martes, 20 de marzo de 2012

Pink Violoncello

     Por las rendijas de las persianas polvorientas entran los rayos de sol de una tarde de verano como miles de agujas doradas y largas lanzadas en una explosión de calima pegajosa. Al mismo tiempo, en ese mismo instante, la vecina del segundo, una chica pelirroja con el pelo corto, se pone a ensayar con su violoncello. La tarde perezosa de un día de verano, se llena de notas musicales que cortan el infiernillo de la siesta de junio. El bloque de viviendas, de cuatro pisos, se llena de la música de violoncello. No hay otro ruido en una tarde calurosa de verano. En los árboles no se mueve ni una hoja y los pájaros han emigrado a sus apartamentos de la playa. En la calle todos los coches aparcados sobre el asfalto derretido de una ciudad de veinte mil habitantes del extrarradio. Solo alguna chicharra. Al mismo tiempo la pareja del tercer piso empieza a fornicar como si fuese el último día del mundo. Joder que prisas y sin parar, sin cortarse un pelo ni en gritos, ni en mordiscos, ni en perversión, ni en nada. El violoncello lo cubre todo. La mujer mayor que vive en el cuarto piso se está tomando una menta poleo con pastas y está viendo un programa rosa en la tele rosa del canal rosa. Oye al presentador y oye los gritos de la vecina del tercero que es taladrada sin cesar por su novio o su compañero o lo que sea. La mujer mayor del cuarto que oye a la pareja del tercero con notas de violoncello formando una melodía minimalista o new age o un mix, o como cojones sea, piensa que son unos guarros que ponen la música muy alta y que toman drogas. Unos degenerados y unos punkis vamos. Sin embargo cuando se los encuentra en la escalera o en la reunión de la comunidad son muy educados y no parece que sean unos guarros que tomen ninguna droga. En el primer piso vive el presidente de la comunidad. Un hombre viudo de setenta años coronel jubilado del ejército pero que se saca un sueldecillo extra traficando con armas. En este momento está leyendo el periódico con la televisión puesta después de una pequeña siesta. Está vestido con una camiseta de tirantes blanca serigrafiada en la que pone Ibiza y se ve una pareja besándose. El hombre tiene un pantalón corto de deporte y unas chanclas. Sobre la mesa tiene un café con hielo, una pistola Glock 17 y una Beretta F-92 nuevecitas. Sus próximas ventas. El hombre del primer piso tiene varios contactos en el ejército. Una cadena de contactos que desde el almacén de armas hasta él suman un total de cuatro. Ni más ni menos. Y cada uno se lleva su tajada. Aunque parezca que no, en la calle se venden las armas a muy buen precio. Hay que tener ojo y ser selectivo. Solo clientes vip y nada de kinkis ni equivocaciones. Tiene un protocolo quirúrgico para eso y le va bien. La pareja del tercero ya ha llegado al orgasmo. Un orgasmo que si llegan a estar follando sin música no hubiera sido el mismo ni hubieran llegado a ese climax tan explosivo que los teletransporta a esas cimas tan altas y tan vertiginosas. Están fundidos y les tiemblan las piernas. Se están duchando pensando en el polvo que han echado pero ya refractarios. La chica del segundo piso está terminando un allegro. Está desnuda sudando tocando el instrumento sentada en la banqueta de la cocina abierta de piernas y acariciando el violoncello. Parece la encarnación de una musa. De una diosa desnuda de la música.  Está dentro de un nirvana al que siempre llega cuando termina de ensayar. Un nirvana diferente cada vez. Pero un nirvana efímero. Subidón y bajón. Todo en silencio de nuevo. La vieja del último piso se ha dormido viendo la tele y pensando en la pareja del tercero. Tiene un sueño en el que todos se drogan y tocan violoncellos de color rosa y fornican en una orgía con famosos en un programa rosa de la tele. Las persianas del bloque de cuatro viviendas siguen cerradas y solo entra el sol longevo de la tarde de verano por sus agujeritos. Las agujas doradas se clavan en el violoncello, en su dueña, en la vieja del cuarto, en la pareja del tercero, en el traficante de armas del primero, en el bloque de cuatro pisos y en la ciudad dorada del extrarradio.
                                        José Miguel Casado ©

sábado, 17 de marzo de 2012

La ferreteria del Grabiel

           Yo solo quería cinco tuercas del 10. La primera mujer de la cola de la ferretería de un total de tres personas, está pidiendo algo rarísimo que hace que el ferretero ponga cara como si le hablaran en chino. El dependiente entorna los ojos poniendo la cara estándar que pone 23,5 horas al día excepto cuando entorna los ojos para leer alguna letra pequeña o cuando está preocupado y le dice a la mujer:  –Vete a la droguería de la Chari, que tiene de to lo más raro que busques. Efectivamente no es la primera vez que lo que no encuentras en la ferretería lo encuentras en la droguería de la Chari en una clara invasión de competencias o intrusismo flagrante por parte de la Chari.(como dice J.J. Millás ¿qué demonios significará flagrante?). La segunda mujer que va antes que yo, compra un hornillo, una caja de tacos del 6 y cuando veo al ferretero sacar una paellera de metro y medio me pongo la mano en la cara pensativo y nervioso. La radio se oye con un hilo de voz monocorde y agudo dando la brasa con lo del tiempo soleado y la socorrida frase “más de lo mismo”.  En la ferretería ya no cabemos, hay unos dos metros cuadrados y con la paellera de metro y medio y el hornillo, no cabe ni un mal aire. El dependiente tiene una parsimonia extrema que a la hora de cobrar los productos realiza siempre con el mismo protocolo  y la misma ceremonia. Con aire solemne de sacristán abre un libro enorme de hojas plastificadas y como un vademécum en el que pone el precio desde el tornillo más insignificante hasta las paelleras de cuatro metros, busca el precio del producto. Miro hacia la calle de único sentido y en la espera me da tiempo hasta de ver un coche que se mete en dirección contraria. Estadísticamente es raro de ver pero a mí me ha dado tiempo. A punto de que pase de nuevo el cometa Halley una melodía de Camela me saca de mi estado contemplativo. Es el teléfono de la mujer que me precede.
-Dime primaa.
-En la ferreteríaa.
-Una “pajillera” mu bonica, un hornillo y una caja tacooos.
-Si, con el Juani.  Vaale ahora voy.
He oído la palabra pajillera pero no me lo creo. Compruebo que la mujer realmente habla así y el dependiente con cara de sacristán con tonsura y todo, la mira fijamente y por primera vez noto que tiene ojos en vez de dos puntos oscuros. Pone cara de chiste y sonríe. La mujer tiene cuarenta y tantos años, morena, una coleta alta con una goma de color rosa. Va vestida con chándal. La sudadera con capucha es de una marca, el pantalón de otra diferente y lleva pantuflas de estar en casa. Cuando la mujer termina de hablar por el móvil le dice al dependiente: -Grabiel, cóbrame. Grabiel riendo socarronamente abre el vademécum edición limitada de las ferreterías y tarda un huevo en buscar los tres precios que le tiene que decir a la cliente licenciada en Harvard. Menos mal que solo quiero cinco tuercas del 10. La cliente de la “pajillera” se despide y baja las escaleras de la ferretería con la dificultad de un hombre orquesta. Perdón de una mujer orquesta. En la calle está a punto de ser atropellada por la furgoneta del panadero y por un ciclista muy mayor. Conforme se aleja, se va pareciendo cada vez más a una chincheta gigante con la paellera a cuestas. Mientras, se oye de nuevo la musiquilla de Camela.


                                         José Miguel Casado ©

jueves, 15 de marzo de 2012

Pili, Engracia, la Alpujarra

      Lo peor que le ha podido pasar a Pili es que su padre no tenga carnet de conducir. Pili no tiene hermanos y su madre tampoco conduce. Nada del otro mundo, excepto que Pili vive en un pueblo de la Alpujarra. El día de Año Nuevo después de una Nochevieja de juerga con las amigas y después de acostarse a las seis de la mañana, su padre la llama a las siete para que lo lleve a él y a unos jamones de la última matanza a un almacén de Trevélez. Una hora de sueño. Solo una. Pili no da crédito a lo que le está pasando y siente como una losa la resaca y los cero grados que hay en la calle. Maldice el día que se sacó el carnet de conducir y odia a su padre en ese momento más que a nadie en el mundo. El problema de la Alpujarra es que en invierno cuando el cielo está encapotado y empieza a nevar, no tiene nada que envidiarle a los paisajes del Señor de los Anillos. Incluso hay gente parecida a la que sale en el Señor de los Anillos. Pili se toma un café y sale cabizbaja de su casa abrigada hasta la nariz e intenta recordar dónde tiene el Seat Ibiza, andando con pasos muy cortos. Doña Engracia tiene noventa años, bastón, luto hasta la cabeza y es vecina de Pili. Puerta con puerta. Se levanta todos los días muy temprano y ese primer día de enero también. Se presenta ante ella como una aparición en medio de una tempestad y le pregunta siempre cosas sin parar. Porque doña Engracia es muy preguntona desde que está sorda como una tapia. Una de las sorderas más severas tratadas por la medicina.
-Pili, Piliii.
Doña Engracia llama a Pili como si fuese un monolito negro enmarcada junto a la fuente de piedra de la pequeña plaza que hay junto a las casas y en la que pone 1921 tallado burdamente.

-Buenos días doña Engracia.
-¿Dónde vas tan temprano con el frío que haceee?
-A un mandado.
-¿A dónde?
-A llevar a mi padre a un sitio.
-¿Qué? ¿A dóndeeee?
Pili cree que está hablando con una vieja enlutada de metro y medio de la que sale una voz con demasiados decibelios que como balas acribillan su cabeza. Pili está en lo cierto y recuerda que lo que hay frente a ella y que le habla es doña Engracia, la vecina. Cree que está viviendo una pesadilla y los últimos whiskys de Nochevieja le martillean en las sienes. Pero la única pesadilla es doña Engracia en sí.  Pero qué mujer más pesada, piensa Pili. Con la última pregunta de doña Engracia Pili estalla.
-A la mierda, doña Engracia. Me voy a la mierdaaaa.
-Qué alegría hija tener coche para ir a todos los sitios.

                                                         José Miguel Casado ©



domingo, 11 de marzo de 2012

Tecnología alemana



      Para algunas personas amanece muy pronto todos los días. La mayoría de los trabajadores de este país supongamos que se levantan a las seis de la mañana para trabajar en una fábrica textil o en una fábrica de galletas o en una frutería. Supongamos que cobran mil y pocos euros al mes. Si tienen un convenio medio bueno. Que ya es suponer. Hace unos años, antes de la crisis, la inocente sociedad en la que vivíamos acuñó el concepto del mileurismo y los mileuristas. Hoy eso es una quimera. Ojalá muchos de los trabajadores de este país fuesen mileuristas. No quiero aventurar números pero diría que ojalá la mitad de los trabajadores de este país fuesen mileuristas. Con la reforma laboral de Rajoy y la inefable ministra de trabajo de rostro picassiano Fátima Báñez, dicen que es una reforma laboral favorable para el trabajador y tan avanzada como las condiciones laborales alemanas. Tecnología alemana a su alcance. Es decir que con un sueldo pre-reforma laboral de por ejemplo, 1200 euros que cobraba un solo trabajador, ahora ese sueldo se repartiría entre dos trabajadores además se le sumaría el chollo del despido. Chollo para el empresario, claro. Se prima la cantidad sobre la calidad de los empleos y actuando como un ingrediente fundamental en ese potaje de confusión y sinsentido, los empleos basura de 420 euros por cuatro o cinco horas al día. O la ocurrencia peregrina de que los parados que están cobrando un subsidio hagan trabajos sociales. Esto es: hagan el trabajo de un barrendero o de un conserje y con ello se ahorren el sueldo del barrendero o del conserje. Sigo pensando que los únicos que van a sobrevivir a la crisis son los políticos. ¿Alguien ha visto a Zapatero desde que salió del gobierno y cogió su pensión vitalicia de más de 70.000 euros al año?. Quien dice ZP dice Rajoy, dice Cospedal, o cualquier político que se lo lleve calentito. Pues eso. Toma el dinero y corre. El postre es el menú de despidos a la carta para los empresarios. Tú te vas por esto y no por lo que tú crees y punto.  Despedir y con el menor coste posible con la puerta abierta a las excusas del “despido por razones objetivas”. Se echa a la calle a los trabajadores que solo pueden callar y ver cómo les dan veinte días por año trabajado y se pisotean sus derechos conseguidos treinta años antes. Rajoy dice que hay que ver cómo sois, qué mal rollo que me habéis convocado una huelga general antes de que pasen cien días de gobierno. Qué cabrones que sois. ¿Qué esperaba este hombre? ¿que los sindicatos le dieran las gracias y lo invitaran a una caña por lo bien que lo ha hecho?. Una reforma laboral por decreto que no ha dejado ni que los principales interlocutores sociales dialoguen, es una reforma laboral que nace muerta. También hay que mirar el dato de que si tenemos que esperar a que la CEOE y los sindicatos se pongan de acuerdo en algo nos dan los santos óleos podríamos perder físicamente alguna generación. No obstante ya se está perdiendo alguna y la gente se está yendo a Alemania a buscarse la vida. Aquí no tenemos vergüenza mientras dejemos que los tomates marroquís estén en nuestros mercados y dejemos que nuestros agricultores vayan a la ruina, mientras bebamos leche francesa y nuestros ganaderos tengan que tirarla porque Bruselas dice que tenemos demasiada o mientras los chinos nos copien el jamón de Jabugo y lo vendan a 1700 euros la pieza. Mientras dejemos que pase todo eso es que somos un país de simplones y de gilipollas. O las dos cosas juntas. Que le pregunten a Noruega y a los noruegos por qué no entraron en la Unión Europea. ¿Que tenemos que compartir nuestro petróleo con todos estos rebaña peroles europeos sin sacar ni su precio a cambio?, ¿Que Alemania es la madre y Francia es el padre?. Uníos vosotros que sois tan civilizados y compartís hasta la mujer como hermanos. O como primos.
                                                                     José Miguel Casado ©


lunes, 27 de febrero de 2012

El ecosistema de Juan

      Juan Peribáñez. Líquido a percibir: 3.567,34 euros. TI. Todo incluido como en un crucero. Eso es lo que ponía en la última y lejana nómina de Juan antes de irse a su casa por despido. Con la nueva reforma laboral le han despedido, después de unos cuantos años, por “razones objetivas” y le han dado 20 días por año en vez de 45. Razones objetivas son por ejemplo, que la empresa ha ganado un poco menos que el año pasado, pero aun así sigue teniendo beneficios. Hace un mes que terminó de cobrar la última prestación por desempleo y ahora va a pedir la ayuda familiar. Ayer estuvo en un polígono industrial y dio 35 currículums en 35 empresas diferentes. 35 años. Soltero. Su novia enfermera le acaba de dejar plantado después de cuatro años. Joaquin Sabina dice que si el dinero no entra por la puerta, el amor salta por la ventana. Correcto. Juan está desayunando en la cocina, café con leche y media tostada de aceite. Se dispersa con el olor de la cafetera, de las tostadas y el ruido del bullicio de la calle. Piensa que hay alguna ventana abierta. Juan vive con su madre. Está en paro porque en su empresa han hecho un ERE y han despedido a varias decenas de compañeros fijos-discontinuos como él. Es licenciado en historia pero eso en este país no es importante. Haciendo zapping pasa por el carrusel de todos los canales de la tele. Se para en uno de noticias. La presentadora dice que están aplastando a mujeres y niños en Siria por culpa de un dictador que no se quiere ir y con la ayuda de Rusia y China en la ONU, nada ni nadie le impide dejar de masacrar a su pueblo. Juan bebe un sorbo de café y se rasca un ojo. La presentadora de las noticias sigue diciendo que Francisco Camps aparte de haber salido airoso de un juicio acusado de cohecho impropio y aceptar regalos a cambio de favores, ha obtenido la calificación Cum Laude en la lectura de su tesis sobre la ley electoral en una universidad que se creó bajo su mandato. Por cierto la tesis tiene faltas de ortografía. Juan mastica un trozo de tostada mientras intenta asimilar lo que oye. La periodista sigue diciendo que el juez Baltasar Garzón ha sido apartado de la carrera judicial por once años. Ponen fin a su carrera como juez, por ordenar escuchar los teléfonos de abogados corruptos con clientes corruptos. Ha sido juzgado por un tribunal supremo que es un consejo de sabios de la tabla redonda casi octogenarios y que aún no ha hecho la transición del franquismo a la democracia. Los mismos jueces que también lo han juzgado por investigar los crímenes de la dictadura. Linchamiento judicial se llama. Juan se despereza y sigue las noticias embelesado moviendo los labios a la vez que la presentadora y levantando las cejas al mismo tiempo que ella. El sabor del café le amarga la boca. Recuerda que tiene una lista de la compra pegada con un imán con forma de plátano en la puerta del frigorífico que su madre le ha dejado antes de irse al trabajo. Su madre está limpiando casas por horas. La tele sigue sonando. Iñaki Urdangarín solicitó no ser grabado durante su declaración ante el tribunal que lo juzga. Se aceptó su petición. Acaba de salir de declarar después de 22 horas. Justicia igual para todos. Dice que él no sabe nada de nada y que la culpa la tiene otro. La portavoz de Consejo General del Poder Judicial al principio de una entrevista dice que todos los acusados son iguales ante la ley y al final de la misma entrevista dice que NO todos los acusados son iguales ante la ley. Considera muy graves las palabras que ha oído de la gente y de algunos políticos sobre el tribunal supremo y su condena a Garzón. Para ella son graves las palabras y las opiniones de la gente, pero la condena en sí no es grave y que tenemos que estudiar tanto como ella para comprenderlo y que nos la cojamos con papel de fumar para hablar de estas cosas y chitón todo el mundo. Anuncios. Cuando vuelven las noticias otro hijo de puta ha matado a su mujer en Barcelona. La pareja tenía dos niños de corta edad. Juan atiende una llamada al timbre. Es el cartero con un certificado de la seguridad social en el que le cuentan que aquella vez que estuvo de autónomo no está muy clara. Que tiene que aclararles unas cosillas. Factura de la luz y factura del teléfono. La presentadora de las noticias sigue hablando. Spanair ha quebrado y sin previo aviso se quedan en el paro casi cuatro mil personas. Mientras, el gobierno ha aprobado la reforma laboral por decreto en la que el despido será de 33 días por año trabajado y bajando. Aprobada por decreto es que los sindicatos y la patronal no se ponen de acuerdo ni en el color del caballo blanco de Santiago. Y el gobierno la aprueba unilateralmente raudo y veloz. Juan bebe el café ya casi frio y deja la mitad de la tostada sobre el plato. Barre el suelo de la cocina pensando en la carta certificada. Se ducha y se va a hacer la compra. En el coche recuerda que tiene que pasar la ITV mañana y que tiene que llenar el depósito. Casi un euro y medio el litro de gasoil. El mismo gasoil que el de los camiones que abastecen los supermercados de comida. Cualquier día se liará bien gorda. La radio del coche dice que al terminar este año podemos rozar los seis millones de parados y que los beneficios del primer banco de España cayeron un 21% en el primer semestre de 2011, hasta 3.501 millones de euros. Tiene cojones, encima si no puedes pagar la casa te la quitan y tienes que seguir pagando la deuda al banco. Eso es robar. Ojo han cambiado eso. Tienes que acreditar que tu mujer se prostituye y tu estás pidiendo limosna con los niños en la puerta de un Mercadona si no, tienes derecho a que te quiten la casa y la sigas pagando. Juan suspira resignado al ver a un gorrilla señalarle un aparcamiento.


                                          José Miguel Casado ©


viernes, 24 de febrero de 2012

L I F E

                    Tengo en las manos un libro que acaba de salir de la editorial Lunwerg sobre los Grandes Fotógrafos de la revista LIFE. Una de las revistas más populares y longevas de la historia del periodismo que empezó su andadura en 1883 y hasta 1936 fue una revista de humor y de información general. De 1936 a 1972 fue una publicación semanal más centrada en el fotoperiodismo. Del año 72 al 78 fue una revista mensual que salía como números especiales, como mera revista mensual de 1978 al 2000 y como suplemento semanal de varios periódicos de 2004 al 20 de abril de 2007 en que cesó su edición impresa. Tras este breve resumen de la biografía de LIFE tengo que decir que hemos perdido una verdadera vida. El hueco dejado es tal que se nota el coste precioso y el significado de una vida con su desaparición. Pero deja el vacío de muchas vidas. Con permiso de la agencia Magnum, la revista LIFE albergaba en sus páginas desde una guerra hasta documentos tan impresionantes como por ejemplo los efectos de la gran depresión o la cara de una mujer al enterarse del asesinato de JFK. Muchos fotógrafos están hechos de una pasta especial. Los fotógrafos de LIFE arriesgaron sus vidas para llevar la intimidad al reportaje de guerra. Robert Capa que estuvo en Omaha Beach en los primeros desembarcos del amanecer del día D, dijo la frase: “Si tus imágenes no son lo bastante buenas es que no estabas lo suficientemente cerca.” Lo que significa exponerse al peligro. A un peligro que ellos consideran el precio que hay que pagar por una buena foto en una guerra. Evitando todo lo posible pagar ese precio, traspasar esa línea límite tan fina, depende de si estás a un lado o al otro y significa estár vivo o muerto. La vida o la muerte por muy pocos centímetros . Ese es el riesgo de sacar la foto de tu vida. Capa no murió en Omaha Beach bajo las balas alemanas sino en 1954 al pisar una mina terrestre en Indochina.

El libro de los Grandes Fotógrafos de LIFE es un compendio de imágenes que son un deleite, un lujo y un regalo para los ojos del observador. Toda persona con alma de fotógrafo, ama la fotografía. Los fotógrafos de LIFE son francotiradores de la cámara que con paciencia infinita esperan a que surja el momento, el instante preciso que pasa y que a lo mejor ya no se repetirá nunca. Aman lo que ven y les encanta estar allí para hacer lo que hacen. Así podemos ver cómo jugaban los niños en las calles de la Roma de los años 50, la infamia de los campos de concentración nazis, las caras de los desempleados de 1939, impresionantes imágenes de la guerra de Korea o Vietnam, la belleza plástica del ballet Bolshoi de Moscú o la cara de los niños que ven un teatro de marionetas en las Tullerías de París en 1963. Los fotógrafos de LIFE son los testigos de excepción en una guerra o en el día a día de un médico rural de la Norteamérica profunda de la década de los años cuarenta. No hay truco para tan buenas fotos. Solamente hay que pasar lo más desapercibidos como sea posible. La empatía es el corazón de la fotografía pero sin tomar partido en el hecho histórico. Así con la discreción de la humildad como única arma, podían sacar en la expresión de la cara de un soldado todo el significado de una guerra. Las fotos de LIFE son la personificación de la historia. Las fotografías de este libro son una ventana al pasado y a los sótanos del siglo XX. Por eso la imagen fotográfica es el ingrediente fundamental y objetivo del hecho histórico. Generalmente los que escriben la historia lo hacen desde su punto de vista. Así un hecho objetivo lo encontramos contado de muy diferente forma en unos libros o en otros, escritos cómodamente por historiadores desde un sillón sin poner en duda, claro está, el trabajo de investigación. Pero no es lo mismo. Muy pocas veces el historiador está allí para presenciar y describir objetivamente el hecho histórico en sí. Los fotógrafos de una guerra pueden pagar con su vida por dejar constancia de lo que han visto y lo que relatan sus negativos de ayer o sus tarjetas digitales de hoy. Esa es la verdadera y única historia. La imagen de lo que pasó es esa y no otra. Los Grandes Fotógrafos de LIFE es un libro de historia imprescindible que debería enseñarse en las escuelas.

                                                            José Miguel Casado ©

sábado, 18 de febrero de 2012

Los jubilados

       Son las nueve de la mañana y el supermercado abre a las nueve y media. Ya hay gente esperando para entrar y coger los primeros números de la panadería, de la frutería, etc. Tres grados bajo cero en una mañana soleada de febrero. Tensa espera y ansiedad. La edad de las personas que hay esperando supera los 65 años. No falla. Todos con su pijama bajo el pantalón. Más de una cadera se ha roto con las carreras sobre el suelo encerado hacia los números. En el suelo ya están pidiendo entre gritos de dolor una indemnización. Pasado el momento crítico de la apertura, dos jubilados hablan frente a la frutería. Los dos tienen una mano ocupada con bolsas de la compra y esperan que les toque la vez en la frutería. No se veían desde hace un mes en el baile del hogar del pensionista. –Gabriel cómo estás hombre no te veo desde el baile. Pepe hace gestos con la mano que le queda libre de bolsas. No veas como pegué cebolleta. –Tú lo que eres es un degenerao, le responde Gabriel. Oye ¿has pagado lo del viaje a Fuengirola?. Sí, pero voy a ir porque vamos pocos que si no, no voy. A mí no me verás con el Imserso porque va mucha gente y siempre hay que estar levantándose a las siete y cuarto para las visitar una capital en la que no estás y unos monumentos que están en el quinto pino. Que si ahora pa Toledo que si ahora pa Cuenca y siempre está el listillo que da el peñazo porque sabe lo que pasó allí o porque la mitad están meando y la otra mitad están comprando roscos y hay que esperarlos a todos. A Pepe se le infla la vena del cuello y para de hablar para coger aire. –Y yo así no voy a ningún lado porque no estoy para esos trotes. Yo mis viajecicos con poca gente y mis bailecicos y a arrimar cebolleta. Pepe es soltero desde que nació. Ya tiene 66 años y es jubilado de Telefónica. Un tio con pasta. En el hogar del pensionista le dicen “el chico de oro” pero él no lo sabe porque allí son muy discretos y sólo se dedican al dominó, al rentoy, al tute y al vino. Una guarida de espías, vamos. Todo amenizado con el soniquete de Manolo Escobar, Antonio Molina o la tele con el fútbol. Gabriel es un hombre de setenta años y mecánico jubilado. Es el encargado de echar la primitiva. Algunas veces se queda con algún dinerillo antes de repartir cuando toca algo, pero ya no se fía porque Pepe anda últimamente muy espabilado y sabiondo y está a la que salta. Gabriel es afiliado a un partido político y su mujer a otro partido diferente. Por eso cuando viene muy serio por el hogar del pensionista, es que ha discutido con la Puri. ¿Qué te pasa Gabriel?, nada que la Puri me ha fundido los plomos. La Puri ha llevado siempre una vida recta e impoluta y no ha faltado ni un domingo a misa desde que estaba en la sección femenina cuando era una muchacha de provecho. En cambio su marido Gabriel lleva toda la vida bregando en una multinacional trabajando de mecánico y es un rojazo y un ateo. Pepe sigue hablando de sus viajes a Fuengirola y de cuando estuvo en Benidorm viendo alemanas y a la ignífuga María Jesús y su acordeón. No veas qué tía. No se quema ni envejece. Pepe vive con su madre que tiene 96 años y está como una rosa, como él dice. Aunque viene una chica colombiana de treinta y tantos años a cuidarla y a la que Pepe no deja de imaginarla sin ropa. Pepe es un viejo verde. Manolo el “muelleguita” es el camarero del hogar del pensionista. Es un hombre ojeroso, taciturno, de sonrisa pirata porque le faltan unos cuantos dientes y tiene la boca como un escaparate de bastones. Es un hombre de movimientos lentos por eso es el camarero de los pensionistas. Ninguno es que sea muy rápido de movimientos que digamos y lo de “muelleguita” se lo puso algún gracioso de los que lo ven todos los días. A Manolo le pierde el tabaco y como es un fumador empedernido de Ducados, sale a fumar fuera cada quince minutos sin perder de vista la barra porque hay muchas manos largas entre los tahúres del Mississippi. Si no sale a fumar se le nota nervioso y cada vez más lento de movimientos como si se le acabase la batería poco a poco. Su amor por el tabaco le llevó una vez a cogerle prestados a su nieto un par de cigarros a escondidas. Lo malo es que estaban aliñados con una rara hierba jamaicana. Ese día Manolo ponía los vinos y las tapas con una extraña sonrisa y decía que era Charlie. El de los Ángeles de Charlie.

                                             José Miguel Casado ©

lunes, 13 de febrero de 2012

Los monguis

             Fue una mala elección. Comprarle al moro Ahmed “Carauvapasa” esos monguis fue una mala elección. No es que costaran muy caros, unos sesenta euros, sino que ahora estaban dentro de una película de dibujos animados y no sabían cómo salir. Julio y Pedro. Pedro y Julio. Dos amigos de la infancia que ahora uno se cree que es un chicle y el otro ve como las palabras de la gente vienen hacia él y explotan delante de su cara antes de comprender nada. Ni oye ni comprende nada. Pedro trabaja en un laboratorio y cuando era pequeño sobrevivió a un accidente de bicicleta. Cayó por un terraplén de diez metros. Un brazo roto y una brecha en la frente. Su madre le dijo que no cogiera más la bici. Pero ni puto caso. El niño iba en bici a todas partes. Doña Úrsula era la señora del kiosco de las chuches donde Pedro se gastaba la paga. Era un kiosco muy sui géneris. Tenía un patio con mesas y sillas en las que se sentaban los hombres a beber vino y jugar al dominó. En el kiosco de doña Úrsula también se vendía vino y cerveza aparte de garguerías. En aquel tiempo Pedro le compraba chicles y pipas. Su madre compraba aquellas patatas fritas a granel que estaban de vicio y que hacía la misma doña Úrsula. Pedro trabaja en un laboratorio de control de calidad de juguetes. Aplasta cabezas de barbis, quema ositos de peluche y le arranca la cabellera a muñecos cabezones sin piedad. Su amigo Julio trabaja de cartero ocasional haciendo sustituciones. Menudo caos Correos, dice él. Julio de pequeño ganó un premio en un concurso infantil de televisión. Ganó unas acuarelas y un parchís. Se quedó segundo. El primero ganó una Torrot BMX. Desde entonces es un resentido. Julio fue un empollón hasta 5º de EGB. A partir de las divisiones por dos cifras, se jodió todo. En el instituto, letras puras por supuesto. En clase de educación física en 2º de BUP, se partió la mano al caer de la barra de equilibrios cuando vió el escote de una chica que creía que todavía no tenía ese escote. Ahora Pedro y Julio están intentando salir de la película de dibujos animados en la que se han metido por culpa de las setas alucinógenas que le compraron al moro Ahmed alias “Carauvapasa”. Personaje de los bajos fondos, ex legionario, camello de poca monta y feo de cagarse. Ahora Pedro se cree que es un chicle y se pega a las paredes con los brazos y las piernas abiertas, hecho un San Andrés. Si se despega de la pared le da mucho vértigo y se marea y grita pidiendo socorro y diciendo. –¡Julio, Julio, lo veo todo en 3D como en el cine!. -¡Ayudame!. Julio, por su parte, ve las palabras salir de la boca de la gente y éstas explotan ante él antes de llegar a entenderlas. Pone la cara como si le hablaran en chino. Está cagado de miedo. Cuando la tarde se va y empieza a oscurecer llevan veinticuatro horas alucinando y la peli de dibujos animados que es su vida, termina. Pero poco a poco. Los dos están sentados en un banco del parque recordando los años de escuela a carcajadas. El efecto de los monguis se ha diluido en sus cerebros como un terrón de azúcar en un vaso de leche caliente. Un perro destartalado se para ante ellos y los mira extrañado. En ese mismo momento un taxi está a punto de atropellar a una vieja que cruza la calle por donde no debe. La vieja esgrime su bastón como una espada de madera, con esa rabia asesina que les sale a los jubilados cuando el planing del día que tienen previsto en el cerebro se les desvía un milímetro. El taxista manda a la vieja a la mierda y se va. Pedro y Julio sentados en el banco miran la escena en silencio y vuelven a reírse sin parar. La cabeza les duele como nunca. Es una olla a presión llena de recuerdos de muchos colores gracias a su experiencia alucinógena con los monguis. – Somos unos gilipollas por lo que hemos hecho. –Por eso los llamarán monguis digo yo. –Menudo viaje. La virgen. Todo esto muertos de risa.


                                                    José Miguel Casado ©

viernes, 3 de febrero de 2012

Sábado bizarro

             El café caliente es un bálsamo reparador y bendito que como una necesidad fisiológica te alivia y te reconcilia con un mal día. Pongamos que ese día es sábado. Una mañana de sábado medio laborable. Los sábados me ponen nervioso porque no me entero si son laborables. Son incómodos hasta las tres de la tarde más o menos. ¿Si el jefe me dice que vaya el sábado a trabajar, voy? Ni idea. Sabat. Los judíos sí que lo tienen claro. No mueven ni un músculo innecesariamente los sábados. ¿Irán al baño o esperan hasta el domingo?. Para mí el sábado, es un día limbo. Otro sorbo de café. Recomiendo mi cafetera. Es una Ufesa, que aunque vieja, es la mejor que conozco. Mucho mejor que esas pijadas de cápsulas de George Clooney, que hasta Dios quiere una. Cojones con los caprichos y los caprichosos. No tendrá nada mejor que hacer a su edad. Café en cápsulas. Si nuestros abuelos levantaran la cabeza cuando hacían el café en un puchero. Dentro había café o lo que fuese y fuera esperaba sobre la mesa de la cocina, ese jarro de lata resistente a los golpes y a la historia que junto a los sellos de las cartas, era un icono del siglo XX. Saboreo el café mientras pienso que la ayuda de Windows nunca me lleva a la solución del problema. La mañana de enero es demasiado luminosa para mí. Ni a través de la ventana. Cuanto más sol hace, más me molestan los ojos. No puedo soportar la luz estridente en mis retinas ni de fiestas ni de soles. El sol de invierno entra por los cristales como un río de luz que parte la habitación en dos. –Buenos días. El señor Murphy (el de la ley) me da los buenos días. En mi casa es plantilla fija. Cuando no está conmigo, está con el resto de la familia. No falla. Es un tipo consecuente con su trabajo. Murphy es un hombre de unos sesenta años. Delgadez asceta, casi mística. Gafas de hipermétrope, calvicie consumada y traje oscuro impecable con corbata y zapatos cordobán de negro impoluto. Me comunican que tengo que poner una lavadora y largarme de paseo con los críos. Murphy dice que nada es tan fácil como parece y que la conclusión que saque siempre será. equivocada. Yo le recuerdo aquel verano que estuvimos en Nerja en el que si en el conjunto de los océanos del planeta Tierra hay una sola mierda flotando, te la encuentras en la playa de Nerja o donde te estés bañando ese verano. También me recuerda que sólo él sabe por qué colocan el prospecto de las medicinas por donde abres la caja. Y aquella vez en el otoño del 93 cuando una herramienta (sea la que sea) cayó por donde más daño hacía. Murphy también me cuenta lo de los cables que se pueden conectar de dos o más formas diferentes, la primera que pruebes es la que causará más daños. Mientras miro el cesto de la ropa sucia pienso si cabrá todo de una vez en la lavadora. Murphy me susurra al oído que meta toda la ropa junta y que en una playa nudista todos suelen estar mejor dotados que yo. A Murphy le gusta dar consejos. No puedes seguir una conversación normal con él sin que te suelte alguno de sus consejos o de sus leyes. Le contesto que algo peor que eso es que haya ropa azul, roja, negra, verde, amarilla, rosa, blanca y no saber si se puede meter toda junta o por separado. B/N o color. –Pues eso que la metas toda junta. Luego suele salir con tonos rojizos. Timbre. Abro todavía en pantuflas. Veo a tres hombres enanos regordetes trajeados como presentadores de telediario y peinados con la raya del pelo en el mismo lado de la cabeza. Me miran. Pienso en si es una cámara oculta o si son los mini Blues Brothers, los de Lego fan club o si son empleados de Willy Wonka. Me da risa cuando los veo escanearme de arriba abajo como tres máquinas sincronizadas. Les pregunto cortésmente qué desean y me dicen sus nombres. –Somos el señor Moody, y los señores Standard y Poors y queremos ver a ese capu… Queremos ver al señor Murphy. –Sabemos que vive aquí. Mi teléfono móvil suena en el bolsillo del pijama. Es Murphy. –No les diga nada distráigalos como sea. Le llamaré de nuevo más tarde. Empiezo a hablar nervioso. –Así que ustedes –les digo a los tres hombrecillos- son los artífices de ese emporio de las agencias de calificación ¿eh?. Me miran como a quien le cuentan un mal chiste. Joder. Están tan bien sincronizados que parecen tres juguetes teledirigidos. Tres pequeñas chimeneas de vaho en una mañana helada de enero -¿Dónde está Murphy? Tenemos que verlo. –No está. Hoy no ha venido. Los tres zapatos derechos de los hombrecillos se mueven como si su dedo gordo quisiera escapar por la impaciencia. -¿Saben ustedes que la ley de Murphy prevalece sobre cualquier otra ley?. –Lo sabemos. Por eso estamos aquí. A partir de aquí, la voz de los enanos se torna oscura y amenazante. –Dígale que como no salga lo convertiremos en basura. O peor aún, dice el señor Poors. En bono griego. Sabe usted de sobra que basta con que nosotros digamos algo y se cumpla al instante. ¿Y sabe usted por qué se cumple? Los tres susurran ahora con los ojos muy abiertos y empinándose al hablar. –Porque nos tienen miedo y lo peor de todo. Porque nos creen. Pero ese cabrón de Murphy no nos teme y su influencia es demasiado grande. Las sienes empezaban a palpitarme y la cabeza me iba a estallar. Cuando desperté estaba en mi cama con una resaca 5XL del viernes anterior. Recordé que estuvimos en una cena con antiguos compañeros de colegio y la cosa se alargó. Había un vaso con algo efervescente en la mesita de noche. Mi mujer y los niños se habían ido de compras. No había nadie en casa. Sonreí y eché de menos a los tres hombrecillos trajeados. A Murphy lo ví poco después. Él nunca tiene resaca.


                                     José Miguel Casado ©

jueves, 2 de febrero de 2012

Justicia tuerta

          Desde que aquel inefable alcalde de Jerez dijo que la justicia es un cachondeo hace más de veinte años, la cosa no ha cambiado mucho. Nos ha tocado vivir a los de mi generación una época peor que la de nuestros padres en lo referente al empleo y la economía. Cinco millones y medio de parados y subiendo cuando escribo esto en enero de 2012. Lo peor de todo es que instituciones como la justicia están entrando en una crisis de valores y de resultados en la que el ciudadano de a pie se siente indefenso. Por lo menos yo. Los tiempos que corren son altamente nocivos para todos. Cuando digo todos quiero decir familias de clase media con hijos y con hipoteca. A la estatua de la justicia se le está curando la ceguera. Por lo menos, del ojo derecho. La dama de la balanza va a salir de carnaval con un parche en el ojo izquierdo, en su nueva condición de tuerta, vestida de corrupto capitán pirata. La crisis es un pastel que se presta a cierta demagogia y que salpica hasta a la justicia. Pedir justicia para unos padres que le han asesinado y violado a una hija es un acto justo y legítimo no un acto de demagogia. Es pedir justicia. Pedir justicia para un juez también es eso. Lo que pasa que pedirle algo a la justicia puede significar pedirle peras al olmo. Algunos dirán que se las arregle él solito. Pero estamos en un país de Caínes, de Sodomitas y Gomorritas y de cogérnosla con papel de fumar por si vamos de cabeza al infierno al instaurar la cadena perpetua. Un juez que juzgan en tres juicios diferentes por tres causas diferentes por si se escapa del primer toro que lo coja el segundo. Algunos juzgadores son ex compañeros suyos resentidos y corroídos por la envidia y la bilis. Cuando Garzón encarceló a media ETA, todos los partidos políticos estaban de acuerdo en decir joder qué bueno era. Que le pregunten a Federico Trillo que ahora rie los males del juez en silencio. Cuando Garzón abre proceso contra los crímenes del franquismo, qué hijo de puta y qué rojo es. Parece que es malo intentar enterrar en cementerios a cientos de miles de fusilados que todavía están en las cunetas de toda España y a los que sus familiares buscan desde entonces. Los buscan no como un acto político como algunos quieren que sea, sino como un acto humano de querer enterrar al padre o al abuelo en un cementerio por si quieren llevarle flores y llorar por fin frente a su lápida. En este segundo juicio, medio mundo se lleva las manos a la cabeza y a muchos se nos cae la cara de vergüenza de vivir en un país que persigue a los jueces investigan crímenes de guerra de una dictadura ya sea fascista o estalinista. Gracias a la acusación del “sindicato” fascista Manos Limpias en las que se ha dejado llevar por el juez instructor (otro ex compañero de Garzón) a modo de “poned esto en la acusación para que salga adelante”. La fiscalía y la defensa están escandalizadas y de acuerdo en que se ha atropellado a Garzón y la parcialidad del juez instructor. El primer juicio al juez juzgado, es sobre escuchas telefónicas “ilegales” de la trama Gürtel y encauzado por el juez instructor ex compañero del reo. Las supuestas escuchas ordenadas por el juez Garzón son en la cárcel entre acusados del caso Gürtel (de la que a estas alturas sólo tenemos la punta del iceberg) Correa y Crespo y sus abogados, pero no para desmontar su estrategia de defensa, como dice el abogado defensor lumbreras y ex compañero también de Garzón, que no puede ser más rastrero y resentido, sino porque los mismos abogados están implicados en movimientos de dinero de los acusados a paraísos fiscales. Cuando se hizo esto se habían detectado previamente movimientos de grandes cantidades de dinero de cuentas de los acusados a Suiza o Belize. Blanqueo es la palabra. El mundo entero está mirando perplejo con la boca abierta y con los ojos de más de 200 periodistas acreditados para seguir los juicios de la vergüenza. Sigo pensando en que la justicia se está recuperando de su ceguera severa y se ha quedado tuerta en un país en el que unos padres ven impotentes que el asesino de su hija no les dice dónde está el cadáver y sólo le caen veinte años de los que no cumplirá ni la mitad, unas fuerzas de seguridad atadas de pies y manos para hacer hablar a un asesino y violador, un juez juzgado por investigar los crímenes del franquismo, unos políticos que aceptan regalos a cambio de favores y no les pasa nada y un yerno del rey que se puede ir de rositas también porque viendo lo que está pasando a lo mejor se libra porque el delito prescribe o porque es rico y poderoso. Que por cierto telefónica le ha renovado el “contrato de trabajo” por cinco años más y a cobrar 1,4 millones de euros por año. Gastos de colegios de los niños aparte. Porque tú lo vales y por lo bien que lo has hecho. Y por tocarse los huevos a dos manos. No hay más ciego que el que no quiere ver. No quiero olvidarme del pobre Miguel Montes Neiro que sin tener delitos de sangre lleva en la cárcel desde 1976 y juegan a enseñarle el caramelo del indulto pero sin dárselo del todo. La justicia es igual para todos. Una mierda como el sombrero de un picador.

                                   José Miguel Casado ©

viernes, 27 de enero de 2012

El proceso

     A eso de las ocho y media amanecí un domingo. Torpe y dormido, como un oso que sale de la hibernación, bajé las escaleras sin hacer ruido para no despertar a los demás. El maldito microondas hace más ruido que una reunión vecinal de tartamudos. Tiene más pitidos que las fiestas del pueblo. Café con leche. Tostada de aceite y ajo. Inciso. Me encanta el ajo. Pero los que tienes cerca te condenan al ostracismo más absoluto. Te conviertes en un arma biológica con gafas. Mientras bebo café pienso en cómo enfocaré el proceso. Cómo se supera el pánico inicial. Ese horror vacui a lo infinito y que se enfoca de mil millones de maneras diferentes y lo mismo tardas un minuto que cinco años. Y con mil millones de técnicas diferentes. Es algo tan vasto como el horizonte oceánico que ve un náufrago desde su madero. Es como asomarte a un precipicio que te hace cosquillas en el estómago y te repele. Pero te atrae al mismo tiempo. A través de la ventana veo cómo cae la lluvia. Hace frío. En el salón ya se oye a Bob Esponja. Ese ser omnipresente que oyes aunque no esté. Sigo viendo la lluvia a través de la ventana de la cocina. Mi mano derecha sostiene la taza de café con leche. Esa espada flamígera de los domingos que te da alas y con la que eres capaz de emprender las más descabelladas empresas. Y te crees poderoso porque crees que eres libre. Porque ese día es así. Los demás días solo sostienes una taza de café. Mientras la cafeína activa neuronas como interruptores apagados, se enciende de nuevo el proceso en el cerebro. Vuelvo. El proceso o cualquier otro pensamiento parecido a ¿no se puede mejorar el sabor del Frenadol? o tengo que comprar el periódico, tengo que leer estupideces inexorables porque no me queda más remedio o tengo que cambiar la bombilla del patio. Otro producto de la paranoia continua en la que me tiene el proceso y que cojo al vuelo porque casi se me escapa, me sumerge desnudo en el patio mojado bajo la lluvia. La vecina cotilla ya tiene material para años y el vecino bipolar empieza a hacer fotos. Mi cabeza vuelve a la cocina con un escalofrío recorriendo el espinazo. Estas ocurrencias son el impuesto que hay que pagar por devanarte los sesos y que van a acabar conmigo.  En la ducha sigo pensando en el proceso que me hace buscar miles de motivos para empezar y que proyecto como una cascada de iconos. Pero no sé cómo. Con la cantidad de cosas que hay coño. No entiendo a los que se dedican a eso. Y algunos hasta ganan dinero aunque la caguen. Lo importante es que la gente te conozca y luego para bien o para mal, ya se sabe. Con razón algunos… Nada. Todo es un pandemónium como una “canción” de black metal, que oyes mucho ruido pero al final te queda un caos en el tarro, que si no te estalla a lo mejor puedes sacarle algo. Mejor el ejemplo de un vino que te deja un buen sabor de boca. O su recuerdo antes de probarlo por segunda vez. Abro la puerta del patio y lleno mis pulmones de olor a tierra mojada. Adoro ese olor. Cierro rápido para que no entre el frío en la casa. Corriendo me voy al sótano donde creo que voy a comenzar la obra faraónica a la que me ha llevado el proceso. Por fin voy a desenmarañar la madeja. Por fin voy a juntar las piezas del puzzle a ver qué sale. Antes de matarme escaleras abajo con las zapatillas en chancla, de nuevo me asalta la duda. Dios otra vez no. Hay que empezar ya como sea. Ya lo he demorado bastante, me niego a retrasarlo más. Aterrizo en el sótano por fin como un águila caótica. El proceso es ya impepinable y va hacia adelante. Antes de nada me pongo la bata blanca de científico loco y pongo en la oreja a Ryuichi Sakamoto para que me baje un poco la cafeína. No hay vuelta atrás. El proceso inicia su andadura. Miro el blanco infinito del lienzo y empiezo a pintar un cuadro.

                                                                                               José Miguel Casado ©

miércoles, 4 de enero de 2012

La Toma de Granada

“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy muy seguro.”

                                                                                                                                   Albert Einstein




      El día 2 de enero en Granada es una carrera hacia la meta de la imbecilidad más absoluta. Un día 2 de enero de 1492 el rey Boabdil capitula y entrega las llaves de la ciudad a los Reyes Católicos. Desde el siglo XIX se conmemora esta fecha con un tremolar de banderas desde el balcón del ayuntamiento y con la parafernalia propia de cualquier efeméride histórica de cualquier ciudad que ame su historia. Entre las filas de los maceros desfilando, soldados y el alcalde con los concejales, se encuentran tres bandos. Los de extrema izquierda, los de extrema derecha y en medio los de la gente normal que se pasan por la plaza del Carmen o que están de paseo con la familia como cualquier día festivo. El coro de los illuminati de la extrema izquierda voceando su verdad por un lado de la plaza e identificados y confundidos con ideas y banderas independentistas, perro-flautas, anti-sistema o como queramos ver al circo y a los payasos. Se ponen del lado del progreso y del pobre musulmán magrebí expulsado por los fascistas reyes católicos. Ojo con llamar a los musulmanes, moros ya que es una palabra también del glosario fascista. En el coro de los otros illuminati de la extrema derecha nos encontramos con los ociosos abuelos cebolletas cantamañaniles que cara al sol y brazo en alto ladran la vuelta de Isabel y Fernando y del pequeño ruiseñor. Todo ello con sus banderas preconstitucionales y sus camisas oscuras del siglo pasado. Total. Una vergüenza. Sin embargo aunque en el siglo XV los Reyes Católicos expulsaran a los moros y se cargaran hasta al apundador, era el siglo XV y las guerras se hacían así. Si Boabdil no hubiese sido expulsado a su tierra, Granada a lo mejor hoy sería otra provincia de Marruecos ¿no?. Los 300 espartanos dieron su vida en el desfiladero de las Termópilas pero antes hicieron albóndigas con los persas que representaban no solo a los malos sino a la peor idea de todas: el fanatismo. Que no quiero ser demagogo pero la historia es así aunque luego no le guste a los que viven cómodamente, sean de la izquierda mora o de la derecha racista, en un país democrático cinco siglos después. Cualquiera de Málaga, de Jaén o de Australia que estuviese de vacaciones en cualquiera de los múltiples hoteles de la ciudad más turística de España, se preguntarían ¿Pero qué espectáculo es este? ¿Es que en esta ciudad se han vuelto todos gilipollas?. Para más inri matan al mensajero y le parten la cara a un periodista por ser de un medio determinado y no de otro. Me da igual del medio que fuera el periodista. Es una auténtica aberración y una vuelta al pasado más cavernícola cargarse derechos fundamentales como la libertad de expresión. Que no estamos ni en el Congo, ni en Irán, ni en México, ni en Rusia.

                                                                              José Miguel Casado ©


viernes, 23 de diciembre de 2011

Paisaje tras la lotería

         Para mitigar el vacío y la desolación que me deja el sorteo de Navidad de la lotería, ya a toro pasado y tras comprobar que la fortuna ha dado la espalda a mis números, pongo en el comprobador de internet el número del gordo y una cantidad jugada. Pongamos por ejemplo sesenta euros y debajo sale: Le han correspondido un millón doscientos mil euros. Lo hago varias veces. Es mano de santo y quieras o no, te relaja un poco y te cura en parte ese hueco y esa cara que se te queda siempre después de perder lo que has jugado y ver que no te ha tocado ni un céntimo. Es como un post operatorio que hay que seguir cuidadosamente. Un año más. No es que sea ludópata pero en Navidad que si un décimo de la prima de Utrera, otro del colegio de los niños, otro del bar y así vas sumando y subiendo y mayor es el batacazo. Creo que influye algo en nuestro cerebro el anuncio hipnótico del hombre calvo de la lotería que va soplando el polvillo de la suerte por donde pisa. Este año el calvo no estaba y salía una fábrica de bolas de lotería. Una fábrica enorme, casi alemana, en tiempos de paro endémico. Son ganas de provocar. No sé. A decir verdad este año no llevaba muchos números porque ni siquiera tengo horno para los bollos del refrán. Hay un cura en un pueblo de Granada donde el año pasado le tocaron cien mil euros. Después del susto inicial, ese ¡ay! que todos daríamos con cien mil euros (y con menos) que nos tocan en un sorteo, el hombre lo está repartiendo todo entre las familias necesitadas del pueblo y apuntándolo todo, cual tendero de ultramarinos, en una entrañable libreta en la que lleva las cuentas de la vieja al dedillo. La verdad es que hoy en dia con la que tenemos encima hay que estar hecho de una pasta muy especial para hacer eso. Hay gente que le pide para comprar comida o para pagar el recibo de la luz o seis mil euros que dio para un niño enfermo. Eso es un cura con dos cojones y consecuente con la teoria y con la práctica no ya de la Iglesia, sino del sentido común. Otros curas, ni en la práctica ni en la teoría. Podían tomar ejemplo desde ellos mismos hasta las imágenes de sus iglesias que algunas parecen raperos poligoneros con la cantidad de oros que les cuelgan. Este año la cantidad que toca en los premios de la loteria de Navidad ha subido. De trescientos mil a cuatrocientos mil euros al décimo por el mismo precio. Qué derroche de generosidad, pensarán algunos, por parte del estado que nos aflige y nos compunge cuando nos aprieta el cinturón casi hasta dividirnos como a células indefensas. Pellizquémonos y despertemos al que se haya quedado dormido por si sueña. Ni que decir tiene que las probabilidades de que el gordo sea nuestro número son mucho menores porque hasta el año pasado se jugaba hasta el número 85.000 y este año se juega hasta el 99.999. Casi nada. Subimos los premios pero ya redondeamos y metemos hasta cien mil bolitas en el bombo. No podía faltar la figura navideña del político al que mientras están juzgando le tocan un huevo de millones. Ya pudiera haber un millón de bolas en el bombo que le toca. Con la crisis que hay, como si dijéramos “con la gripe que hay”, la crisis es ya una cuestión casi de salud pública, la recaudación de las loterias crece exponencialmente. No falla. Cuanto más tiesos estamos, más viciosos nos volvemos. Yo ya no sé qué ritual seguir para que toque algo. Desde disfrazarte con muchas moneditas pequeñas pegadas al cuerpo como algún lumbreras de los que salen en la tele hasta visitar a alguna tribu del Amazonas a que me suelten con una cerbatana, vía nasal un viaje de peyote. Menudo viaje. Hasta el día 22 de diciembre me lo han cambiado. Recuerdo como un ritual antiguo, cuando veía de niño a los niños de San Ildefonso por la tele. Siempre en pijama y sentado bajo las enaguas de la mesa camilla. El colacao, las galletas, el tebeo, etc. En la calle hacía un frío del carajo. El gordo siempre tocaba donde había caído la gota fría ese año. Siempre tocaba en Madrid y en Valencia. Ya ni eso. Ni siquiera hay gota fría. El invierno es ahora un sospechoso calorcillo primaveral raro, raro, raro, como diría papuchi. Antes casi todo venía de Madrid. Los invasores de Marte venían de Madrid, Pixie y Dixie venían de Madrid, hasta los niños venían de Madrid y no de Paris. Mi amigo Paquito Corbalán me decía que todas las tias buenas que salen en la tele, los anuncios y todas las películas sin excepción, venían de Madrid. El gordo o los siguientes premios siguen cayendo en Madrid. O de Madrid para arriba. Está claro, toca donde han hecho el anuncio del calvo de la lotería. O cayendo en lugares donde me veo siempre diciendo desde que era un niño, “joder qué lejos” como Huesca. Y apago la tele.

                                                                   José Miguel Casado ©


domingo, 11 de diciembre de 2011

Cada uno en su sitio

         En un zafarrancho de combate como caso extremo y en las situaciones de emergencia, generalmente para la llegada a buen puerto del desaguisado y del estropicio, es imprescindible que cada persona esté en su puesto a la hora de los tiros. Desde la última rata del barco hasta el capitán. Esto es impepinable. En un país con tradiciones tan ancestrales como la envidia, la chapuza y el bandolerismo público nuestras luchas y batallas no han salido muy airosas a lo largo de la historia. Ni las antiguas ni las modernas. La picaresca, hermana mayor y matriz de todas las costumbres desastrosas es la que ha acrecentado nuestra leyenda. Lo peor es que la leyenda se convierte en tópico y medio mundo nos toma por el pito del sereno. No solo avergonzado estoy, como estado de ánimo en general, de que un miembro de la familia real, cuasi príncipe, esté a punto de ser procesado por evasión de dinero público sino que me sale a borbotones la palabra, tantas veces manida en este tiempo, de la indignación. No es solo por eso sino porque a la casa real se le asignan todos los años casi nueve millones de euros de las arcas del Estado. Por no hablar de la casa de Alba que también recibe tres o cuatro millones al año de subvenciones para mantener una familia y sus fincas. Dinero público para mantenidos. Volviendo al Ken real con la infanta Barbie real. Está en Washington trabajando. Hubo que buscarle un trabajo importante muy bien remunerado a la infanta (ella lleva años allí trabajando) y al ex jugador de balonmano. Expertos financieros ambos. A la hora de hablar de monarquía o república, todavía hay gente que se lleva las manos a la cabeza como si el rey y su casa fueran un dogma de fe indiscutible y la república una idea pintoresca de perro-flautas. La monarquía es un sistema anticuado e injusto. Con la república el pueblo elige al jefe del estado cada equis años, por medio de un referéndum justo y no hay una familia real elegida por la gracia de Dios que está siglos dando la brasa y estrujando las vacas gordas en tiempos de bonanza y las vacas flacas en tiempos de sequía y de crisis. Mientras tanto familias y familias desahuciadas cada día que pasa porque no pueden pagarle al banco y sin un trabajo que llevarse a la cara. La maquinaria del Estado sigue haciendo su trabajo: dar todos los años a la familia real nueve millones de euros de las arcas públicas. Es duro que te partas el pecho por ochocientos euros mensuales, porque el mileurismo ya casi es una quimera y veas en la tele a estos caraduras vitalicios. Otro disparate del despilfarro dinerario es hacer obras que valen varios millones de euros y luego no sirven para nada porque no son viables. Aeropuertos y ciudades dormitorio vacías porque nadie ha comprado ni un ladrillo. Ni el caso sangrante de deportistas de élite que ganan como si les tocara la primitiva todos los meses. La olla a presión se te llena de violencia y como en un videojuego escoges un arma entre veinte y te lanzas a la calle, como Michael Douglas en “Un día de furia” porque estás hasta los huevos. Pero controlas. Un calentón lo tiene cualquiera. En una situación de crisis gorda como la que tenemos es imprescindible que cada uno esté en su sitio. Exigirle al rey y a los políticos que estén ahí cuando tienen que estar debería ser lo obvio. Pero al olmo no le pidas peras.

Hagamos un poco de autocrítica los que no somos ni reyes ni políticos. Por ejemplo que el funcionario no desayune una hora si tiene solo media, que si tienen que echar dos horas más a la semana que las echen, que no se hernian. Hay otros mucho más jodidos que ellos y que cobran mucho menos y a lo mejor no pueden ni quejarse. Que el enfermo no muy enfermo no vaya a urgencias a dar la matraca, que el estudiante sea responsable de estudiar y se dé cuenta del privilegio y la suerte que es tener una escuela pública y los padres y madres que sean responsables de los buenos modales de sus hijos y los profesores se responsabilicen de enseñar. Que jueces que procesan a otro juez que investiga otro “dogma de fe” como el franquismo, no procesen a un juez que quiere saber la verdad. Que esos mismos jueces no absuelvan a los maltratadores. Porque no hay peor ciego que el que no quiere ver. Eso si es un ejercicio de prevaricación y de irresponsabilidad. Por lo tanto, cada uno a lo suyo si queremos salir de la caverna. Porque hasta ahora las ratas del barco son las que han estado en su puesto y el capitán y los oficiales son los que nos han fallado.

                                                                         José Miguel Casado ©

martes, 6 de diciembre de 2011

Gustavo Alcalá-Zamora

“Annorum vinum, socius vetus et vetus aurum”




      Los comienzos nunca fueron fáciles. Corrían los primeros años noventa del siglo pasado cuando Gustavo Alcalá comenzaba en la Facultad de Bellas Artes. Tras alternar los estudios con su labor de bajista en un grupo de rock y con trabajos variopintos, deja la facultad para trabajar a piñón durante otros tantos años. Afortunadamente se dio cuenta a tiempo de su verdadera vocación y actualmente está terminando sus estudios y se va a doctorar en Bellas Artes. Como le gusta decir a él, se cayó del caballo a tiempo como San Pablo y para aguantar el chaparrón infame del paro a la intemperie por lo menos hace lo que realmente le gusta. Crear. Y no le va nada mal. Su trabajo pictórico recuerda, salvando las distancias, al Cézanne que dejó atrás el impresionismo, para desarrollar un estilo pictórico propio, nunca visto hasta entonces. Si el impresionismo fue aire fresco, Cézanne abrió las ventanas a nuevas vanguardias. Creo que es un pionero en su estilo, aunque la palabra pionero suene a osadía impronunciable por muchos cobardes de nuestro tiempo. Decía Karl Heinz Stockhausen que un genio debe demostrar que lo es a través de su obra. Es su obra la que nos dice lo que piensa y lo que opina de la realidad particular que tiene cada genio a su alrededor. Son esos colores sobre las líneas rectas de paisajes urbanos, las que nos hablan de un excelente referente de la pintura del siglo XXI. Ante todo es mi amigo. Uno de los mejores. A destacar son su bondad de madre Teresa de Calcuta y su generosidad infinitas. Es ese Buda sonriente que tenemos que poner en nuestras vidas, que nunca tiene una mala cara por nada y que te alegras cada vez que lo ves. Su fuente inagotable de sabiduría la comparte como el niño que comparte su bocata en el recreo. Sin esperar nada a cambio. Es la hormiga en ese cuento que es atravesar los desiertos áridos de la incomprensión y de los portazos en las narices cuando has llamado a ciertas puertas que creías abiertas. Inasequible al desaliento y poseedor de esa capacidad innata e infinita de aprender y de adquirir conocimientos que tienen los genios. Cuando no está dibujando o pintando está pensando en dibujar o pintar. Su cabeza siempre en ebullición tiene a las musas exhaustas, pero siempre fieles y presentes. Es un cultivador de amigos y un amante de su familia. Su verdadera riqueza es un amigo a su lado junto a un café y una conversación. Es un amante de la vida y del buen rollo. Es la amistad personificada. Republicano reincidente y obstinado como el que más. De casta le viene al galgo con antepasados de apellidos tan ilustres como el suyo en su patria chica Priego de Córdoba (su verdadera patria es el Zaidín) allá por la Segunda República. Y a mucha honra.

La obra de Gustavo Alcalá-Zamora no se podría enmarcar en ninguna corriente pictórica actual. En una sí. En la corriente de la belleza. Es ni más ni menos ese aire fresco salvador para los sentidos y para las retinas, acostumbradas al tedio colorista y kitsch de tantos pintores academicistas y políticamente correctos de nuestro tiempo. Es ante todo, un gran dibujante que sabe lo que hace y lo perfecciona en cada cuadro que termina. Da a luz obras magníficas en las que vislumbramos la máxima expresión del arte y en las que vemos que están hechas con el material del que están hechos los sueños.

                                                                              José Miguel Casado ©

domingo, 27 de noviembre de 2011

Mujer en Afganistán

      Cada vez que leo el periódico me pregunto si estoy leyendo noticias a sabiendas increíbles paridas por los directores y redactores de esos periódicos o puestas adrede ahí para concursar a ver quién cuenta la mentira y la falacia más gorda y atroz. O eso. Paridas simplemente. Pero no. Me doy una vez más de narices contra el muro de metros de espesor de acero y hormigón de la realidad. Cuando lees que una mujer afgana llamada Gulnaz, ha sido condenada a doce años de cárcel tras ser violada por el esposo de su prima. Lees que las leyes afganas consideran la violación como un adulterio, al tratarse de sexo con un hombre casado. Lees que la chica de 19 años deberá casarse con su agresor si quiere ser perdonada y que aceptará para que su hija producto de esa violación pueda seguir teniendo una madre. Lees que el agresor niega haberla violado y ha dicho que la chica será asesinada por su familia por la vergüenza de haber sido violada. El poco cerebro operativo que te queda tras leer esto acaba de cargarse tu lucidez, blasfema, clama venganza y te hace justísimas reivindicaciones. Y lo primero que hacen tus lágrimas es salirse ojos abajo. Hace falta ser hijos de puta. Desde el primero hasta el último. Sistema judicial de ese “país” por llamarlo algo, incluido. Otra chica ha sido abandonada en el desierto después de que su tribu le cortara la nariz porque abandonó a su marido con el que la casaron con 16 años. ¿Contra qué luchan las tropas de tantos países en Afganistán? ¿Contra los talibanes? ¿los jueces también son talibanes? ¿Por qué no evacuan a todas las mujeres y niños de ese país y dejan a los hombres solos?. Ni los rusos antes ni los americanos ahora. Afganistán seguirá siendo la cuna de la barbarie, anclado en la edad media con mentes de la edad media pero con armas modernas. Qué impresionantes logros y avances en materia de derechos humanos ha habido en ese país desde que las tropas occidentales están allí. Ni en la más oscura edad media se vieron tantas barrabasadas y vejaciones como estamos viendo en nuestro tiempo. Ni con los omeyas, ni almohades, ni en el califato de Córdoba en el siglo X y XI por poner uno. Tardé en verlo pero lo ví con la destrucción de los Budas de Bamiyán en el 2001 por parte de los talibanes. Unas estatuas que llevaban ahí desde el siglo V o VI las destruimos en el año 2001. Unas estatuas que han soportado la edad media, han soportado dos guerras mundiales, pero no han soportado el fanatismo en pleno siglo XXI. 1500 años de historia destruidos por razones religiosas. Hace falta tener pocas luces. No encuentro palabras políticamente correctas para definir la sinrazón y la barbarie a la que están sometidas las mujeres en tantos países. Del tercer y del primer mundo. Pero en este caso es tan flagrante, tan adrede y tan lleno de maldad que las cabezas huecas están institucionalizadas hasta en los sistemas judiciales y supongo que nadie puede levantar la voz ni hacer nada. Y no faltará el imbécil abierto de miras que diga que eso es su cultura y hay que respetarlo. Como la ablación del clítoris a niñas de corta edad en algunos países de África. ¿Cómo se puede hacer eso? ¿Cómo es posible que un ser humano haga eso con sus hijas? ¿Qué se le pasa por la cabeza a los que cometen tales crímenes? Por aquí vamos ya con la vergüenza de cincuenta o sesenta mujeres muertas ya a manos de sus parejas. Esto daría para varios artículos extensos. Que nos estamos metiendo en la segunda decena del siglo XXI y mira como estamos de mierda todavía.


                                                                         José Miguel Casado ©

lunes, 14 de noviembre de 2011

Nos vemos en Marte

              Un astrónomo inglés calcula que la probabilidad para que conquistemos otro planeta antes de cargarnos el nuestro es del cincuenta por ciento. El inglés dixit. La historia universal corre paralela a la carrera espacial como una huida hacia adelante permanente. Hacia un progreso inexorable. Es otra batalla que hay que ganar pero que puede durar siglos. No nos queda más remedio después de superar ya los 7.000 millones de terrícolas que rezar para que a algún lumbreras no se le ocurra apretar el botón nuclear y salir pitando no ya a la Luna sino a Marte. Es el planeta más parecido a la Tierra y el más próximo. Antes de destruir la Tierra tenemos que tener resuelta por lo menos la próxima estación en la que bajarnos porque si no, nos vamos todos a hacer puñetas sin escapatoria. El 4 de noviembre pasado, regresaron los seis tripulantes de un vuelo tripulado (simulado) a Marte. Tras abrir la puerta, hablan de su ostracismo voluntario de 520 días. La cosa parece un chiste. Un ruso, un francés, un chino, un italo-colombiano, etc. Los tripulantes estuvieron en la “cabaña marciana” porque era lo más parecido a una casa de madera de Ikea, pero con la puerta y las ventanas cerradas. Aunque estuviesen en el Instituto de Problemas Biomédicos de Moscú. Han señalado que para sobrellevar año y medio encerrados fueron vitales las sesiones regulares de ejercicio, la lectura, aprender idiomas y sobre todo mantenerse ocupados con más de cien experimentos científicos llevados a cabo. El italo-colombiano leyó a García Márquez, el francés tocaba la guitarra eléctrica, jugaba a las cartas y aprendía ruso, mientras el chino hacía caligrafía, leía libros de historia y daba clases de mandarín a sus compañeros. Todo esto con internet, claro. Una especie de “aquí no hay quien viva” pero multicultural. Acabaron hablando una mezcla de ruso e inglés. Rusglés. La verdad es que hay que estar bien preparado física y mentalmente para controlar todo lo que les pasa sin ningún peligro psicológico y sin ningún atisbo de crisis de identidad y roles cambiados. Imaginemos que cuando llegan a Marte o a la Tierra el chino dice ¿yo era el colombiano, el ruso o el padre del ruso? Y el ruso ¿yo era el americano o el francés?.Y así toda la tripulación. Como todos hablan el idioma de todos eso era un sin dios. La freidora con calamares a la romana que se incendia y que lia una humareda enorme ¿qué hacemos Dimitri? ¿abrimos la ventana de la nave?. Hala todo lleno de materia oscura y neutrinos. Con lo que eso mancha. Supongo que para un viaje de dos años de ida y dos de vuelta no comerán comida liofilizada. Por otro lado y sin que sirva de precedente, días después del regreso de los seis héroes, la agencia espacial rusa Roscosmos lanza desde el cosmódromo de Baikonur en Kazajistán, la estación interplanetaria Fobos-Grunt. Se dirige hacia la luna marciana Fobos, pero por el camino, se escacharra. Tras intentar arreglarla a distancia, tenemos que esperar otra vez mirando al cielo como temerosos de una plaga divina a ver si nos cae en la cabeza otra vez, el dichoso ingenio ruso. Así que en diciembre tendremos pedrea de once toneladas de acero y varios productos tóxicos como el tetróxido de nitrógeno. Cuando no es una sonda es una estación espacial entera. Menos mal que siempre cae en el Pacífico. 170 millones de dólares que caen al océano. Lo malo es que no tengamos preparada una nave fiable hasta mediados de siglo y un asteroide nos dé un chinazo antes y nos descalabre a todos. Como si es un pedo nuclear, un desastre natural o un desastre biológico como nuevas cepas de enfermedades. Paisaje para jiñarse vivos. Somos tan fuertes como una hoja seca de árbol. La raza humana es como un niño que deja los deberes para el final. Un día cualquiera de junio del año 2064 hacia las tres menos cuarto de la tarde. Calor que derrite el asfalto de grafeno-antigravedad . Siesta con aire acondicionado de sabores. En el horizonte se ve un destello. El asteroide mortífero toma contacto con la atmósfera terrestre y el astronauta sigue arreglando la nave que nos llevará a Marte. –Manolo date prisa con el cigüeñal, que ya viene el peñasco por el horizonte. Los hermanos Marx en Marte.

                                                                           José Miguel Casado ©





jueves, 10 de noviembre de 2011

Apologías




              Yo no es que sea un experto en arte pero admito que me gusta la pintura. Hay genios como Leonardo Da Vinci que pintando apenas veinte obras, han alcanzado las más altas cotas del arte pictórico en la historia de la humanidad. Y qué decir de museos como el Prado en Madrid, el Hermitage de San Petersburgo o la National Gallery de Londres verdaderos templos universales  de la pintura y que son patrimonio de la humanidad.  Desde Leonardo  ha llovido mucho y han visto la luz genios como Velázquez, Zurbarán, Caravaggio, etc y no sigo porque no soy experto y voy a mezclar churras con meninas (que diría mi amigo Paco) y cada una es de su padre y de su madre y la cosa daría para escribir una wikipedia solo de pintura.  En la vida que podían llevar los genios de la pintura,  por lo visto,  solía ser miserable y atormentada  pero cuando morían, sus cuadros se convertían con el tiempo en joyas de incalculable valor. Caso aparte el de Antonio López que ya ha vendido algún que otro cuadro suyo en vida, bastante caro por cierto y me alegra porque es un pintor como la copa de un pino. Pero ¿quién hace que los cuadros sean joyas de incalculable valor? Sigo viendo el fantasma de la especulación y de los mercados. Hace pocos días se me atragantaron las anchoas en vinagre cuando leí en el periódico que en la sala de subastas Christie´s de Nueva York se pagaron 31´6 millones de euros por un cuadro de Roy Lichtenstein. No es que el alma se me cayera a los pies, es que me sentí indignado (palabra, según Javier Marías, demasiado utilizada ya en los tiempos que corren pero que no se puede dejar de utilizar aunque se quiera) y avergonzado de verdad con la que está cayendo. Pensé que el que compró el cuadro tenía que ser ajusticiado al amanecer. ¿Apología del terrorismo o de la indignación? Sigo pensando lo mismo. Viendo el cuadro ves una viñeta gigante de tebeo. Un hombre mirando por un hueco. Solo eso. Una joya del arte pop, vamos. El experto que dice sobre el autor “…Roy Lichtenstein incorporó la banalidad a sus cuadros…”  Como para ir cargando la recortada. Y piensas ¿pero qué se le pasará por la cabeza a alguien que ve un cuadro y regatea y lo compra por 31´6 millones de euros? Que lamentablemente, se dice pronto. Con esto no quiero dar la impresión de que demonizo a la pintura. Dios me libre. Vivimos en un mundo en el que nos echamos a la cara a cada segundo, datos para echarnos al monte: 1) Directivos que llevan a la ruina bancos y se jubilan con pensiones vitalicias millonarias gracias al dinero público que el Estado les han dado para reflotar esos bancos. 2) Hay en la calle cinco millones de parados indignados que leen periódicos y que pueden reventarles el banquete a los ricos y a los políticos porque la marrana está a punto de explotar de tanto joderla. 3) Hay gente a la que están echando de su casa a la calle con niños pequeños por no poder pagar al banco. 4) Un dato cristalino que clama al cielo: La venta de coches ha bajado en octubre al nivel de 1984 mientras que la venta de coches de lujo se ha disparado un 33% en el mismo mes de octubre. La crisis no solo no nos afecta a todos por igual sino que algunos se benefician a manos llenas de ella. 5) De los 7.000 millones de personas que ya hay en el mundo, se estima que 1.000 millones pasan hambre. Cada año mueren 10,9 millones de niños menores de cinco años en los países en desarrollo. Unas 684.000 muertes de niños podrían prevenirse con un mayor acceso a la vitamina A y al zinc. Cada año un millón de niños muere por falta de vitamina A. ¿Esto es demagogia?. Llegará el día en que atracar bancos no esté tan mal visto. Ya los atracan sus directivos cuando se jubilan y ni dios mueve una pestaña. Es decir que el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Que en el siglo XVIII  ya habrían rodado cabezas de las de verdad por menos. El pueblo está harto de que se rían de él y de que lo engañen como a un niño de teta. Como siga leyendo en los periódicos que algún cuadro de Lichtenstein o de su puta madre vale tanto porque alguien ha pagado eso por él, lea que un banquero en connivencia con los políticos que se lo permiten se ha jubilado con millones de euros vitalicios, lea que el sueldo de un jugador de fútbol o un piloto de fórmula uno sea de un millón al año mínimo,  siga leyendo que la clase política se sigue dando de navajazos por salir de su pueblo e ir al Congreso y al Senado por lo bien que pagan o por ser alcalde de su pueblo por lo mismo y lea que algunos yernos de casas reales se lo llevan calentito, seguiré pensando en que hace falta una revolución con guillotina y me seguiré acordando de la puta que los parió a todos.
                                                                  
                                                       José Miguel Casado ©