya” a la altura de bandas sonoras épicas del mejor cine de Hollywood, pasando por la preciosa copla con orquesta fusionada como “Tu luz, mi todo, mi yo” y “Eva y el mar” ambas dedicadas a su esposa Eva, hasta guiños de soul y jazz como “Under the New York Sky”. Todo esto rodeado de diamantes poco conocidos como Paulina Freire con sus letras, Irene Garrido en la voz de la copla o Sofía González cantando soul. La vida nos ha dado caminos diferentes y hace tiempo que no me lo echo a la cara pero espero que siga por muchos años dando luz a sus estupendas composiciones y que tenga suerte y sea más conocido de lo que es, porque se lo merece y tiene bastante más talento y templanza que algunos músicos conocidos. Alberto tiene el don de los genios que como la hormiga de la fábula trabajan sin concesiones al error ni al desaliento, la inspiración lo acompaña siempre. La tiene siempre ahí consigo mismo como si fuera una parte de su cuerpo. Como si fuese su sombra. Alberto Bracero Composer es lo que pone en su página web. Composer no es su segundo apellido. Pero como si lo fuera. Luciano Pavarotti decía que “una vida dedicada a la música, es una vida bellamente empleada y es a eso a lo que he dedicado la mia”. Pues eso.

                                                                   José Miguel Casado García ©


lunes, 3 de octubre de 2011

Pesadilla de otoño

     Cada año pasa lo mismo. Cuando veo que las hojas de los árboles se empiezan a caer, me echo a temblar. Por estas fechas se nos suele estar cayendo el moco por culpa de los cambios de temperatura. Los días empiezan con mañanas frescas y a partir de mediodía calor hasta que oscurece y vuelve el frio. La mala puntería del hombre del tiempo es un factor muy socorrido, aunque sea un cliché y aunque a veces acierte. Hay gente que duerme con la ventana abierta y tapados con la colcha y la sábana hasta la coronilla y se levantan con las tragaderas inflamadas y las amígdalas como huevecillos pertinaces. En el espejo con la boca abierta pensamientos como ¿pero por qué tenemos eso ahí? o como ¿por qué no me las cortaron de pequeño y a mi hermano si? son los más comunes. El entretiempo es lo que tiene. Hay dos entretiempos al año. El que va del invierno a la primavera y el que va del verano al otoño. Este último es el que ahora nos ocupa y entretiene. El otro es otro cantar y si no intenta hablar en abril sin estornudar y tocándote el bigote por si acaso está ahí el moco delator que con la nariz anestesiada no notas si hay algo o no. Entre los mocos, la tos, los estornudos, la bronquitis, la gripe y la indecisión, pagamos como corderos en el matadero. Ese autobús inefable lleno de damas y caballeros que a finales de septiembre parece la pasarela Cibeles en un desfile de Ágata Ruiz de la Prada. No por el colorido sino por los atuendos a que dan lugar las cabezas indecisas del otoño. El que no va en tirantes va enseñando el tatuaje rumbero-tribal-Camela, en zonas que suelen ir tapadas normalmente. Cabalmente. O por arriba descapotables y por abajo ensotanadas y viceversa. Tanto hombres como mujeres. El mayor peligro dentro del autobús es el viejo que estornuda. En cada autobús hay uno. Es como el conductor. Foto interior.

Como no escarmentamos seguimos sacando el coche por la mañana con el bañador, la camiseta y las chanclas del mes de julio. Ese fresquito suave pero traidor como bomba de relojería que te sube por el muslo arriba y arrasa con todo. Esa chaqueta fina que de buena mañana te hace sudar y te la tienes que quitar y miras al cielo con lágrimas en los ojos y preguntas qué me pongo. Hay misterios como la camisa de manga larga con pantalón corto y náuticos sin calcetines o como la chaqueta de chándal con pantalón corto y chanclas. Por qué va la gente así por la calle es un enigma insondable que taladra mi cerebro una y otra vez. Por favor ¿qué pasa con esos rayos fulminantes que caían en tiempos bíblicos? ¿ubi sunt?. El catarro en sus diferentes modalidades sume al que lo lleve contagiado en un estado de semi-inconsciencia o duermevela que se caracteriza por no poder abrir los ojos llorosos más que hasta la mitad, andar casi arrastrando los pies, tos seca, tos con mocos, tos australiana, sorberse los mocos cada treinta y seis segundos, sonarse los mocos cada minuto, no poder sonarse los mocos porque la nariz está entumecida y por sus agujeros no cabe una brizna de oxígeno, una décima o dos de fiebre es el arma devastadora que te deja el cuerpo para echárselo a los buitres. Una basurilla vamos. La desesperación hace que recurramos a inhaladores adictivos, pastillas efervescentes, sobres de polvos con sabor a fanta caducada del 85, jarabes con nombres alquímicos y olor inefable. Sus efectos son tan dispares como ese sueñecillo suave por la autovía conduciendo el coche o el efecto Red-Bull a la hora de acostarse. El médico el noventa y cinco por ciento de las veces te remite a esa panacea de la medicina moderna que es el paracetamol pero que no sirve de mucho. Lo peor de todo, ya lo dije hace un año, es que el maldito resfriado te roba dos de los sentidos más importantes. El olfato y el gusto. Puedes estar comiendo sopa de ajo, de primer plato tres horas seguidas, de segundo, callos con garbanzos y tortilla de patatas de cinco huevos con pimientos y de postre una fuente de arroz con leche. No por gula. Es por ver si se arregla la cosa. Pero nada. No te encabezones que no te vuelven los sabores como los tenías de fábrica. Se te saltan las lágrimas porque te has comido la gloria bendita y no has saboreado nada. Te sientes vacío como una tubería de cobre por la que ya pueden pasar las mejores viandas, los mejores platos con las mejores especias de oriente que seguirás sin sentir nada. Te sabrá todo a agua del grifo. Mocos. Impotencia. Frustración. Decadencia. Pena. Tos.

José Miguel Casado García ©