jueves, 3 de noviembre de 2011

Pasatiempos

     Desde que recuerdo, empiezo las revistas y los periódicos por el final. Algunas revistas también se empiezan por el centro pero es otra historia. Las razones por las que empiezo los periódicos por la última página son porque el que yo suelo leer tiene la columna del maestro Manuel Alcántara y porque por ahí están las páginas más llevaderas del diario. Las menos importantes pero las más entretenidas. Las menos pesadas y espesas, las carteleras, las de sociedad , viñetas, cultura, necrológicas, anuncios por palabras y sobre todo las de pasatiempos. Aunque también horóscopos. Me alegra que haya alguien fuera de las listas del paro y que se dedique en un periódico, entre otras cosas, a los horóscopos. Eso es suerte. Aunque los horóscopos no son mi fuerte. Con los libros se me va la mano y el ojo a la contraportada pero no paso de ahí. Lo juro. Por no hablar de los trailers de las películas, que más de uno te revienta la película entera en la cara.

Con los pasatiempos tengo una relación rara. De psicoanalista. Siempre me llamó la atención, cerca del fetichismo, los nombres de los dos contendientes de la partida de ajedrez. Incluso las ciudades donde juegan pueden ser tan ilegibles que crees que no has superado la dislexia del instituto. Motilev-Laznicka (Novosibirsk 2011), Glucksberg-Najdorf (Leipzig 1930) o Zuckertort-Blackburne (Omsk 1883). Pareces hablando el de “Posesión infernal”. Nombres como Viswanathan Anand, Krishnan Sasikiran o Chiburdanidze, están en mi pódium olímpico de nombres raros. ¿Se imaginan que algún maestro de ajedrez se hubiera dedicado a torear? Esos carteles memorables con “Chiburdanidze el niño de Novosibirsk” o “Viswanathan Anand el niño de Bangalore” que conforme vas leyendo te pones más nervioso y te empieza el tic en el ojo izquierdo. La gente con cara de judío bíblico al ver que Moisés abría el Mar Rojo por la mitad. Todos tienen mis respetos más sinceros. Honorables maestros de un juego milenario como el ajedrez tienen mi admiración más plena porque es mi juego de cabecera. Sin embargo, no puedo dejar de leer sus nombres. Verdaderos trabalenguas con coche, casa y familia que repito como mantras. En la partida de ajedrez del periódico casi siempre pone: blancas juegan y ganan. Afirmación arriesgada y relativa que independientemente del color de las piezas que ganen, en el papel del periódico es dogma, pero según quien juegue, no. Intento resolver la partida y las blancas juegan pero no hay manera de que ganen. El ajedrez en una sola dimensión me cuesta más. No digamos ya la jerga: 1. d4 Nf6 2. Nc3 Bb4…Bd3 O-O a4 Rfe8… y así hasta infinito.  Las sopas de letras o los autodefinidos son las asignaturas fáciles de los primeros cursos de pasatiempos con los que se empieza. Y son los más populares entre los abueletes observadores y contertulios de los parques. Hay abuelos más frikis que se atreven con los inmisericordes sudokus. Ese producto de alguien, japonés por supuesto, que un día mientras veía en la tele Doraemon, se puso a hacer números en una libreta de cuadritos. Así nació ese ingenio del diablo. Es un mecanismo lleno de engranajes hechos números que tienen que encajar en la casilla correcta como un pastel en un molde, si no es así, no se puede resolver. Es la obra de un relojero, de un verdadero creador. Y engancha.  En los periódicos, los pasatiempos más antiguos y de más solera, que yo recuerde, son los crucigramas. No logro completarlos como me gustaría, leo todas las definiciones porque encuentro verdaderas joyas como “Benefactora de Pinocho”, “Prima del cuervo”, “Anestésico volátil”, “Especie de violonchelo siamés” o “Quiá”. Y te preguntas ¿quién se entretiene en inventar un crucigrama? ¿Tendrá nombre ese oficio? ¿Crucigramero, crucigramista, crucigramador grado 1?, ¿Si en el INEM dices que eres inventor de crucigramas te apuntan o no? Eso tiene que ser para perder la cabeza con lo que cuesta encontrarla.  Los jeroglíficos merecen una tesis doctoral. Son los primos raros de los pasatiempos y ponemos cara de mirar algo que nunca hemos visto o como si observáramos un fenómeno paranormal. Me imagino al hombre que hace los jeroglíficos como alguien que está en su casa en pantuflas y en la mesa camilla, con personalidad tendente a la depresión a la soledad o al ostracismo más absoluto. Fabrica uno al día mínimo. Lo mismo que el dibujante de las siete diferencias. ¿Habrá libros recopilatorios con los dibujos de las siete diferencias de los últimos años?. Sería de lo más kitsch. O como demonios se diga. Eso sí el damero no hay manera de entenderlo por muchas vueltas que le doy y Ernö Rubik era un señor que hizo un pasatiempo cojonudo que no viene en los periódicos pero que tampoco logro terminar nunca. Cubo de tres cuadraditos por lado (3x3x3). Pero hay que comprar el cubo que tiene los cuadraditos pintados porque el que lleva pegatinas, los niños de la casa, las despegan y hacen el cubo en cero coma dos segundos. A no ser que esos niños sean japoneses. También está el V-cube 7. Es un cubo con 7 cuadraditos por lado (7x7x7) que inventó Verdes Panagiotis. ¿Qué podemos esperar de alguien que se llama Verdes?. Lo inventó porque su vida era un infierno.

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                                             José Miguel Casado García ©


sábado, 29 de octubre de 2011

El hombre del cementerio

“No hay medicina para el miedo”


Proverbio escocés



         Yo hace tiempo que vengo por aquí. Me gusta la serenidad que me transmite el cementerio. Me siento en un banco, respiro hondo, cierro los ojos, oigo los pájaros, visito estatuas que me gustan y esos panteones excelsos dignos de cualquier obra de arte de la mismísima Roma eterna. Sin embargo la paz habitual se rompe hoy, primero de noviembre como todos los años. La gente viene en masa al cementerio a visitar a sus seres queridos y a mi no me molesta. En silencio vienen, en silencio limpian, rezan una oración, pasean un rato y en silencio se van. Respeto es lo que siento en un dia como hoy. El guarda del cementerio mirando al suelo preguntó -¿Pero usted viene todos los días no?. Sí. Visito la tumba de mi madre a la que perdí hace muchos años, pero me quedo el tiempo que haga falta porque me gustan sus calles largas y sus avenidas, sus bancos para que la gente se siente y descanse. Sus maravillosas estatuas de ángeles, sus panteones, su atmósfera hospitalaria que me atrae como un caramelo atrae a un niño. La voz del hombre del traje negro era suave y sonaba extraña como si tuviese una ligera disfonía. Las hojas secas del suelo se movían con la brisa y enmarcaban el paseo del hombre del traje negro y del guarda del cementerio en un cuadro de extraña belleza. Mientras los dos hombres hablaban, la tarde caía inexorable en el cementerio el día de todos los Santos. Los dos se perdieron entre la gente. El guarda seguía conversando con el hombre a la vez que pensaba en lo extraño que se le hacía ver a este tipo casi a diario y hoy era el único día que hablaba con él. Precisamente ese uno de noviembre fue el único día que le dirigió la palabra. Lo veía siempre a lo lejos, pero le dejaba en paz y nunca le decía nada porque no hacía nada malo y tenía el respeto y el silencio que hay que tener en un lugar como este. El guarda lo veía como un elemento más del cementerio, como se ve a una estatua o a un ciprés. -Ya ve usted llevo muchos años viniendo por aquí y es el lugar que más me reconforta porque el respeto de la gente no se ve fuera de estos muros y aquí veo sus caras apenadas pero sé que sus corazones no están tristes. Me dan serenidad y siento como propio el amor hacia sus familiares que se fueron. El cielo se nubla y la brisa se hace más pertinaz. -Empieza a hacer frío –dice el guarda- Sí parece que va a refrescar –responde el hombre del traje negro. Las hojas secas volaban y el aire olía a lluvia. Los cipreses se inclinaban venteados al unísono igual que un enorme peine que alisara las nubes. En el cementerio empezaba a oscurecer y los nichos se volvían sombras. Agujeros negros en una pared infinita como un panal gigante de abejas. Las estatuas impasibles ante la gente y el frio. Desnudas para siempre. Mármol sucio de estatuas eternas. Los panteones grises y negros en el ocaso son palacios pequeños en honor a dioses antiguos de carne y hueso pero que solo guardan de esos dioses, huesos. La gente paseaba como a cámara lenta movidos por el compás extraño de una letanía lejana, entre las lápidas de las tumbas más antiguas que había bajo el mismo suelo. Eran las seis de la tarde del día de los Santos y el cementerio ya se iba vaciando porque a nadie le gusta mucho estar ahí cuando cae la noche. La gente que queda en el camposanto empieza nerviosa a mirar su reloj porque a las siete ya es de noche. Les empieza a entrar esa premura incómoda de los hechos ineludibles pero deseables. Ansiedad. Es como un miedo atávico. Un temor antiguo. Un cementerio de noche. El guarda recuerda que lleva trabajando en el cementerio diez años y desde que entró veía todos los días al hombre del traje negro que hoy excepcionalmente conversaba con él y se preguntaba cómo puede a una persona gustarle tanto un lugar como ese para visitarlo todos los días. Recordó que el hombre del traje negro le dijo antes que visitaba la tumba de su madre que murió hace años. El pobre viene todos los días a verla. -Recuerdo cuando usted entró a trabajar-. El guarda lo miró curioso. En ese momento un trueno rajó el cielo sobre sus cabezas. -Y a su antecesor, Santiago, que estuvo otros once años y al antecesor de Santiago, Ezequiel que estuvo otros veinte años y al anterior a Ezequiel…. Un escalofrío que sintió en cada vértebra, recorrió la espalda del guarda como un rayo de tormenta atraviesa un árbol. Recuerdo cuando se inauguró este cementerio todo era tan…diáfano. Había espacio por todos lados y era bastante más triste...El hombre del traje negro hizo una pausa y con voz más grave dijo: …recuerdos. Una ráfaga de viento golpeó a los dos hombres como una onda expansiva. El guarda paralizado por el miedo y desorientado, oyó esas últimas palabras como un eco y sin mirar al hombre del traje negro, buscaba con los ojos muy abiertos dónde estaba la cancela del cementerio para salir como alma que lleva el diablo. Pero no la encontraba. El aire húmedo movía los cipreses y las hojas secas del suelo. Las estatuas ofrecían ese cuadro negro que les da la noche nublada y el sonido del viento. Las tinieblas cubren el cementerio. Es la noche del día uno de noviembre. El guarda temblando, miró en todas direcciones pero no encontró al hombre del traje negro. Su desesperación palpitaba en sus sienes. Se había quedado solo y vacio. Igual que si no tuviera sangre. Como un cementerio.

                                             José Miguel Casado ©

sábado, 22 de octubre de 2011

ETA lo deja

          No me gusta mucho escribir sobre política pero ahora lo voy a hacer porque hablar de ETA no es hablar de política. Es hablar de mafia, de delincuencia común y sintiéndolo mucho es hablar de historia. Aunque quieran hacernos ver otra cosa. Algunos dirán que cuando ha pasado el toro es muy fácil torear. Pero a mi nunca me ha gustado torear. ETA ha dicho en su ansiado comunicado que deja de matar. Ya era hora. Sincronización perfecta y calculada tras la puesta en escena de San Sebastián. Cese definitivo han dicho y se han quedado tan panchos esperando los aplausos, para finalizar el teatrico con lo del puño en alto y qué revolucionarios y libertadores somos. Pero de disolución y desarme no queremos hablar. Nada de nada. En la llamada conferencia de San Sebastián han querido que el mundo vea lo que ellos quieren hacernos ver. Han querido equiparar el conflicto vasco al conflicto irlandés y no hay nada más lejos de la realidad. Es bueno conocer algunos apuntes breves de historia. En Irlanda hubo guerras de exterminio desde que los ingleses la invadieron en el siglo XII, en el siglo XIX miles de deportados a las colonias en Norteamérica y Australia, en 1916 insurrección general con fusilados a mansalva, domingos sangrientos en los que soldados mataban manifestantes y niños tirando piedras. En el país vasco no ha habido nada de esto en los cincuenta años que llevan dando la matraca con las bombas y los tiros en la nuca. Por eso el IRA, sin justificarlo en absoluto, era la resistencia y la defensa de una Irlanda católica que se desangraba por culpa de una Inglaterra protestante que la masacraba. Y digo esto porque el factor religioso también influía porque se trataba como perros y se relegaba en ghettos a los católicos y al protestante se le daba trabajo y al católico no. ETA quiere hacer ver al mundo que esto es como Irlanda y ponen en escena el teatro de San Sebastián para que nombres de primeros actores como Kofi Anan o Gerry Adams, que ya podía hacerles ver las distancias con Irlanda, hagan ver al mundo el paralelismo con los irlandeses. Los que han venido a San Sebastián vienen con la casette grabada de que esto ha sido una guerra y queremos firmar la paz. Pero de guerra nada de nada. En el país vasco a un lado de la pistola había un etarra que apretaba el gatillo y al otro lado de la pistola, la cabeza estallando de algún ciudadano de a pie, ya fuera concejal, funcionario o pescadero que pensaban de otra manera a los asesinos. Por no hablar de la represión en las universidades en las que se señalaba con el dedo a los demócratas y por no hablar de la gente que ha tenido que irse de su tierra porque le queman el negocio con el que daba de comer a su familia o le quemaban el coche o le quemaban la vida. Por no hablar de los atentados indiscriminados en los que lo mismo daba que murieran mujeres que niños. Y así siempre. Por eso de guerra nada de nada, repito. Aquí se ha pasado mucho por culpa de los que tenían empuñada la pistola. Aquí se nos quieren poner unas gafas por las que veamos a los etarras como presos políticos en un país opresor en vez de como asesinos, en un país democrático como España en el que están plenamente instalados la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y todas las libertades que permite una democracia plena del siglo XXI. Pero no. Las víctimas quieren ser ellos. A cabezas duras no les gana nadie para darle la vuelta a la tortilla estatal como llaman a la tortilla de patatas en algunos sitios del país vasco. ETA y sus adláteres a los que el inefable y tan contrario a la razón humana a veces, Tribunal Constitucional puso en las instituciones están obsesionados con la semántica de las palabras. Para colmo a este lado de la mesa la máxima expresión del teatro de la confusión de las palabras la llevó a cabo Jose María Aznar cuando los calificó de “Movimiento Nacional de Liberación Vasco o MNLV”. Sin comentarios. Dejamos de matar definitivamente pero no nos desarmamos, no condenamos la violencia y no pedimos perdón por las ochocientas y pico víctimas que hemos asesinado en cuarenta años. Los de Bildu ya han preguntado por lo suyo que nosotros ya hemos dejado las pistolas, que hay que hablar de independencia ya. Yo ya no sé con qué nos pueden chantajear ahora pero espero que la policía y la guardia civil sigan haciendo su trabajo como hasta ahora. Rubalcaba no será santo de la devoción de muchos pero como ministro de interior ha sido la bestia negra de ETA. Espero que al gobierno que venga no se le pase por la cabeza ocurrencias como amnistias o paz por territorios. No me atrevería a decir que quieren que paguemos un peaje porque han dejado de matar. Pero no me extrañaría. El pueblo ya ha pagado bastante con su sangre y no va a dar ni un paso más atrás. Nótese que la palabra pueblo es muy socorrida y hasta los asesinos se apoderan de ella. Enhorabuena a los demócratas porque si un asesino dice que deja de matar hay que felicitarse, pero nada más. Y nada menos. Y enhorabuena a nuestros hijos y a nuestros nietos porque no conocerán los tiros en la nuca ni las bombas bajo los coches. Lo malo también es que parece que a algunos de los que se llaman demócratas no les ha sentado bien que el status quo cambie, como si los cambios les dieran pereza. El día a día y la vida siguen. Por lo menos ya no iremos paseando por el casco viejo de San Sebastián o por Bilbao a comernos un pintxo sin temor a que estalle ningún coche bomba o a que a alguien le descerrajen un tiro en la cabeza por ser demócrata o por ser tirano. Me da igual. Espero que en los ayuntamientos en los que gobierna Bildu, dejen de hacerse los oprimidos, dejen de perdonar vidas y se les bajen los humos entre otras cosas porque han sido unos cobardes ya que nunca se han atrevido a llevarle la contraria a ETA esperando y esperando a ver lo que dicen los de la pistola y las bombas sin los cojones de decirles basta ya. En Irlanda el Sinn Fein actuaba sobre el IRA y no al revés. Otra cosa por la que estos tipos de HB o de Bildu no tienen nada que ver con los irlandeses es que éstos últimos por lo menos tienen cojones. Es lo que pienso.

                      José Miguel Casado García ©

sábado, 15 de octubre de 2011

Cansancios

“¿Pagar la cuenta? ¡Qué costumbre tan absurda! “

                                                                  Groucho Marx



     Una de las muchas cosas peregrinas que se me ocurren a lo largo del día, es dividir el cansancio en varios tipos. Habría para hacer alguna tesis pero me limitaré a los que se nos atraviesan con más desconcertante normalidad en nuestra vida y nos hacen sufrir y rompernos la camisa como Camarón.

1. Uno de los más obvios y comunes es el cansancio deportivo que es principalmente físico y que aparece cuando hemos terminado de jugar a futbol-sala, después de una larga caminata o de otro deporte o lo que sea que practiquemos. Los que estamos para el arrastre, nos dura dos días o más con agujetas y dolores incluidos. Cuando estás en medio de la penuria física deportiva te suele asaltar la pregunta ¿Pero qué demonios hago yo aquí?. De tanto movimiento cierto día me dolía mucho la tripa. Fui al médico y resultó que no eran las tripas, eran las agujetas que tenía desde hace cuatro días por culpa de hacer abdominales. Me podía haber dado por zurcir calcetines. Los lunes son muy malos. Otra consecuencia o secuela de la práctica deportiva son los calambres. Estos llegan cuando no se les espera como un familiar molesto o un rayo inmisericorde y fulminante. Es tal su efecto disuasorio que cuando vienen y te pillan a traición por ejemplo en un ascensor, los que van a tu lado se llevan unos sustos de cagarse. La mujer mayor que había a mi lado pegó un respingo y no dijo nada pero se puso una mano en la cara y me miró fijamente hasta que se abrió la puerta del ascensor.

2. Otro tipo de hastío para nuestra carne mortal es el típico cansancio de vivir cuando alguien que quieres se va, cuando llevas mucho tiempo sin encontrar trabajo, cuando estás en un atasco y quieres ir al baño, cuando estás en un atasco y llegas tarde o cuando estás en un atasco y se te para el coche. Este tipo de cansancio está lindando con la depresión y hay que tener cuidado, desgasta mucho al que lo lleva encima y te deja física y mentalmente hecho una piltrafilla.

3. El tercer tipo de cansancio es el síndrome de Supernanny pero que o es muy buena actriz o ya es inmune. El cansancio por culpa de los niños es uno de los estados psicológicos en los que dices, Dios mio ¿me he vuelto sordo, ciego y mudo de repente? ¿será posible que los críos no me entiendan? Hablan un dialecto entre español y escandinavo antiguo pero de tradición oral y sonora muy fuerte y tienes que tener los tímpanos acostumbrados. Pero no te acostumbras. Y la cabeza te revienta. Y ves que Supernanny aguanta y que tu no aguantas. Este cansancio te deja sin fuerzas en brazos y piernas y con migraña.

4. El cansancio al jefe es uno de los más fuertes pero es como una picadura de avispa que te da el subidón muy rápido pero baja rápido. Se manifiesta cuando lo ves por la mañana y luego se te pasa. Puedes tener pesadillas.

5. Uno de los cansancios más habituales y temibles para muchas personas, es el de la cola del supermercado. Suele manifestarse justo antes de que te toque pagar. La mujer que tienes delante termina de poner las salchichas, las berenjenas, los yogures y el tinte color pajizo para el pelo en la cinta transportadora. La broma empieza cuando la mujer sale disparada y se va. Que dice que se le ha olvidado la leche semidesnatada con calcio de Marsella y omega-3 del Caribe y que ahora vuelve. Como diría Miguel Angel Aguilar ¡pero qué broma es esta!. La cola de gente se queda paralizada y con la boca en forma de O mayúscula, mirando a esa mujer que como un Forrest Gump con zapatillas y falda de ama de casa salta obstáculos y corre que se las pela. La cajera masca chicle y mira a la otra cajera con los ojos entornados. Mueve la cabeza negativamente. La mujer que corria como Forrest Gump llega exhausta a Ia caja como si llegara a conquistar Iwo Jima y deja caer los seis litros de leche a plomo. A todo esto hay que sumarle que todavía no ha metido las cosas en el carrito. Porque esa es otra. La buena mujer no quiere bolsas y hay que meter las cosas una por una en el carrito de las narices y en esto la cajera no le ayuda. Se me ocurre echarle una mano porque me parece que estoy viendo un número de Pepe Viyuela. Como haya un problema para pagar me hago el Mata Hari que dice mi amigo Jose Pedro. Paga con tarjeta y parece que hay un problema porque no lee la banda magnética. La gente de la cola está contando chistes. La mujer de marras es trending topic en Twitter. Menos mal que saca otra tarjeta que parece que funciona. Mientras dejo pasar al típico papasfritas de todos los supermercados que compra una sola cosa y te pregunta si le dejas pasar, miro las tuberías que salen de la caja y van hacia arriba y que se llevan los canutos de billetes por algún tipo de brujería que todavía no entiendo. Respiro hondo y trago saliva. Me toca por fin. La situación se ha convertido en algo solemne. ¿Me cambia este billete en euros? Es para sacar un carro. Le pregunta otra mujer viejecita a la cajera justo antes de que me toque.

                                                                   José Miguel Casado ©


martes, 11 de octubre de 2011

Alberto Bracero

           Decía Johannes Brahms que sin la artesanía, la inspiración es una mera caña sacudida por el viento. Alberto Bracero sabe algo de artesanía porque es un artesano. Pero no trabaja el barro. Trabaja la música. De los que no creo que queden porque moldea la música. La modela a su antojo. Sea el tipo de música que sea, porque es multidisciplinar como un hombre del Renacimiento y porque le salen bien todas las músicas. Lo mismo una banda sonora llena de música épica, que una voz especiada con briznas de soul, o sonidos corales o ideas hechas ópera. Poesía sonora. Gran música, en definitiva. Alberto Bracero es un tipo que se puede decir hecho a sí mismo de los pies a su lejana cabeza. Son más de dos metros de tío. Sibarita, gran gourmet, gran viajero, hombre de familia, buen padre y esposo y amigo de sus amigos. Esa calidad humana la extrapola a la calidad de su música con la que nos abraza sincera como un abrazo de amigo y nos deleita. Hecho a sí mismo, no solo en la música, sino en todas las facetas de la vida. Cuando lo conocí, hace casi diez años, estábamos trabajando en una fábrica metalúrgica en turnos de mañana, tarde y noche. Se puede decir que éramos compañeros de trinchera ya que era algo parecido. En aquellos fugaces descansos matutinos con el café de máquina y la torta del panadero, hablábamos de lo humano (el trabajo, el tiempo y la política) y de lo divino (mujeres, recetas de cocina, ordenadores y música). Yo no es que entienda mucho de música pero no hay que entender mucho para que el poco crédito que tengo en criterios musicales se emocione y se llene sin que nada sea capaz de distraerlo ni dispersarlo. Y oyéndolo admiras la música, como se admira un cuadro de Velazquez, o de Goya. Te paras a degustar los matices de cada pieza que como millones de gotas de un atomizador de perfume, se expanden en tu cerebro provocando sensaciones y colores que no conocías. Registros suyos como “The battle of Nihriya” a la altura de bandas sonoras épicas del mejor cine de Hollywood, pasando por la preciosa copla con orquesta fusionada como “Tu luz, mi todo, mi yo” y “Eva y el mar” ambas dedicadas a su esposa Eva, hasta guiños de soul y jazz como “Under the New York Sky”. Todo esto rodeado de diamantes poco conocidos como Paulina Freire con sus letras, Irene Garrido en la voz de la copla o Sofía González cantando soul. La vida nos ha dado caminos diferentes y hace tiempo que no me lo echo a la cara pero espero que siga por muchos años dando luz a sus estupendas composiciones y que tenga suerte y sea más conocido de lo que es, porque se lo merece y tiene bastante más talento y templanza que algunos músicos conocidos. Alberto tiene el don de los genios que como la hormiga de la fábula trabajan sin concesiones al error ni al desaliento, la inspiración lo acompaña siempre. La tiene siempre ahí consigo mismo como si fuera una parte de su cuerpo. Como si fuese su sombra. Alberto Bracero Composer es lo que pone en su página web. Composer no es su segundo apellido. Pero como si lo fuera. Luciano Pavarotti decía que “una vida dedicada a la música, es una vida bellamente empleada y es a eso a lo que he dedicado la mia”. Pues eso.

                                                                   José Miguel Casado García ©


lunes, 3 de octubre de 2011

Pesadilla de otoño

     Cada año pasa lo mismo. Cuando veo que las hojas de los árboles se empiezan a caer, me echo a temblar. Por estas fechas se nos suele estar cayendo el moco por culpa de los cambios de temperatura. Los días empiezan con mañanas frescas y a partir de mediodía calor hasta que oscurece y vuelve el frio. La mala puntería del hombre del tiempo es un factor muy socorrido, aunque sea un cliché y aunque a veces acierte. Hay gente que duerme con la ventana abierta y tapados con la colcha y la sábana hasta la coronilla y se levantan con las tragaderas inflamadas y las amígdalas como huevecillos pertinaces. En el espejo con la boca abierta pensamientos como ¿pero por qué tenemos eso ahí? o como ¿por qué no me las cortaron de pequeño y a mi hermano si? son los más comunes. El entretiempo es lo que tiene. Hay dos entretiempos al año. El que va del invierno a la primavera y el que va del verano al otoño. Este último es el que ahora nos ocupa y entretiene. El otro es otro cantar y si no intenta hablar en abril sin estornudar y tocándote el bigote por si acaso está ahí el moco delator que con la nariz anestesiada no notas si hay algo o no. Entre los mocos, la tos, los estornudos, la bronquitis, la gripe y la indecisión, pagamos como corderos en el matadero. Ese autobús inefable lleno de damas y caballeros que a finales de septiembre parece la pasarela Cibeles en un desfile de Ágata Ruiz de la Prada. No por el colorido sino por los atuendos a que dan lugar las cabezas indecisas del otoño. El que no va en tirantes va enseñando el tatuaje rumbero-tribal-Camela, en zonas que suelen ir tapadas normalmente. Cabalmente. O por arriba descapotables y por abajo ensotanadas y viceversa. Tanto hombres como mujeres. El mayor peligro dentro del autobús es el viejo que estornuda. En cada autobús hay uno. Es como el conductor. Foto interior.

Como no escarmentamos seguimos sacando el coche por la mañana con el bañador, la camiseta y las chanclas del mes de julio. Ese fresquito suave pero traidor como bomba de relojería que te sube por el muslo arriba y arrasa con todo. Esa chaqueta fina que de buena mañana te hace sudar y te la tienes que quitar y miras al cielo con lágrimas en los ojos y preguntas qué me pongo. Hay misterios como la camisa de manga larga con pantalón corto y náuticos sin calcetines o como la chaqueta de chándal con pantalón corto y chanclas. Por qué va la gente así por la calle es un enigma insondable que taladra mi cerebro una y otra vez. Por favor ¿qué pasa con esos rayos fulminantes que caían en tiempos bíblicos? ¿ubi sunt?. El catarro en sus diferentes modalidades sume al que lo lleve contagiado en un estado de semi-inconsciencia o duermevela que se caracteriza por no poder abrir los ojos llorosos más que hasta la mitad, andar casi arrastrando los pies, tos seca, tos con mocos, tos australiana, sorberse los mocos cada treinta y seis segundos, sonarse los mocos cada minuto, no poder sonarse los mocos porque la nariz está entumecida y por sus agujeros no cabe una brizna de oxígeno, una décima o dos de fiebre es el arma devastadora que te deja el cuerpo para echárselo a los buitres. Una basurilla vamos. La desesperación hace que recurramos a inhaladores adictivos, pastillas efervescentes, sobres de polvos con sabor a fanta caducada del 85, jarabes con nombres alquímicos y olor inefable. Sus efectos son tan dispares como ese sueñecillo suave por la autovía conduciendo el coche o el efecto Red-Bull a la hora de acostarse. El médico el noventa y cinco por ciento de las veces te remite a esa panacea de la medicina moderna que es el paracetamol pero que no sirve de mucho. Lo peor de todo, ya lo dije hace un año, es que el maldito resfriado te roba dos de los sentidos más importantes. El olfato y el gusto. Puedes estar comiendo sopa de ajo, de primer plato tres horas seguidas, de segundo, callos con garbanzos y tortilla de patatas de cinco huevos con pimientos y de postre una fuente de arroz con leche. No por gula. Es por ver si se arregla la cosa. Pero nada. No te encabezones que no te vuelven los sabores como los tenías de fábrica. Se te saltan las lágrimas porque te has comido la gloria bendita y no has saboreado nada. Te sientes vacío como una tubería de cobre por la que ya pueden pasar las mejores viandas, los mejores platos con las mejores especias de oriente que seguirás sin sentir nada. Te sabrá todo a agua del grifo. Mocos. Impotencia. Frustración. Decadencia. Pena. Tos.

José Miguel Casado García ©


sábado, 1 de octubre de 2011

Cantamañanas surtidos

“Él puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota”

Groucho Marx

     El mapa del cantamañanismo está muy extendido en nuestro país de herejes y de caganidos. Dentro del autobús nuestro de cada día, podemos detectar no solo a los que están de cuerpo presente sino también los que salen en el periódico o por los auriculares de la radio. Los asientos del autobús se te pueden antojar cómodos. En esto influyen varios factores: el rato que lleves sentado o la duración del trayecto personal e intransferible y el humor que tengas ese día. Algunos días parecemos sardinas en escabeche, incluso con el billete de autobús recién subido de precio y con el calor latente y extendido como la canción “love´s in the air” porque el verano no se termina de ir y el otoño no termina de entrar. Un poquito de compasión. Veo el paisaje y oigo la radio en los auriculares mientras llego a mi destino. Miro a la cara de las personas y hago el ejercicio de imaginar sus vidas. Se me corta la vena de la imaginación cuando veo paradas de autobús con más de cinco personas. Estoy sentado en un asiento del final pegado a una de esas ventanas con esos anuncios que pillan todo el cristal y te dejan frustrado cuando ves la calle a través de una pegatina gigante llena de agujeritos. Qué cosas más modernas. Una mujer joven que lee un libro. Cuando alguien lee un libro en el autobús mi propósito inmediato y meta personal a corto plazo, es averiguar qué libro es. Por encima de metas transcendentales para mi vida como un nuevo trabajo o un trámite importante en una notaría. Es lo que más me importa en ese momento de mi existencia. No pienso en otra cosa que no sea averiguar el nombre del maldito libro que hay a treinta centímetros de mí. Me cueste lo que me cueste, véase triquiñuelas varias como caidas de bolígrafo accidentales o contorsiones de cuello con su correspondiente contractura muscular. Mis ojos se deslizan audaces como un explorador indio por encima de la cabeza de la mujer que lee. De repente chocan con una enorme cornisa. El escote sobresale estilo Anita Ekberg en “La dolce vita” y van a creer que miro el bamboleo y no el libro. Inexorablemente hay que mirar las dos cosas porque las dos están muy juntas y no puedo disociar ya una de otra. Ni cerrando los ojos. Una voz me dice por el pinganillo izquierdo de la radio que el presidente de la Generalidad de Cataluña, Artur Más ha dicho que a los niños andaluces no se les entiende el castellano. Menudo cantamañanas. Pienso. Es lo primero que se me ha ocurrido. Igual que en el juego ese en el que te dicen una palabra y tienes que decir lo primero que te venga a la cabeza. ¿Será posible que este hombre se gaste millones y millones de euros en un proyecto de inmersión lingüística para que los niños aprendan catalán y tenga los hospitales públicos con hora de cierre y la gente enferma tirada por los pasillos? Cierro los ojos, respiro hondo y me masajeo las sienes. Abro los ojos y me fijo en la gente parada en los semáforos. Cada uno va a su puesto de trabajo, supongo. Que ya es suponer. Cada uno encaja en la sociedad como una pieza de un puzzle que encaja a su vez en el engranaje de un motor que hace funcionar un país. Se me va un poco la olla con estas cosas. La gente sigue en el semáforo. Cuando una situación me gusta o una persona o una calle, la imagino desde puntos de vista diferentes. Desde una vista cenital a muchos metros de altura van y vienen como hormigas con piloto automático, desconocidas, extrañas, mudas, formando el fluido sanguíneo por las venas que son las calles. Menudo animal la ciudad.

El conductor del autobús sonríe. Tiene una esposa joven y guapa y una hija pequeña. Trabaja más de lo que le gustaría y en la empresa están de huelgas y luchas sindicales por las horas extras y los sueldos. Mientras conduce se está comiendo el bocadillo con la seguridad que le da esa mampara en la que está metido. La radio vuelve a evadirme de la realidad. Me vuelve a elevar a un estado tántrico cercano a la levitación porque el presidente de la CEOE ha dicho que a los niños hay que explicarles lo que es una empresa y un empresario desde la guardería. Otro auténtico profesional del canto mañanero. Hace falta tener el diploma de inepto cum laude del año, para decir gilipolleces tan profesionales y tan redondas. Y se queda con esa textura de cara que tiene, tipo piedra del acueducto de Segovia. Por favor que alguien le dé un sartenazo. Vuelvo a mi lucha por ver el libro que lee la mujer del escote pronunciado pero nada. Solo veo ese horizonte redondo como el sistema binario de soles en el planeta de Star Wars. Mi vista de francotirador me hace fijarme que hay dos mujeres viejas discutiendo por el precio de las tortas de la Virgen si en un sitio o en otro. –Pues no las compres ahí Antonia porque tienen mucho pan y apenas le echan cabello de ángel. Gritando como soldados en una trinchera. Por el rabillo del ojo veo un hombre octogenario peinarse una cabellera inexistente y meterse el peine en el bolsillo. Por fin veo que la chica del libro al pasar una hoja me deja ver su título. Se titula Física de lo imposible del japonés Michio Kaku. Ahora lo comprendo todo. La ley de la gravedad y todo eso. Incansable, la radio me sigue recordando el país en el que vivo. Emilio Botín, presidente del banco más poderoso de España ha dicho que el grifo de los créditos a las pymes no se abrirá hasta 2014. El cantamañanas número tres del día, dixit. Mi pregunta es la siguiente ¿Y si ahora el estado le quitara los miles de millones que les dio a los bancos como inyección para afrontar la crisis? Pues que al payaso de la corbata roja y la cara aceitunada, se le atragantaría el café. Al llegar a mi parada me bajo detrás de un hombre con un maletín. Veo a la gente pasear en todas direcciones rítmicamente y en paquetes individuales. Es decir nadie habla con nadie. Esto parece Matrix. El pinganillo izquierdo, el único que llevo puesto, me da el cuarto puesto de cantamañanas del día: Un juez de Granada ha embargado al empresario Ruiz Mateos 2.0, la friolera de seiscientos dieciocho millones de euros para sanear la empresa Dhul. Este hombre aunque siguiera teniendo hijos hasta el 2016 seguiría igual de mal asesorado y lo malo es que todos son clones de sí mismo. Dios mío váyase a la gestoría de la esquina que seguro que lo hacen mejor que ese despliegue de “singers of the morning” con traje, que tiene a su alrededor. Seguro que tiene un sueño cíclico estilo Luther King para montar otro tinglado que quiebre en el 2040. Señores un poquito de instinto migratorio y aléjense todo lo que puedan de la gente normal que trabaja o que está parada honradamente. En fin, que en el país de los cantamañanas los niños estudiarán empresariales y derecho como titulación doble en las guarderías y hablaremos catalán en la intimidad y el banco más poderoso estará bajo los colchones de las camas y las recortadas de sus propietarios. Y así sucesivamente.



José Miguel Casado García ©





sábado, 24 de septiembre de 2011

R.E.M.

Malas noticias. REM se separan tras treinta y un años de carrera. El final del camino. Tuve que leer la noticia dos veces porque no me lo creí a la primera. La banda de Michael Stipe dice adiós así de buenas a primeras. Nos han pillado a todos sin afeitar y despeinados. REM se van con todo ese equipaje de buena música y de buen rollo que han tenido siempre. Con todo lo que nos han regalado no podemos, no solo estar agradecidos sino preguntarles ¿por qué?. Stipe ha dicho que “la habilidad para asistir a una fiesta consiste en saber cuando retirarse”. Viendo como otros artistas se arrastran por los escenarios con la cara y el cuerpo llenos de costuras de operaciones estéticas la verdad es que se merecen todos mis respetos. Hasta aquí hemos llegado. Parece que de mutuo acuerdo, sin malos rollos, nada de peleas ni darse de guitarrazos por la espalda. Han agradecido a los fans de corazón su entrega en esos treinta años de vida. Eso les honra. La historia de la música está de luto. Una de las mejores bandas de rock se va. Nunca fueron pretenciosos, ni se les subió el éxito a la cabeza ni se les fue la olla como a otros. Siempre han sabido estar a las duras y a las maduras en el lugar que les corresponde y con los pies en el suelo. Cuando alguien que quieres mucho se va para siempre, al principio no te lo crees, pero cuando pasa el tiempo, en el corazón aparece ese vacío insondable. Ese espacio-tiempo, es la estructura, el esqueleto de ese vacio que está ahí para quedarse y que alguien puede llenar otra vez. O no. Quince álbumes en treinta años. No está mal la media. Acostumbrados a artistas que como Miguel Ríos y sin quitarle ni un ápice de mérito, lleva ya la friolera de cuarenta mil quinientos veintisiete, (40.527), conciertos de despedida. Que se dice pronto. Michael Stipe, Mike Mills y Peter Buck han hecho temblar de emoción, llorar, reir, a millones de seguidores en todo el mundo. Y otros tantos millones que se han quedado con las ganas de verlos todavía en directo. Solo “Losing my Religion” vale una carrera, o “Everybody hurts”, o “Man on the Moon”, o “Crush with eyeliner”, o tantas y tantas poesías hechas música que sin esa mezcla perfecta de talentos que desde 1980, han estado en el sitio adecuado, en el momento justo y sin que los egos choquen. Respeto es la palabra. Por eso han sido únicos. Por eso han hecho historia y por eso se han parado como un tren cuando llega al tope del final de la via. Porque no hay más via, ni más camino. Porque han tocado techo. Porque por encima del cielo no hay nada. Solo vacío.


José Miguel Casado García ©

 

lunes, 19 de septiembre de 2011

Clases medias

     Miserias humanas de ayer y de hoy, presenta…Así más o menos sería el encabezamiento de la dosis mediática política que nos zampamos cada media hora por tierra, mar y aire. Tenemos una clase dominante que visto lo visto, los cuadros de Goya se pueden quedar como un tebeo de la familia Cebolleta. Los dos hombres enterrados hasta las rodillas dándose garrotazos. ¿Serían de clase media?. La clase dominante es lo que es. A la clase dirigente le embriaga de tal manera el poder, que pierden el oremus en cuanto ven un micrófono y se tiran en picado, como un kamikaze japonés en Pearl Harbour, para decir soplapolleces y cosas cercanas a la pena de guillotina. Los antiguos griegos los llamaban “Aristoi” traducido como “los mejores”. Si levantaran la cabeza los antiguos griegos y vieran los aristoi que tenemos en España. Inciso: mientras los antiguos griegos no vean la clase dominante que tienen hoy en día en Grecia, mejor. Resulta que el gobierno aprueba una ley de patrimonio en la que los que tengan más de setecientos mil euros deben tributar más a hacienda. A raíz de esto la tele es un festival de desatinos y cuadraturas de círculo variadas en formas y tamaños. El presidente de los empresarios madrileños Arturo Fernandez, es un señor que dice que esa ley es una faena a las clases medias, que un trabajador como él que lleva toda la vida en el tajo puede tener ahorrados esos setecientos mil euros y tiene que pagar un impuesto a todas luces injusto. Palabras textuales. Los ojos se me salen de las órbitas y de las gafas. Las rodillas me tiemblan como una vieja tahúr de 85 años pillada haciendo trampas en una timba ilegal. Hace falta tener la cara como el cemento armado para, además de los euros, apropiarse del término clase media como una rémora a un tiburón y decir que una vez más las clases medias somos las que pagamos la crisis. ¿Clase media es tener setecientos mil euros ahorrados además de una cuenta corriente para los gastos del la compra?. La presidenta de Castilla-León dice que una vez más las clases medias “somos” las que pagamos la crisis. Lo de “somos” lo dice ganando más de cuarenta millones de las antiguas pesetas al año. ¿Se puede tener de nuevo la cara más dura que el Cristo de Corcovado igual que en el caso anterior?. Por lo menos Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, ha dicho un lacónico “no me gusta” al ser preguntado por esta ley. No se ha metido en jardines. El apropiamiento indebido del término “clase media” por parte de los poderosos es algo escandaloso. Es un robo en toda regla. Es un robo que alguien con más de setecientos mil euros de patrimonio se considere dentro de la clase media. Punto. Va a resultar que ese término es más extenso que el “término municipal” de Groenlandia y como hay mucho espacio, pues cabemos todos. ¿Saben los ricos el trabajo que cuesta pasar de clase baja a clase media? ¿Saben que desgraciadamente todavía hay clases y que siempre las habrá? Parece que no. Al contrario de lo que crean hay diferencias entre una y otra. La ley de patrimonio es una ley que servirá para recaudar más de mil millones de euros que a lo mejor sirven para subvencionar empresas para que den empleo, para comprar libros o para hacer escuelas. Menudo despliegue de demagogia esta ley ¿no?. Lo malo es que lo van a recaudar las autonomías. Es decir la que quiera lo hará y la que no quiera pues no lo hará. No entiendo nada. No quiero soltar la presa sin apuntar el caso del director del aeropuerto de Castellón. El pobre hombre gana más de ochenta mil euros al año (más que el presidente del Gobierno). Hasta aquí todo hasta cierto punto normal. Con la única salvedad de que es director de un aeropuerto en el que no aterriza ni despega ningún avión. Una obra que los Aristoi de Castellón (como el inefable Fabra) se empeñaron en dejar para la posteridad como guinda a una gestión brillante, con un gasto de muchos millones de euros, lo que pasa que no tiene aviones y a lo mejor es inviable. Pero este hombre sigue con sus ochenta mil euros al año dirigiendo un aeropuerto sin aviones y sin salir, según el ránking de los ricos, del modesto club de la clase media española. Ahora tenemos a huevo ver lo que ganan las Leires Pajines, los Rajoys (por cierto gana más que Zapatero), las Cospedales y los Bonos, entre otras hierbas, con la acertada medida de hacer público el patrimonio de diputados y senadores. Lástima que no tengamos claro lo que ganan algunos consejeros delegados, que tienen un extraño don para atraer hacia sí a las grandes empresas y que tienen varios cargos a la vez. Véase Aznar, etc. En fin, que el apropiamiento indebido del término “clase media” por parte de los ricos es un robo de cartera y con la dichosa crisis a la verdadera clase media trabajadora de toda la vida, es a la que nos están poniendo el ojete como la bandera de Japón.



                                                                                                            José Miguel Casado García ©






sábado, 17 de septiembre de 2011

Paul Prinkle y el caos

     Paul Prinkle trabajaba en una aseguradora en la planta veintidos de la torre norte del World Trade Center. El once de septiembre del 2001 el despertador sonó a las mismas 7 en punto de todas las mañanas. En su cabeza saltó el piloto automático de todos los dias y se duchó y se preparó el café y tostadas. Era su olor favorito. El olor del café por la mañana y el de su novia Claudia. Paul no disfruta con su trabajo como agente de seguros porque no le gusta pero está ahorrando para casarse con Claudia. Vive en Brooklyn en un apartamento alquilado, tiene pocos amigos y coge el metro para ir a su trabajo. La línea 1 del metro pasa justo bajo la torre en la que trabaja. Va a Central Park a la pista del lago Reservoir tres veces por semana a hacer footing y a oxigenarse. En el parque se sienta en el césped cuando acaba de correr y se llena los pulmones del aire verde con olor a tierra mojada, a hierba y a árboles tan escaso en las ciudades. Nueva York tiene esa vacuna contra la mierda en el aire que respiran sus habitantes que se llama Central Park. Cuando está boca arriba tumbado en la hierba su cerebro es un campo diáfano de pensamientos diferentes e infinitos como las gotas que salen de un pulverizador de agua y que al final se traducen en comederos de coco sobre su propia vida. Mira las nubes y piensa para qué trabaja, hacia dónde va y un millón de preguntas metafísicas que siempre le asaltan con el bajón del descanso tras una sesión de footing. Una caricia de aire le trae un olor a barbacoa cercana. Carne churrascada, piensa. Joder qué hambre, cuando hace ejercicio se pasa el día entero con hambre aunque coma. Cuando corre cae en una especie de nirvana. Una vez que coge el ritmo solo se concentra en correr. El hombre desaparece y se diluye en respiración y piernas, respiración y piernas y así hasta el infinito. Tumbado en el césped cierra los ojos y ve a Claudia, ve la ciudad desde la azotea del Empire State, ve la ciudad como la ve desde su trabajo en la planta veintidós de una de las torres gemelas. Paul es de Nueva Jersey más tranquila (no mucho más) que Nueva York, pero la aseguradora para la que trabaja lo destinó allí. Una brizna de hierba le da en la cara y lo despierta de sus pensamientos. Hace un poco de viento y ve las nubes cercanas. Ve una muchacha corriendo en pantalón corto –vaya piernas y vaya pulmones- piensa. La chica se para junto al lago para hacer estiramientos. En un banco hay un hombre mirando los patos del lago y otro hombre más alejado, con vestimenta color verde oliva y mochila, apunta algo en un cuaderno y observa las aves con prismáticos. Central Park está lleno de ornitólogos. Paul gira la cabeza de repente. A unos metros de él hay un vagabundo que habla solo en voz alta sentado en un banco. A lo lejos ve la silueta del castillo Belvedere el mismo que aparecía en Barrio Sésamo cada vez que salía el conde Draco. Recuerda su infancia como una isla lejana llena de niebla. Borrosa. Una vieja acuarela.

     La sensación de hambre no le deja en paz. Paul toma la salida este del parque y en la quinta avenida se toma un perrito caliente y una cerveza fría. Su vida es un poco caótica y le da igual venir de correr y estar vestido de atleta olímpico. Si le apetece algo se lo toma. Joder así nunca podré correr otra vez la maratón de Nueva York. Paul se quedó en el puesto trescientos y pico en la maratón del 99 y quiere volver a intentarlo pero no sabe cuando. Por lo menos la terminé –piensa. Mientras come, le viene a la cabeza su madre que es la persona a la que más quiere en el mundo después de su novia Claudia. Su madre era enfermera en el hospital St. Vincent. Va a verla una vez por semana. Vive en un pequeño apartamento en Queens. Todavia puede valerse por si misma. Paul se dice todos los días que ojalá dure muchos años. En el parque huele a otoño aunque todavía falte más de un mes. Adora el olor a tierra húmeda y a hierba. Y los colores ocres del otoño. Y la luz del otoño. Pero todavía faltaban muchos días para que hiciera frío y para el cambio de estación.

     El día del atentado al World Trade Center, Paul Prinkle estaba en la máquina del café, en la planta veintidós. Era un día caluroso. Cuando se estrelló el primer avión la torre se tambaleó y tembló bajo sus pies. Y todo el mundo se puso a correr escaleras abajo. Era la torre norte. Una ola de aire y escombros lo transportó como un papel en el aire sobre el pavimento. No podía respirar. Y un olor a carne quemada, ceniza y polvo lo cubría todo. Recuerda que corría y corría. Todo se volvió gris. Estaba dentro de un infierno gris. Dentro de una fotografía en blanco y negro de la que no podía salir. Paul fue rescatado entre los escombros y fue trasladado al hospital St. Vincent en el que estuvo tres meses. Acaba de despertar en la cama de su madre el mismo dia 11 de septiembre del 2011 después de un coma de diez años. Mientras, su madre y su novia Claudia lloran y se abrazan en la habitación contigua transformadas en dos ancianas estropeadas por el sufrimiento y por el paso del tiempo. Tienen arrugas que antes no tenían y la cabeza llena de canas. En el cerebro de Paul sigue ese olor a barbacoa que olió en Central Park hace diez años, recuerda un olor a ceniza lejano y la imagen de la chica haciendo footing. Y el culo de la chica. Le viene, como cuando viene la arcada amarga del vómito, la imagen de una televisión que ha estado apagada durante diez años y que no sabe nada de lo que ha pasado.



José Miguel Casado García ©

http://youtu.be/tijW_SrCoxs

sábado, 27 de agosto de 2011

Revueltas en Inglaterra

Todo comenzó con la muerte de un joven tiroteado por la policía. A partir de aquí la locura cabalgó a sus anchas y se desbocó, como un caballo salvaje, comenzando por el barrio londinense de Tottenham y extendiéndose a Enfield alejado bastantes kilómetros del primero. En esto las redes sociales han jugado un papel fundamental, una mecha a la que ha bastado una chispa para incendiarse. Ciudades como Manchester o Gloucester también han tenido disturbios. Jóvenes y no tan jóvenes tomaron las calles durante varias noches seguidas, quemando lo que encontraban a su paso con nocturnidad y alevosía. Hay que distinguir que el fenómeno de la indignación en Inglaterra no es igual que en el resto de Europa o por lo menos como en España. Y digo fenómeno porque es la novedad. Es la palabra de moda que todo el mundo utiliza pero muy pocos saben para qué sirve. Con la indignación en Inglaterra pasa algo parecido a lo de conducir por la izquierda y el volante del coche en la derecha. Que lo entienden de manera diferente, que van a su bola. Los jóvenes ingleses indignados por la muerte de Mark Duggan (así se llamaba el joven que murió a manos de la policía), se dedican a quemar coches y a saquear tiendas en busca de I-pads, videoconsolas, televisiones planas, equipos de música, ropa de marca, etc. En principio los episodios violentos recordaron a los de las afueras de París de hace unos años como consecuencia de la progresiva creación de ghettos raciales. Pero no. Se han convertido en episodios de soldadesca. En Inglaterra se han juntado los factores raciales y sociales, pero a medida que avanzaba el tiempo los factores raciales se han diluido en el gusto por los I-pads gratis ya que son una tentación para todo el que no tiene dos dedos de frente ni de vergüenza. Sea de la raza que sea. Las imágenes en las que se roba a un herido o las de los tres jóvenes atropellados por proteger sus negocios han dado la vuelta al mundo y el mundo no tarda ni dos segundos en calificar a los ladrones como perros. A David Cameron le pilla todo como al que le dan una colleja y no se la espera. Se le queda la misma cara y tarda en reaccionar. Cuando reacciona, apaga las revueltas con mano dura y con penas ejemplares para los ladrones. Sin embargo Scotland Yard se cabrea con el primer ministro por decir este que la policía ha tardado demasiado en reaccionar. Otro motivo por el que la policía está cabreada con Cameron es porque se ha buscado un asesor de seguridad americano. Pues nada que apagado el incendio ahora los juzgados trabajan hasta de noche por la gran cantidad de detenidos y están empezando a repartir unas penas que se van a acordar del día que les apeteció aquella videoconsola gratis enseñando la indignación como un salvoconducto para robar y arrasar. O algo peor. Sigo pensando que el problema de muchas sociedades está en la educación que le damos a nuestros hijos. Sigo pensando que si esa educación no es desde el respeto, el equilibrio y la igualdad entre todas las capas sociales no estamos haciendo nada. Si se crean ghettos de resentimiento, marginación y prejuicios raciales, se crean ejércitos de hooligans y se queman ciudades. Sigo pensando que falta mucha escuela. Soy un antiguo.

 
                                                                                                              José Miguel Casado García ©

viernes, 12 de agosto de 2011

Totus Tuus again

En Madrid hay también árboles que se aguantan a pleno sol para dar sombra como aquí. Compasión y respeto. La ciudad se vacía los veranos porque sus habitantes se han convertido en veraneantes. Como un acto mecánico, se quitan el mono de trabajo y se ponen el disfraz de veraneante. Eso significa que se van todos a la playa en masa o en una serpiente multicolor por la autovía de Andalucía o de Valencia. Cuando vuelven, o los que no se han ido, se encuentran unos artilugios surrealistas hechos de madera por las plazas y por los parques. ¿Publicidad? ¿naves alienígenas?. Los degenerados al ver ahí gente haciendo cola y la primera persona de la fila de rodillas creen que son “glory holes” y alguno ya lo ha probado pero se han llevado un chasco cuando la señora o el caballero arrodillado ha salido corriendo. Y un cura que parece que también estaba dentro. Y un húsar, que diría un amigo mio. Parece que son confesionarios. Miles de confesionarios portátiles, con una forma imposible, como salida de un cuadro de Miró o de una resaca de cerveza tras la siesta. Están distribuidas por todas las plazas y los parques de Madrid como cagadas de paloma. Parece que están ahí con motivo de la visita de susan Benedicto 16 a las Jornadas Mundiales de la Juventud Cristiana. Menuda idea ¿no? Como la del presidente de la conferencia episcopal que va a perdonar la excomunión a las mujeres que se han arrepentido de abortar. Las de estas dos últimas legislaturas, claro, porque con Aznar no abortó nadie. La Iglesia y sus lumbreras. España, ese faro de occidente, tiene la iglesia más ultra, carca y más extrema de toda Europa. La visita del Papa ha creado mucho trabajo. El trabajo de un carpintero de Ávila que se ha forrao haciendo confesionarios.

Parece que miles de mozos y mozas de todo el mundo vienen a ver y a jalear al Papa. No, no son los Rollings, es el Papa, ese ídolo secular de la juventud del mundo. Habrá otros que lo jaleen con dos o tres grados menos de fuerza dentro de la escala del jaleo y del jolgorio pero parece que por unanimidad ninguno tiene otra cosa mejor que hacer que esto. Bueno en honor a la verdad no vienen de todo el mundo. De Somalia no pueden venir porque se están muriendo de hambre y de moscas y allí los jóvenes, ni siquiera pueden llegar a la pubertad. Pero mueren el minuto que los vemos en el telediario. Y ojos que no ven… A la verdad la llaman demagogia. Una vez más el gobierno de España o el de la comunidad de Madrid o el gobierno de donde sea, se va a gastar millones de euros con la que está cayendo en preparar la visita del santo padre. Si es que parece que esto es imprescindible. En pleno siglo XXI parece que traiga una bula bajo el brazo o en un pen-drive para cada uno de los que van a verlo y que los va a salvar del infierno. Creo que esos millones de euros pueden servir para muchas cosas más provechosas como comida, agua potable y medicinas. Pues nada guitarras y banderitas y todos a cantar. En Somalia seguirán esperando y muriendo de esperar y de hambre. Sin más dios que un trozo de pan o un puñado de arroz. Parece que una vez más se pasan por el arco del triunfo lo de que este es un país aconfesional y a la primera de cambio que alguna asociación laica se quiere manifestar, les deniegan el permiso de manifestarse y los tachan de perros flautas. Es para indignarse más todavía de lo que ya estamos pero con una indignación , palabra que afortunadamente nos hemos aprendido y que forma parte del vocabulario hasta del más ágrafo y que algunos eruditos snobs se creen los propietarios de ella, digo que una indignación activa ante esta falta de escrúpulos para gastar dinero público con cinco millones de parados, cientos de deshaucios diarios y bancos más ricos y gente más pobre, etc, etc. Menuda pyme se han montado con el pesebre. Al final el Papa siempre dice lo mismo, que hagáis el bien (¿habrá otro hombre en el mundo que lance más obviedades?) que lleguéis célibes al matrimonio tocándoos lo menos posible, que no os divorciéis, que no abortéis, que no useis condón porque os contagiareis el sida y porque matais a los pobres espermatozoides que no tienen culpa de nada, etc. Pues eso que Somalia se muere de hambre y que a la verdad la llaman demagogia.





                                                                                                              José Miguel Casado García ©

lunes, 8 de agosto de 2011

Diabolus in Musica

Con la canícula, (la Calígula que diría uno de mis ilustrados amigos) los habitantes de las ciudades y de cualquier sitio buscan las sombras frescas de los árboles, de los edificios y de cualquier cosa que haga sombra. Y si puede ser con poco ruido, mejor. Está científicamente demostrado que sentado en una sombra fresquita, tomándote una cerveza helada acompañada de poco ruido o de silencio absoluto, la sensación de frescor aumenta. A la hora de tomarse algo fresquito y a la hora de ver la vida pasar en cualquier ciudad, existen, gracias al Creador, las terrazas de los bares. Ciudades como Madrid, Barcelona, París o Venecia, son ejemplos vivos como si fueran hermanas mayores que nos llevan mucha vida por delante. Sin las terrazas de gastrotapeo y de gourmeteo cervecero fresquito no existirían tampoco los vendedores de cedés, ni los vendedores de relojes falsos, ni los vendedores de lotería, ni los vendedores de perfumes falsos, ni el tinto de verano. Pero una especie aparte son los músicos. Hasta que no nos ponemos a tiro de golpe de acordeón o de violín o de algún instrumento innombrable de alguna república caucásica, no escarmentamos. Hay músicos buenos que pueden hacer de un instante un punto G y músicos menos buenos que te intimidan o te putean y hacen que vivas un revival de la úlcera gastroduodenal o de la hernia de hiato. Mi experiencia me hace dividir a los músicos callejeros en dos grupos: los activos y los pasivos. Los activos son los que van a dar la tabarra allí donde estés y te pueden perseguir si no obtienen lo que buscan y los pasivos mucho más profesionales, te los encuentras en cualquier esquina, plaza o estación de metro y terminan su canción y si quieres les das y si no quieres no les das, pero no te intimidan. Mi via crucis musical, me pasó en una terraza más o menos extensa de un bar de mi ciudad, con compañía. Éramos dos. Sendas cervezas heladas y tapa de chipirones con ensalada. Aparece en escena un acordeonista mal encarado con barba y sombrero de unos setenta años y de algún país del este de Europa sin tratado de extradición con España, claro, (como si es de Málaga, me da igual) y se pone a tocar en la punta de la terraza. Unas veinte mesas. Cuando termina va mesa por mesa pasando el sombrero para recaudar algo. Al llegar a mi mesa decido no pagar el impuesto revolucionario. Acto seguido arranca la misma canción insufrible del acordeón desvencijado pero por lo visto muy famosa en su país y a quince centímetros de nuestros oídos. Mi indulgencia de amable oyente de conciertos de la 2, se disuelve como una aspirina efervescente. Lo miro a los ojos y nos asalta a los dos el mismo pensamiento, “a ver quién tiene más cojones ¿tú o yo?”. A mi cabeza vienen barbaridades y casquerías varias, pero la paciencia es una de mis pocas virtudes. Nosotros a nuestra bola pero hablando en voz alta y el tio dando la brasa. La gente miraba nuestra mesa como diciendo –vaya se admiten peticiones al músico, qué romántico. Aquí no hay santo ni virgen a quien encomendarse. Estás perdido. Por fin termina la sinfonía insufrible y se va sin su recompensa. No me apetecía dar ni un euro por eso, hay gente que lo hizo. O me he vuelto muy carca o no entiendo de música. Prefiero el respeto por la gente y la educación de un mal músico buscavidas que la impertinencia y la soberbia de un Mozart. O de una mosca cojonera.

                                                                                                                José Miguel Casado García ©





viernes, 5 de agosto de 2011

Paco

Paco se está comiendo un bocadillo de atún cuando ve a Zapatero en la tele anunciar que adelanta las elecciones al 20 de noviembre. Se queda con la boca abierta sujetando el bocata con una mano y la cerveza en la otra. –Vamos a ver si el que venga después tiene cojones de arreglar lo del paro porque si no…Paco piensa en los indignados y en los bancos y en la Beretta F92 que tiene nuevecita que le regaló hace años un tipo de cuyo nombre no quiere acordarse y que sigue escondida debajo de una baldosa. En el 4º intermedio del telediario ve un anuncio en el que salen los Amaya cantando “Vete”. Canción de la que no se desprenderá en todo el día porque se pega a su cerebro como el napalm. Paco lleva en el paro dos años y no encuentra nada más que miserias e historias para no dormir cuando va a buscar trabajo. El tic-tac del reloj de la cocina se oye por encima del sonido de la tele y le da a la casa un toque sepia y gris. La figura de Paco viendo la tele con la luz apagada desde el sillón se mimetiza con el gotelé de la pared y los cuadros con escenas de caza. Sombras duras y dramáticas con ese foco único de luz que es la tele, como la luz del final de un túnel. Mientras, piensa que su coche tiene más de cien mil kilómetros y que todavía no lo ha rescatado del lamentable estado en que lo dejó la última tormenta de verano.

Casi todos los días a las 9 de la mañana sale de su casa con la carpeta de currículums bajo el brazo. Por la autovía va pensando en los polígonos industriales en los que va a buscar trabajo. Va pensativo hasta que un BMW lo adelanta a toda velocidad. –Menudo hijoputa –dice- seguro que es un niñato de papá y sabe Dios cómo se ha comprao ese coche. En una fábrica de chucherías le dicen que para qué va a echar el currículum si los van a echar a ellos. Paco ha trabajado diez años en una fábrica de productos químicos hasta que lo echaron con la excusa de la crisis. A las una de la tarde ya está harto de dar vueltas y se va a su casa de vacío. En la gasolinera se tiene que echar su propia gasolina, algo que detesta, y pagarla en la caja. Solo hay un operario para toda la gasolinera con el puto progreso. –No va a haber paro así, coño. De vuelta a su coche se para un segundo que parece una eternidad y mira el horizonte a ras del techo del coche. Ve un mundo de plástico derretido por el efecto de la calima del mes de julio y un espejismo de figuras sumergidas en cristal fundido. Pereza.

Paco está sentado en su sillón favorito cenando un bocadillo de lomo con pimientos, cuando ve en la tele un político de la oposición decir que así no podemos aguantar hasta el 20-N que por qué no adelanta más las elecciones, por favor señor Zapatero. Boca abierta, bocata apretado en una mano y cerveza apretada en la otra. Tos incipiente, sorbo, tos incipiente, sorbo. Ahora cae en que el 20-N es también el aniversario de la muerte de Franco. Menudo día vamos a tener de plegarias y golpes de pecho. Paco oye el tic-tac del reloj de la cocina por encima del telediario de las nueve, del claxon de los coches de la calle y de la vecina peleando con los niños. El tic-tac del reloj de la cocina lo distrae más que cualquier otra cosa. Lo sume en una fase REM que lo postra y lo lleva sin perder la conciencia a un placer tenue e hipnótico con el que no contaba y que no había hecho caso hasta ahora pero que siempre ha estado ahí. Paco vuelve a la tele y ve unas mujeres maduras diciendo que sus compresas son las mejores y que eliminan el olor de las pequeñas fugas de orina. Se duerme poco a poco y en su cabeza se mezclan el paro, el 20-N, la calima, el sabor de los pimientos, el sabor de la cerveza, las tormentas de verano, las fugas de orina, los Amaya cantando “vete”, los indignados, la Beretta y el tic-tac del reloj de la cocina como una cuenta atrás. Paco se duerme en ese cuadro de Caravaggio que es su salón.



José Miguel Casado García ©









jueves, 9 de junio de 2011

Insula Granatensis (Revisited)

Cada sociedad y cada lugar tienen sus propias costumbres en las que cada persona es clave como una hormiga en un hormiguero, como un ladrillo en una pared. Cada individuo influye con su propia psicología y su manera de ser y es un eslabón de una cadena. Las masas, por supuesto, también tienen su propia psicología y dan a luz un crisol de dichos y situaciones en el que podemos escoger la que más nos guste.

Granada es la ciudad de España donde las retinas se queman más fácilmente por la variedad ingente de imágenes y situaciones que, supongo se darán en otros sitios pero no con ese punto autóctono. Imágenes tan llenas de contrastes, de contextos y de luces distintas que se mueven de una punta a otra, en un péndulo tan grande como su oscilación térmica en primavera. Sus millones de matices son tantos, como granos de arena de playa y el disco duro ya es que hasta me duele. Hasta los que viven en ella son especiales pariendo momentos únicos aunque no muy lejanos de una Nápoles española.

Escena 1: concebida como si estuviéramos dentro de una película de Fellini. Domingo por la mañana dando un paseo por la calle. Brisa templada en la cara, árboles rojizos y otoñales, gente todavía en manga corta porque aún hace calor. Olor a churros y a tinta de periódico, pero algo desentona en este paisaje: una cola de gente impresionante. Ni en tiempos del estraperlo. Me fijo que es una panadería, ¿otra vez las malditas cartillas de racionamiento?, ¿es la hora feliz de la panadería? –le pregunto a una mujer mayor, despeinada que parece que se ha caído de la cama y lo primero que ha hecho ha sido bajar y ponerse en la fila—No hombre lo que pasa es que ya han traido las tortas de la Virgen ¡ay que alegría!— me contesta con sonrisa beatífica y henchida de fé. Medalla de Fray Leopoldo y gafas de culo de botella. A mi cabeza acuden algunas fotos de Cartier-Bresson de la Francia de los 50.

Escena 2: transcurre en la pasada navidad. Lo siento por hablar tan a toro pasado. Hipermercado venido a menos, marca autóctona, considerado como el más barato de España (hay que racionalizar, son tiempos duros) Volvemos también a otro sketch de panadería con la gente comprando el roscón de reyes. Todo normal. Hasta que se abre una puerta que da a un pequeño almacén y la gente ve los mismos roscones de reyes pero con un envoltorio distinto. Varias marujas y jubilados empiezan a mosquearse y le empiezan a hacer preguntas a las panaderas –oye bonica ¿por qué son esos roscones diferentes? No son diferentes señora, son los mismos pero con otro envoltorio— Pues yo quiero uno de esos no quiero este, grita una mujer despeinada. La turba se amotina y las pobres panaderas tienen que retirar todos los roscones de la vitrina refrigerada y sacar las cajas con los roscones de otro color pero al mismo precio y tamaño. Vergüenza de vida.

Escena 3 : Cualquier lunes por la mañana en la administración de lotería la cola para echar la primitiva, es como si dieran los boletos premiados con un bocata de jamón de regalo. La gente es como una mancha de aceite que sale del edificio. Vista cenital desde la azotea.

Escena 4: De nuevo un domingo cualquiera por la mañana. Quiosquero en habitáculo diminuto. Su codo roza el vaso de café con leche que tiene en una pequeña repisa. Su cabeza va a estallar ante otra maldita cola de domingueros que solo leen el periódico ese día. Cada uno quiere el dvd o la taza o el cuento o el cd o el maldito cuento de Bob Esponja o la maldita camiseta de fútbol o la toalla de fútbol o los calzoncillos de los equipos de la liga de fútbol. Hay 22 diferentes de cinco tallas diferentes. A cada regalo hay que recortarle un cupón o cachito de papel al periódico. Esperemos que no venga el pesao de todas las semanas que quiere los fascículos atrasados de los secretos del mar del comandante Cousteau. El quiosquero tiene ya un pequeño tic en el ojo izquierdo.

Escena 5: Cura de una iglesia de aquí que todos los domingos hace un alto en el sermón y pone carica de pena para pedir más dinero a los feligreses, como si todos los domingos fuese el domund. Violencia desde el púlpito. Imagínense ese pastor dirigirse a su rebaño y mirando al horizonte cuando habla: “…mirad, corren tiempos difíciles para todos…” Siempre recuerdo la escena de ese Robin Hood inenarrable al que daba vida Kevin Costner, en la que tiran a un cura con las manos llenas de riquezas, por la ventana. Por imaginar hasta las mujeres que van a la misa de las una, desde fuera de la iglesia oyen la voz de la multitud que sale del templo gritando como en la huelga del metal: “Manos arriba, esto es un atraco”



En cuanto a las expresiones de aquí son consecuencia de experiencias vitales y momentos de foto finish que producen ronchas y sarpullidos incrustados como piedras preciosas en el imaginario colectivo de la ciudad. El ramillete de ingenio y de dichos curiosos es imposible que se pueda dar en otro sitio. La tierra del chavico, por ejemplo, significa que los granadinos somos agarraos, tacaños y poco generosos. Antiguamente los mendigos decian “anda dame un chavico” haciendo referencia al ochavo o moneda de diez céntimos de las antiguas pesetas.

Otra expresión proverbial que da a entender que no esperemos nada de personas cuyo favor siempre va a ser hipotético y lejano es: “como el que tiene un tio en Graná, ni tiene tío ni tiene ná”. O la malafollá granaina ese producto o estado de ánimo que como los piononos, el jamón de Trevélez o los molletes de Antequera, se exporta mundialmente. Sin embargo, algunos dichos nos redimen y nos sacan del barrizal y del fango en el que nosotros mismos nos metemos: “A quien Dios le quiso bien, en Granada le dio de comer” o el típico: “Dale limosna mujer, etc”. Me dejo muchos olvidados pero el que se lleva la palma, la medalla de oro olímpico, el non plus ultra de los dichos, es aquel que dice: “Cuando yo diga bacín, tú dices presente”.



José Miguel Casado García ©

sábado, 30 de abril de 2011

El maravilloso mundo del lenguaje

Decía Wittgenstein que los límites del lenguaje son los límites del mundo. Del mundo de cada uno, se entiende. A algunas personas les cuesta un trabajo titánico hablar hasta su propio idioma. Su mundo es un pañuelo, así que cuando lo intentan con otra lengua que no es la suya, tenemos una peli de Peter Sellers. No ya esa gente, gurús del surrealismo, que iba a Texas y hablaba spanglish o catalán en su casa a la hora de comer. Hay gente que sufre transformaciones gemelares como Woody Allen en su película Zelig que si estaba junto a un rabino se transformaba en rabino. Hablaba como él, vestía como él y pensaba como él, por arte de birlibirloque y por simpatía. Los desastres lingüísticos que vivimos a lo largo de nuestra corta existencia han sido de carne de psicoanalista. No obstante, el factor geográfico influye mucho ya que por el sur no se habla igual que por el centro o por el norte. Preguntas como ¿dónde está la cámara oculta? son frecuentes. Dentro del muestrario de prodigios encontramos a mi amigo Juan, por ejemplo, que son más de cien kilos de rudo soldador de barriles de cerveza. Cierto día hablando con dos jefazos de la fábrica, se confió, se embaló y se estrelló. De sus labios, rubíes, salió para hacerse el culto, la coletilla “…a su libre almendrío”. Los jefes se miraron. Se señalaron sus propios ojos con los dedos índice y corazón para señalar seguidamente los ojos del amigo Juan. Y se fueron. No te perderemos de vista Juan. Lo juramos.

Ese jefe que cuando se aplasta el dedo con un martillo dice eso de “son gases del oficio”, o el hombre-bricolaje casero buscando una tuerca en una gran caja de tuercas y diciendo, casi inaudible, como un mantra “cada cosilla pa su cosilla”.

Otra joya pagana de las letras españolas, en este caso inglesas, es mi amigo Julián. No hay nada peor que alguien que cree que sabe inglés. Aunque todos hemos tarareado canciones que nos gustan y hemos cantado ai guachinoou, alguna vez. Nadie es perfecto. A algunos políticos les pasa. Pues nada que dice mi colega que estaba viendo por la tele la boda del príncipe Guillermo de Inglaterra y su novia Catalina, sin parpadear. Seguía el acontecimiento moviendo los labios como una persona mayor que oye nuestra historia y se mete en ella tanto que se asustan con nuestros movimientos y suben las cejas mucho con los cambios súbitos del cuento que están oyendo.

En esto que abre mucho los ojos espantado cuando oye al cura que casa a los novios aquello de “…in the name of the Father…” y cuando llegó al Espíritu Santo oyó “the Holy Ghost “. Abrió mucho los ojos y su inglés con catorce palabras del profesor Maurer, se vino abajo. Un momento tío. Ha dicho “sagrado fantasma” lo he oído. Holy Ghost. Tenía que haber dicho Spirit Saint, no?. Pues no. Parece ser que Espíritu Santo en inglés, se dice Sagrado Fantasma. Los ingleses son así, y si no acuérdate de lo del volante del coche a la derecha y lo de conducir por la izquierda. Y Julián se cayó del caballo y vió la luz. Tambaleándose apagó la tele y miró el horizonte a través de la ventana. Cerró los ojos y respiró. Por otro lado tenemos el lenguaje de los gestos. En algunos pueblos hay gente que cuando se cruza por la calle, se saluda levantando al unísono las cejas y haciendo un ruido ininteligible y grave tipo eeeh o aah, este último sonido es una evolución increíble de la palabra hola, todo ello precedido a veces de un chasquido. Por lo general no hay que esforzarse mucho para así crear un protocolo de urbanidad en el que los saludos no lleguen ni a monosílabos. Con el paso del tiempo algunas palabras o expresiones como “es su padre cagao”, para decir que un hijo es exactamente igual que su padre, “mititilla” unidad de medida indefinida pero casi siempre muy pequeña o “lo mimmitico” que significa lo mismo, han causado estragos en mi hemisferio izquierdo.

También está la figura del coche con megafonía y con tantas versiones como personas. Una muestra es ese Renault 12 ranchera empapelado de publicidad que después de invitarte a ir al fútbol y animarte a pasar un domingo soleado viendo un buen partido, todo esto en castellano perfecto, al final dice “…ven al fúrbool”. La figura del chatarrero o el pescadero que te recuerda a Ozores en el Un, Dos, Tres, o al mismísimo Fraga porque no entiendes nada en absoluto y porque todo son stroncios, placurales y labrapurcios, ha hecho mucho daño. Solo se entiende vamo muhere (vamos mujeres). La denostada figura del tapicero que despierta sueños trasnochados en días de fiesta, es la cúspide de una fatídica pirámide de furgonetas tuneadas con llantas de aleación y megafonía. Puede que exista un CD plantilla para todos los tapiceros de España o el tío tiene furgonetas en todos los pueblos o directamente hay que pensar ya en el don de la ubicuidad o la teletransportación tipo Star Trek. Todos los tapiceros suenan igual. La misma voz femenina diciendo que ha llegado a esta ciudad el tapicero. En tu cama desvelado te acuerdas del tapicero y de toda su familia cuando dice que su especialidad son las discotecas. A otras personas les da por tararear una cancioncilla ad aeternum, cuando no están hablando ni haciendo nada. Para ellos el silencio no existe. Creo que la vida familiar de estas personas y el equilibrio psicológico de los que están a su alrededor, se puede resentir. Cuando van al servicio oyes la cancioncilla, cuando fuman, oyes la cancioncilla, cuando están con la boca cerrada, oyes la maldita cancioncilla. Analizando con atención este fenómeno llego a la conclusión de que es una reminiscencia de la infancia. De ese ruido que traen algunos niños incorporado que cuando paran de jugar se les oye un zumbido de abejas o imitando el motor de una moto o como sorbiendo sopa, según que casos. La vida de esos niños tiene un ruido de fondo hasta que son viejos. Es el ruido de un microondas en medio de un paseo dominical. Es una letanía que taladra lo más profundo de tu cerebro.


                                                                                                              José Miguel Casado ©

miércoles, 20 de abril de 2011

La náusea

Cada vez que mi cerebro tiene sed de información y la adquiero leyendo un periódico o bebiendo de esas fuentes de sabiduría que son algunos nuevos canales de televisión o el telediario nuestro de cada día, reniego, no ya del país en el que vivo, sino de la misma naturaleza humana. No veo tanto resquemor, rencor, envidia, soberbia, prepotencia, avaricia, en ningún país de nuestro entorno europeo tan democrático y tan hipócrita, como en el nuestro. Todo ello aderezado con un vacío absoluto de ética profesional, humana, o de educación elemental. Véase el caso, entre otros muchos, de la señora Celia Villalobos, diputada y antes alcaldesa de Málaga que siempre habla en tono coloquial. En definitiva, hay epidemia de estupidez. Los hechos que voy a enumerar son verdades como puños. Y si alguien me habla de demagogia que vea la viga en el ojo de algunos políticos.

En primer lugar, Telefónica dice que va a prejubilar a casi seis mil trabajadores después de ganar más de diez mil millones de euros en 2010. Para más inri piensa repartir unos cuatrocientos cincuenta millones de euros entre mil y pico directivos. Entre los que están Alierta o el yernísimo Alejandro Agag. Parece ser que no llegan a fin de mes los pobrecicos.

El juez Garzón es imputado y apartado de su ejercicio profesional por investigar los crímenes del franquismo gracias a un “sindicato” ultraderechista y a algunos jueces que parece que le tienen un poco de inquina. Algunos países no salen de su asombro porque no podamos investigar los crímenes de cuarenta años de dictadura ni enterrar a los muertos en el cementerio. Con el caso Gurtel, los ladrones pueden inhabilitar al juez, todo ello también gracias a jueces que parece que no les gusta que investiguen muy a fondo a algunos partidos. Algunos de estos jueces son “amiguitos del alma” de algunos vividores imputados de este partido. Lo malo es que la impresión percibida del caso Gurtel es la punta de un iceberg que parece que se puede extender como la peste a demasiados sitios. Paisaje desolador de obscenidad y basura.

Escándalo en Andalucía tras casi treinta años de gobierno de un mismo partido. Lamentable caso de corrupción con los llamados EREs. En algunas empresas colocan listas de jubilados de toda la comunidad andaluza, gente cercana al partido, que nunca ha trabajado en esas empresas y que algunas ya ni existen, para cobrar la jubilación.

El partido que gobierna en Valencia coloca en las listas electorales más de diez personas imputadas en el caso Gurtel. Véase financiación ilegal de este partido.

Parece que vivimos en el único país en el que si no puedes pagar la hipoteca de tu casa, el banco te la quita y tienes que seguir pagando la deuda. Increible pero cierto. ¿Existe algún desatino más grande que este? Los responsables bla, bla, bla y si tienes una pyme no te puedo dar crédito. ¿Quién ha hecho la ley hipotecaria, Alí Babá? ¿Sabemos realmente lo que ganan los bancos en comisiones con lo poco que tenemos en la cuenta corriente?

Los eurodiputados rechazan casi unánimemente viajar en clase turista en los aviones. En primera clase se va mejor y solo son quinientos euros por viaje. Unos dos o tres a la semana. Sin contar dietas, etc. Encima tienen la cara de decir que hay que apretarse el cinturón, bajar sueldos y trabajar más. Los muy hipócritas dicen a toro pasado que ha sido un error y que se abstienen.

El omnipotente y patético Aznar ha hablado. No he visto nunca a un hombre con mayor complejo de culpa sobre sus hombros que este. Se siente culpable porque no puede deshacer lo que hizo designando como su sustituto a un Rajoy que no sabe, no contesta. Aznar tiene también un revotillo de resquemor, soberbia y prepotencia que necesitaría que alguien le bajara los humos. Un tufillo autoritario de extrema derecha que no se puede aguantar. Un no saber perder desde que perdió las elecciones. Por eso no puede ver a Zapatero ni en pintura.

En algún país ya habría sido juzgado por lesa patria. Se cree el rey del mambo por la gracia de Dios y se va a Estados Unidos a rajar de España y a decir que Gadafi es su amigo. Se alegraría que rescatasen a España como ha habido que rescatar a Portugal o a Irlanda. Os perdono la vida. Padre perdónalos porque no saben lo que hacen. La verdad absoluta es mía indiscutiblemente. Dogma de fe. Sartre decía que hace falta un sol doble para alumbrar el fondo de la estupidez humana.

Stéphane Hessel ha escrito un libro llamado “Indignaos” en el que nos invita a través de la creación, a la resistencia, no violenta claro, contra la crisis mundial y contra los poderes establecidos. Una invitación a otro mayo del 68, no por puro romanticismo sino por necesidad. En España, en Europa, la sociedad civil es una sociedad demasiado anestesiada e inmune a los latigazos del poder económico y aquí nadie se indigna. Nadie. Sólo Stéphane Hessel que tiene 94 años y nos dice de nuevo que bajo los adoquines está la playa.





José Miguel Casado García ©

martes, 19 de abril de 2011

Historias de autobús

Mirando por el cristal sucio del autobús o a través de algún anuncio de esos modernos que van pegados a las ventanas, ves a la gente de la calle diferente. Como en una película que empieza y uno mismo le pone las letras del principio. Gente que ves llegar y que ves alejarse. Como si vieras una carrera de muchos futuros que llegan y muchos pasados que se alejan. Ajenos todos mirando escaparates, paseando o sentados en carritos de niños o en terrazas de bar. Te evades. El placer de contemplar la vida desde un autobús o desde cualquier sitio sin interferir, sin decir nada, como un testigo mudo e inmóvil, lo confieso es uno de mis placeres favoritos. Da igual que esto pasara hace cinco años o ayer. El tiempo va a velocidad luz cuando estás viendo tu película favorita. Timbre. El autobús parará pronto para que alguien se baje. Dejo de mirar al exterior y me centro en el interior. Hay personas jóvenes y mayores. Estudiantes, madres con hijos, viejas con el carro de la compra, hombres leyendo el periódico y adolescentes oyendo música. Sentado junto a la ventana vuelvo a mirar hacia fuera. El asiento que hay junto a mí está vacio. Al otro lado del pasillo veo a un hombre muy anciano, delgado y canoso que muy cortés y educado, se levanta y le cede su asiento a una señora con un carrito y un niño pequeño. El hombre se sienta junto a mi y tras unos minutos, me pregunta la hora. Cuando se la digo, veo que lleva reloj y se justifica diciendo que ya no ve como antes y que le han operado de cataratas. Le digo que no se preocupe que yo voy por el mismo camino porque tengo unas cuantas dioptrías. –Sí, pero usted tiene toda la vida por delante –me dice sin perder la cortesía y logrando que lo mire con atención. Veo unos ojos llorosos tras sus gafas de sol. Consecuencia de la enfermedad o de la tristeza, lo ignoro. A partir de aquí el hombre me cuenta su vida a bocajarro.

-Ya no veo como antes. -me dice- Tengo ochenta y cinco años. Me he tirado cincuenta y tantos años de marino y ya no veo como antes. Con lo que mis ojos han visto. Yo le pregunto si había estado en la marina mercante. Me dice que no, que había sido militar e ingeniero, que primero estuvo en el acorazado Bismarck, que tenía doble nacionalidad española y alemana. El hombre me sigue contando con una nostalgia que solamente tiene un hombre de ochenta y cinco años con tres cuartas partes de su vida en el mar, como un viejo capitán Ahab o como un viejo capitán Nemo atrapado en un autobús de Granada.

Estuvo treinta y cinco años en el Juan Sebastián Elcano y se jubiló como capitán de navío. Grado equivalente a coronel. –Gran barco, le dije yo. El hombre asiente con la cabeza, triste y sin decir nada. Después de un breve silencio, traga saliva y me cuenta que tiene un hijo en Estados Unidos que no quiso la nacionalidad española. Lo de “no quiso” es literal. Se hizo americano –prosigue- y que también es marino como él. Me dice que es capitán del Enterprise, escolta del portaaviones George Washington, de la sexta flota y que tiene su base en las islas Hawaii. Consigue abrir mis ojos incrédulos –Nos vemos dos veces al año- dice sombrío y mirando al suelo. Le pregunto qué le parece lo que estaban liando los ingleses con el bicentenario de Trafalgar. Me responde que no le gusta meterse en política y que el almirante Nelson no era para tanto, lo que pasa es que los ingleses le dan mucho bombo. Antes de bajarse en la avenida Cervantes me mira a los ojos y me dice con voz triste que ahora cuida a su mujer enferma. Me lo dice como cuando miramos el horizonte. Como cuando recordamos algo lejano y queremos volver a vivir lo que hemos vivido y le reclamamos a Dios o a quien tenga el puesto de Dios, que no es justo. Que la vida se nos acaba a borbotones y que nos acordamos mucho de ella y del mar. Ese era el recuerdo más precioso de ese hombre.

El autobús llegó a su parada y el capitán de navío se bajó. Nos despedimos y por dentro me alegré de haberle conocido aunque nunca supe su nombre. Le seguí con la mirada hasta que se metió en un portal frío y oscuro tan lejos del mar como sus recuerdos.



José Miguel Casado García ©